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Riesgo de desarrollar demencia: 16 enfermedades que lo aumentan

Identifican 16 patologías periféricas que elevan el riesgo de desarrollar demencia. Un tercio de los casos mundiales estarían relacionados a ellas.

por Federica ContiFederica Conti
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Riesgo de desarrollar demencia y salud bucal

El cuerpo como centinela de la salud mental

El cerebro ya no puede ser visto como un órgano aislado del resto del sistema. Un reciente estudio global ha puesto sobre la mesa una realidad que sacude los cimientos de la medicina preventiva: el riesgo de desarrollar demencia está directamente condicionado por afecciones que ocurren lejos de las neuronas. La investigación, basada en una revisión exhaustiva de más de 200 estudios previos, identificó que un tercio de los diagnósticos de deterioro cognitivo tienen una raíz estadística en 16 enfermedades periféricas. Esto significa que cuidar el hígado, los oídos o incluso las encías es, en esencia, cuidar la memoria de largo plazo.

El estudio, liderado por científicos de la Sun Yat-sen University, pone el foco en 16 patologías que no son neurológicas pero que actúan como «puertas de entrada» al deterioro cognitivo. Según la Organización Mundial de la Salud, ya son más de 55 millones las personas que padecen algún tipo de demencia en el mundo, y la cifra crece a un ritmo de diez millones de casos nuevos por año. Lo alentador de este nuevo enfoque es que, al identificar estos factores, el riesgo de desarrollar demencia se vuelve algo controlable y, en muchos casos, prevenible si se actúa a tiempo sobre el resto del organismo.

Pérdida auditiva y riesgo de desarrollar demencia

No tratar la sordera eleva el riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores.

La boca y el hígado: los culpables menos pensados

Uno de los datos más sorprendentes que arroja la investigación es el peso de la enfermedad periodontal. La salud de las encías, algo que muchos uruguayos suelen postergar, representa la mayor contribución individual al riesgo de desarrollar demencia, aportando un 6,10% a la carga global de la enfermedad. La inflamación crónica que genera una periodontitis no tratada enviaría señales al sistema nervioso que aceleran el desgaste celular. De la misma manera, la cirrosis y otras afecciones crónicas del hígado aparecen en el segundo lugar de la lista, confirmando que un metabolismo intoxicado es tierra fértil para el olvido.

Salud del hígado y riesgo de desarrollar demencia

Enfermedades hepáticas crónicas se asocian al riesgo de desarrollar demencia.

Estos hallazgos subrayan la importancia de una salud integral. Si un paciente controla su diabetes tipo 2 o trata su insuficiencia renal crónica, no solo está cuidando sus órganos vitales, sino que está blindando su futuro cognitivo. El riesgo de desarrollar demencia deja de ser un destino inevitable para convertirse en una variable que depende de la prevención clínica básica. En Uruguay, donde la prevalencia de enfermedades cardiovasculares es alta, prestar atención a la cardiopatía isquémica o a la fibrilación auricular se vuelve un imperativo para llegar a la vejez con la mente clara.

El impacto de los sentidos en la salud mental

Otro pilar fundamental del estudio es la relación entre los sentidos y el cerebro. La pérdida auditiva (presbiacusia) y los problemas graves de visión, como la ceguera, figuran entre los principales factores que disparan el riesgo de desarrollar demencia. La explicación científica radica en el aislamiento sensorial: cuando el cerebro deja de recibir estímulos nítidos del exterior, empieza a «desconectarse» y a atrofiarse más rápido. Tratar una sordera a tiempo con audífonos o corregir cataratas no es una cuestión estética o de comodidad, es una herramienta de rescate para las funciones ejecutivas.

El equipo de investigación analizó variables de todo tipo: edad, sexo y nivel sociodemográfico, utilizando datos del Global Burden of Disease Study. Concluyeron que enfermedades como la artrosis, el asma e incluso la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) también suman granitos de arena a este riesgo de desarrollar demencia. La inflamación sistémica que estas patologías provocan parece ser el hilo conductor que une a todo el cuerpo con el deterioro del pensamiento. La prevención, entonces, ya no es solo una palabra linda en un folleto, sino la única estrategia real para frenar una epidemia silenciosa.

Hacia una nueva estrategia de salud pública

Aunque los científicos son cautos y aclaran que estos resultados muestran una correlación y no necesariamente una causa directa, la evidencia es lo suficientemente robusta como para cambiar la forma en que los médicos atienden a sus pacientes. Si un médico de cabecera en una mutualista de Montevideo detecta una diabetes mal controlada, ahora tiene una razón más para ser estricto con el tratamiento: reducir el riesgo de desarrollar demencia a largo plazo. Este cambio de paradigma permite que el diagnóstico precoz de enfermedades comunes sea la mejor defensa contra el Alzheimer y otras afecciones similares.

La magnitud del impacto es tal que, si lográramos controlar estas 16 enfermedades periféricas, se podrían haber evitado millones de casos de demencia en las últimas décadas. La medicina del futuro ya no mira solo el síntoma, sino la red compleja que somos como seres humanos. El riesgo de desarrollar demencia se combate hoy en el sillón del dentista, en la consulta con el diabetólogo y manteniendo el corazón sano. Es una batalla que se gana día a día, cuidando cada parte de un cuerpo que, al final del camino, es el único sostén de nuestra memoria.

¿Estamos realmente conscientes de que la falta de un control médico hoy podría ser el origen de la pérdida de nuestra identidad mañana?

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