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La factura del populismo según el tándem Milei-Sturzenegger
En una de las piezas de opinión más agresivas y cargadas de datos desde que asumió la presidencia, Javier Milei volvió a poner los puntos sobre las íes respecto a su visión del Estado y la economía. En colaboración con el ministro Federico Sturzenegger, el mandatario publicó una extensa columna titulada “No la dejes ir, no la dejes ir”, donde asegura que el respeto al derecho de propiedad es la frontera que separa a las naciones prósperas de las que caminan hacia la servidumbre. Para Milei, la historia argentina reciente es el relato de un saqueo sistemático disfrazado de política social que ha terminado por asfixiar el potencial productivo del país vecino.
El texto no se queda en la retórica liberal clásica, sino que intenta ponerle números al dolor de cabeza de los inversores. Según los autores, la vulneración constante de este principio fundamental ha generado un «riesgo país» que ellos prefieren rebautizar como «riesgo kuka». El argumento central en cuidar la propiedad privada ha sido pisoteado durante décadas, lo que obligó a Argentina a pagar tasas de interés prohibitivas y, lo que es peor, a ver cómo los capitales escapaban hacia horizontes más seguros, dejando atrás una infraestructura obsoleta y una población empobrecida.
El costo invisible de la inseguridad jurídica
Milei y Sturzenegger plantean una hipótesis que resulta escalofriante para cualquier analista: de haber mantenido una seguridad jurídica razonable, Argentina hoy tendría ingresos similares a los de las potencias europeas. La columna describe al país como un atleta que se quedó congelado en medio de una carrera, mientras el resto del mundo seguía avanzando bajo reglas claras. El defender lo que es de cada uno no es para ellos un tecnicismo legal, sino la base sobre la cual se construye el bienestar, y su ausencia ha sido el principal lastre del desarrollo nacional durante el siglo XX.
Las estimaciones presentadas en el artículo son contundentes. Se calcula que el «fantasma» de las políticas intervencionistas le costó a la economía argentina unos USD 210.000 millones solo en el último período. Esta cifra representa una pérdida de crecimiento que impacta directamente en la creación de empleo y en la capacidad de ahorro de las familias. El mensaje es claro: sin una garantía del derecho de propiedad irrestricto, cualquier intento de recuperación económica será apenas un veranito pasajero antes de la próxima crisis de confianza.
El riesgo país como termómetro de la casta
Para el actual gobierno, el índice de riesgo país es la calificación que el mundo le pone a la moral de un gobierno para cumplir sus contratos. Milei vincula directamente este indicador con la figura de Axel Kicillof y otros referentes de la oposición que han sugerido, en más de una ocasión, que la deuda externa es «impagable» o que los contratos pueden ser revisados según la conveniencia política del momento. Esta visión es la que, según el mandatario, liquida el respeto al derecho de propiedad y espanta a cualquiera que quiera enterrar un dólar en suelo argentino.
En la columna se destaca que, tras el inicio de la gestión libertaria y el compromiso con el déficit cero, el riesgo país comenzó a desinflarse. Esto no es casualidad, aseguran, sino la respuesta del mercado a un gobierno que promete honrar sus deudas incluso a costa de un ajuste fiscal sin precedentes. El reconocimiento constitucional de la propiedad hoy, es el activo más preciado que Milei intenta venderle al mundo, convencido de que si Argentina vuelve a ser un destino confiable, la lluvia de inversiones dejará de ser una metáfora para transformarse en una realidad tangible.
La libertad como única salida del estancamiento
Hacia el cierre de su exposición, los autores insisten en que la libertad económica es la única llave capaz de destrabar el nudo gordiano del estancamiento argentino. El respeto al derecho de propiedad debe ser, de ahora en más, un dogma innegociable para cualquier administración que pretenda sacar al país de la decadencia. Milei y Sturzenegger se muestran optimistas, afirmando que Argentina ha vuelto a ponerse en carrera, pero advierten que la tentación de volver a las recetas del pasado siempre está latente en ciertos sectores de la «casta» política, académica y mediática.
Este cambio de paradigma implica dejar atrás un sistema de privilegios financiados por el sector privado para pasar a un esquema donde el Estado se limita a proteger los derechos individuales. El respeto al derecho de propiedad es, en última instancia, el derecho de cada ciudadano a disfrutar del fruto de su trabajo sin que un burócrata se lo confisque por decreto. Con el característico lema de «Viva la libertad, carajo», Milei cierra una columna que funciona tanto como un diagnóstico del pasado como un manifiesto para el futuro inmediato de la región.
¿Será capaz este compromiso con los contratos de revertir décadas de desconfianza sistémica, o el «riesgo kuka» seguirá pesando en la memoria de los inversores más allá del actual mandato?
