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El fraude de Conexión Ganadera en Uruguay deja pasivo de trescientos millones

El fraude de Conexión Ganadera en Uruguay deja un pasivo de 350 millones de dólares. Apenas se recuperaría el 10% de los ahorros de los inversores.

por Federica ContiFederica Conti
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Pablo Carrasco director de Conexión Ganadera en Uruguay

El campo que no existía y la calesita de la estafa

Lo que sucedió con Conexión Ganadera en Uruguay es, posiblemente, el golpe más duro a la credibilidad del sistema de inversión agropecuaria en la historia reciente del país. Durante años, la firma se vendió como la opción más segura, un refugio para el ahorro que sobrevivía a secas y aftosas mientras sus competidores, como el Grupo Larrarte, caían como fichas de dominó. Sin embargo, detrás de la fachada de «renta fija del 7%» no había vacas ni campos prósperos, sino una maquinaria de captación de dinero diseñada para alimentar un esquema Ponzi de dimensiones industriales.

El relato de la empresa que conecta productores e inversores comenzó a desmoronarse cuando los pagos dejaron de entrar y las evasivas se volvieron la única respuesta de la empresa. El director sobreviviente, Pablo Carrasco —conocido por sus intervenciones mediáticas cargadas de una soberbia que hoy suena a confesión—, tuvo que poner la cara en un streaming que pasó a la historia de la infamia financiera. En esa transmisión, admitió «negligencia» y «omisión», lavándose las manos sobre el manejo financiero que, según él, era exclusividad de su socio fallecido, Gustavo Basso.

Un esquema Ponzi financiado con los sueños de los ahorristas

La realidad técnica que arrojó el contador de la firma fue letal: la empresa no tenía un problema de liquidez, sino de solvencia estructural. En criollo, la plata simplemente no estaba. El negocio ganadero que crece en Uruguay funcionaba pagando los intereses de los viejos inversores con el capital fresco de los nuevos, una «calesita» que solo se mantiene mientras el flujo de entrada es constante. Cuando la desconfianza se instaló tras la caída de otras empresas del rubro, el sistema colapsó, dejando un agujero negro patrimonial que hoy se estima en los 350 millones de dólares.

Esta estructura de engaño en la firma que impulsa el agro nacional afectó a más de 4.000 clientes, muchos de los cuales volcaron allí sus indemnizaciones por despido, sus jubilaciones o los ahorros destinados a la educación de sus hijos. Casos como el de Óscar Spalter, quien defendió a la empresa ante su propia familia basándose en la apariencia de solidez, son el ejemplo vivo del daño emocional y económico causado. Hoy, ese dinero se ha evaporado en una red de sociedades y malos manejos que la justicia intenta desentrañar a paso lento.

Suicidio, cárcel y el contraste de la impunidad en Punta del Este

La tragedia que rodea a Conexión Ganadera tiene ribetes cinematográficos y oscuros. La muerte de Gustavo Basso en un Tesla, inicialmente reportada como un accidente de tránsito contra maquinaria vial, resultó ser un suicidio premeditado. El empresario, respetado en la comunidad católica de Florida, eligió el final trágico antes que enfrentar el descalabro financiero. Mientras tanto, Pablo Carrasco y su esposa, Ana Iewdiukow, esperan juicio en prisión preventiva por estafa y lavado de activos, una situación que para muchos llega tarde.

Sin embargo, el punto que más indigna a los damnificados de la empresa de servicios ganaderos es el destino de Daniela Cabral, viuda de Basso. Imputada por estafa, la justicia le permitió cumplir prisión domiciliaria en un lujoso apartamento de Punta del Este. Este contraste entre la miseria de los estafados y la comodidad de los imputados es un puñetazo en la cara para quienes perdieron todo. Mientras unos no saben cómo llegar a fin de mes, los responsables de la mayor estafa ganadera del siglo disfrutan de las vistas oceánicas bajo un régimen de reclusión que parece más un retiro de descanso.

La imposibilidad de recuperar lo perdido y el vacío legal

Las noticias que llegan desde el ámbito judicial no permiten el optimismo. El fiscal Enrique Rodríguez ha sido tajante: las deudas de Conexión Ganadera en Uruguay son «prácticamente impagables». Tras un año de proceso, la verificación de créditos indica que el pasivo supera largamente los activos recuperables. Se estima que, en el mejor de los casos, los inversores podrían ver de vuelta apenas el 10% de su capital. Es decir, de cada 100 dólares invertidos, con suerte se recuperarán 10, una cifra que apenas alcanza para cubrir los honorarios de los abogados.

Este desastre expone un vacío de control alarmante en el sistema financiero de Uruguay. ¿Cómo es posible que una empresa mueva tal volumen de capital sin una auditoría real de sus existencias ganaderas? Conexión Ganadera en Uruguay operó a la vista de todos, amparada en un prestigio de cartón y en la falta de regulación sobre fondos que escapan al control del Banco Central. El campo uruguayo, ese motor de la economía nacional, fue utilizado como señuelo para un fraude que ha dejado heridas que tardarán décadas en cerrar.

¿Cuántas «calesitas» financieras más están operando hoy en el Uruguay profundo ante la indiferencia de los organismos de control estatal?

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