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Francia endurece su postura y las multinacionales dan la espalda al acuerdo UE-Mercosur

McDonald’s Francia no comprará productos del Mercosur. Se suma al boicot de supermercados contra el acuerdo UE-Mercosur por supuesta competencia desleal.

por Helen CartwrightHelen Cartwright
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Productores franceses contra el acuerdo UE-Mercosur

El proteccionismo francés le gana la pulseada al libre comercio

La noticia cayó como un balde de agua fría en las cancillerías de Montevideo, Brasilia y Buenos Aires. McDonald’s Francia, uno de los mercados más potentes para la cadena a nivel global, anunció formalmente que no tiene previsto incorporar productos provenientes del bloque sudamericano, ignorando las ventajas arancelarias que propone el acuerdo UE-Mercosur. La decisión, comunicada a través del diario Le Figaro, no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena de desplantes que tiene a la soberanía alimentaria francesa como escudo y al lobby agrícola como motor.

Este portazo del gigante de las hamburguesas se suma a la postura de los principales distribuidores galos, como Carrefour y Leclerc, que ya habían adelantado que sus góndolas no recibirán carnes del bloque. Para el tratado comercial con Europa, esto representa un escollo político mayúsculo: de poco sirven los tratados firmados en Bruselas si los principales actores del mercado privado se niegan a comprar la mercadería. La excusa técnica es la supuesta presencia de pesticidas prohibidos en Europa, pero el trasfondo es una lucha encarnizada por evitar que la carne sudamericana, más competitiva en precio, inunde el mercado francés.

El modelo de abastecimiento francés frente al Mercosur

Francia es el cuarto mercado mundial de McDonald’s y el primero en Europa, con más de 1.500 locales distribuidos en todo su territorio. Desde hace décadas, la empresa ha trabajado arduamente para sacarse de encima el estigma de «imperialismo yanqui» a través de contratos de largo plazo con agricultores locales. En su comunicado, la firma aseguró que el trigo, las papas y el pollo utilizados son «100% franceses», un pilar de su estrategia de marketing que ahora choca de frente con el espíritu de apertura del pacto entre Mercosur y la Unión Europea.

Esta estructura de contratos plurianuales con productores locales genera un blindaje que hace casi imposible la entrada de competidores externos. Los productores agropecuarios europeos, especialmente los franceses, denuncian una «competencia desleal» y presionan al gobierno de Emmanuel Macron para que declare al acuerdo UE-Mercosur como una «violación democrática». Mientras tanto, en Uruguay y sus países vecinos, se observa con frustración cómo las barreras paraarancelarias se levantan incluso antes de que el tratado entre en vigencia plena.

La soberanía alimentaria como bandera de guerra

El concepto de «soberanía alimentaria» se ha convertido en el nuevo mantra de los supermercadistas franceses para rechazar el convenio que une a Sudamérica y Europa. No se trata solo de una cuestión de calidad o trazabilidad; es una decisión política de protección a su sector primario. La narrativa francesa sostiene que importar carne de nuestra región implica bajar los estándares ambientales y sanitarios que ellos mismos se imponen, una tesis que los negociadores del bloque sudamericano rechazan tajantemente, calificándola de proteccionismo disfrazado de ecología.

La presión de los agricultores ha sido tan efectiva que ha logrado alinear a los gigantes del retail y del fast food en una misma dirección. El rechazo al acuerdo birregional que genera polémica por parte de McDonald’s es particularmente simbólico, ya que la empresa suele ser la punta de lanza de la globalización. Si incluso ellos deciden replegarse sobre las fronteras nacionales francesas, el mensaje para el resto de los inversores europeos es claro: el mercado francés está cerrado para los productos agrícolas del sur, sin importar lo que digan los documentos firmados en las cumbres diplomáticas.

El impacto en las exportaciones regionales y el futuro del tratado

Para Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina, la noticia es un golpe directo a las expectativas de crecimiento. El acuerdo UE-Mercosur se diseñó precisamente para abrir puertas que hoy parecen estar más cerradas que nunca. La negativa de los grandes compradores franceses reduce significativamente el mercado potencial, obligando a los países exportadores a buscar destinos alternativos o a pelear en los tribunales internacionales por lo que consideran un boicot injustificado.

La aplicación provisional del tratado, una estrategia que buscaba saltear algunos bloqueos parlamentarios, también es vista en París como una afrenta. Mientras el gobierno uruguayo mantiene el objetivo de ratificar el acuerdo UE-Mercosur para sumar presión a los europeos, la realidad comercial en el terreno muestra una resistencia feroz. La pregunta que queda flotando en el aire es si este tratado podrá alguna vez superar la barrera del «terroir» francés o si quedará como un monumento a las buenas intenciones diplomáticas sin impacto real en el comercio de carnes.

¿Es posible hablar de una zona de libre comercio cuando las principales empresas del país receptor deciden, por decreto propio, ignorar el acuerdo UE-Mercosur?

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