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La lupa parlamentaria sobre el viaje a Oriente
El clima político en la capital se caldeó tras conocerse los detalles de la comitiva que acompañará al presidente Yamandú Orsi en su misión oficial. La delegación uruguaya a China, que partirá en las próximas horas, se ha convertido en el centro de una nueva controversia debido a su volumen y a la presencia de actores sociales que, para la oposición, desdibujan el rol del Estado. La senadora nacionalista Graciela Bianchi fue la encargada de liderar los cuestionamientos, poniendo el foco en lo que considera una «desprolijidad» administrativa y política por parte del Poder Ejecutivo.
Para Bianchi, la conformación de la misión oficial uruguaya es una prueba más de lo que ella denomina el «cogobierno» entre la fuerza política en el poder y la central sindical. Según manifestó la legisladora en diálogo con medios locales, la participación del Pit-Cnt en un viaje de carácter oficial y empresarial no tiene precedentes que ella considere aceptables bajo una lógica de independencia de clase. Esta situación motivó que la senadora anunciara un pedido de informes exhaustivo para conocer no solo la cantidad exacta de integrantes, sino también los costos y los criterios de selección.
El pedido de informes y la cantidad de viajeros
La preocupación de la senadora radica en que la representación diplomática de Uruguay en Pekín contaría con aproximadamente 100 personas, una cifra que le resulta «llamativa» y «numerosa». En su análisis, Bianchi sostiene que la inclusión de dirigentes sindicales en una misión donde también participan empresarios y jerarcas públicos contamina el propósito de la visita. «Yo soy muy defensora de los sindicatos, pero mientras sean apolíticos», sentenció la nacionalista, remarcando que el movimiento sindical debería mantenerse al margen de las delegaciones partidarias que responden a un gobierno específico.
Este pedido de informes sobre la comitiva gubernamental uruguaya en visita a China buscará echar luz sobre el financiamiento de los pasajes y viáticos de aquellos integrantes que no forman parte directa de la estructura del Estado uruguayo. La senadora insiste en que el «FAPIT» no es una metáfora, sino una realidad palpable en la organización de este viaje. La agenda en Pekín, que incluye visitas al Museo de Historia del Partido Comunista de China, la Gran Muralla y la Ciudad Prohibida, también ha sido observada con recelo por quienes ven un componente ideológico excesivo en la misión oficial.
La reacción de Sergio Botana y el tono en redes
No solo Bianchi alzó la voz contra las autoridades uruguayas en misión internacional. El senador Sergio Botana también se sumó a las críticas, utilizando un tono irónico y punzante a través de sus canales digitales. Botana sugirió con sarcasmo que los representantes del Pit-Cnt viajarían para «explicar a los gremios chinos» métodos de protesta como las ocupaciones y los paros perlados, deslizando una crítica mordaz al modelo de negociación salarial que defiende la central uruguaya.
Esta postura refleja la tensión que genera la delegación oficial de Uruguay en la República Popular China en un momento donde la austeridad en el gasto público es una demanda recurrente de la ciudadanía. La oposición blanca parece decidida a no dejar pasar lo que consideran un uso político de los recursos del Estado para beneficiar a sectores afines al gobierno. La controversia por la delegación uruguaya a China promete seguir escalando una vez que se respondan los pedidos de informes y se detallen los resultados comerciales obtenidos tras el regreso de Asia.
Un viaje bajo la lupa de la opinión pública
Más allá de los cruces de pasillo en el Palacio Legislativo, la comitiva de Uruguay en Pekín pone sobre la mesa el debate sobre cómo debe presentarse Uruguay ante las potencias mundiales. Mientras el gobierno defiende la amplitud de la comitiva como una forma de mostrar un frente unido entre capital, trabajo y Estado, la oposición ve una estructura elefantiásica y sesgada. Los objetivos comerciales del viaje oficial del gobierno uruguayo son ambiciosos, pero el ruido político generado por su composición amenaza con opacar los posibles acuerdos que se firmen en Pekín.
La sociedad uruguaya asiste a este intercambio con la expectativa de conocer si el viaje realmente redundará en beneficios para la economía nacional o si terminará siendo recordado por la polémica de sus integrantes. Los datos que arroje el pedido de informes sobre la delegación uruguaya a China serán fundamentales para determinar si existió una gestión eficiente de los recursos o si, como afirma Bianchi, se trató de una maniobra desprolija. La política exterior vuelve a ser el escenario de una batalla interna que parece no tener tregua ni siquiera a miles de kilómetros de distancia.
¿Es la inclusión de sindicatos en las misiones oficiales una estrategia de unidad nacional o una desprolijidad que compromete la neutralidad del Estado en el exterior?
