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Los gastos excesivos de UTE en una fiesta millonaria indignan al país

Los gastos excesivos de UTE en una fiesta regional que superan los 637 mil pesos. Denuncian uso de fondos públicos mientras las tarifas suben.

por Marília SoaresMarília Soares
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Gastos excesivos de UTE fiesta regional norte

Hay cosas que simplemente no cierran, por más vueltas técnicas que le quieran dar desde los escritorios de Montevideo. En noviembre de 2024, mientras el uruguayo de a pie hacía malabares para que el recibo de la luz no le devorara el sueldo, la Regional Norte de UTE se despachó con un festejo de gala en el Hotel La Castellana. Los gastos excesivos de UTE destinados a esta celebración no fueron un error de cálculo, sino una decisión política de utilizar dineros públicos para el regocijo de unos pocos privilegiados del ente.

La noticia, que surge a partir de un pedido de informes al amparo de la Ley 18.381, deja al descubierto una cifra que provoca una indignación inmediata en cualquier contribuyente. El evento, realizado el 29 de noviembre, le costó al bolsillo de todos los uruguayos la suma de 637.780 pesos. Es un cachetazo a la realidad de miles de hogares que enfrentan tarifas pesadas, mientras en el norte se brindaba con «cortesías» de catering y amplificación de primer nivel financiada por el Estado.

Desglose de un festejo que ofende al bolsillo

Cuando uno mira el detalle de la factura, el malestar crece exponencialmente. No se trata solo de una reunión de camaradería; estamos hablando de montos que para cualquier familia uruguaya representan años de trabajo. Solo en servicios integrales se fueron 313.500 pesos, a lo que hay que sumar 40.000 de animación y otros 42.500 en sonido. Estos gastos excesivos de UTE demuestran una liviandad preocupante en el manejo de los recursos que salen, una vez más, de la recaudación tarifaria.

La fiesta congregó a 180 asistentes, en su mayoría jerarcas y administrativos de la Gerencia Regional Comercial Norte, Paysandú y áreas de TIC. Sin embargo, cuando se pidió la lista de nombres y apellidos de los beneficiarios de este agasajo público, UTE cerró filas. Amparándose en la Ley de Protección de Datos Personales, resolvieron negar la identidad de quienes estuvieron en el Hotel La Castellana, ocultando tras un velo legal a los protagonistas de este derroche innecesario.

Justificaciones técnicas y el silencio cómplice

Como es costumbre en estos casos, las explicaciones oficiales intentan suavizar lo que es un escándalo a plena luz del día. El ente sostuvo que no se usaron fondos públicos para el alcohol, alegando que las bebidas fueron ofrecidas «a modo de cortesía» por el catering una vez terminado el acto protocolar. Es una explicación que subestima la inteligencia de la ciudadanía; como si el costo del catering no incluyera, de una forma u otra, el servicio completo que se prestó durante la velada.

Lo que resulta más llamativo es el silencio atronador que rodeó a estos hechos durante la administración de Luis Lacalle Pou. Ni los organismos de control ni el sistema político alzaron la voz en aquel momento. Fue necesaria la presión ciudadana y el uso de la ley de acceso a la información para que la verdad saliera a flote. Este episodio vuelve a poner sobre la mesa la existencia de una doble vara: austeridad para el usuario, pero permisividad total cuando se trata de agasajar a la burocracia estatal.

El costo real de los privilegios públicos

No hubo observaciones del Tribunal de Cuentas, dicen desde el ente, como si la legalidad fuera sinónimo de ética. Que un gasto esté registrado contablemente no significa que sea moralmente aceptable en un país que discute cada peso de inversión social. Estos fondos, utilizados para una fiesta de una sola noche, podrían haber tenido destinos mucho más urgentes en una región norte que siempre reclama mayor atención en infraestructura y servicios básicos.

Más allá de los tecnicismos sobre si hubo o no contratación directa, el dato central permanece inamovible y quema en las manos de quien tiene que pagar su factura de luz. Seiscientos treinta y siete mil pesos se esfumaron en una fiesta, mientras el discurso oficial hablaba de ahorro y eficiencia. Es la vieja historia de los recursos que son de todos, pero que terminan sirviendo para el disfrute de una minoría que se siente dueña de los dineros públicos.

¿Cómo podemos pedirle al ciudadano que haga un esfuerzo en su consumo eléctrico cuando ve que su esfuerzo termina financiando la animación y el catering de quienes le cobran la tarifa?

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