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Turbiedad y mal olor afectan la calidad del agua de OSE metropolitana

Vecinos de La Teja, Belvedere y La Paz denuncian fallas en la calidad del agua de OSE. El organismo afirma que el suministro cumple con la normativa.

por Federica ContiFederica Conti
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Calidad del agua de OSE y turbiedad en barrios

Lo que para el directorio de la empresa estatal es un simple «episodio puntual», para el vecino de La Teja que intenta cocinar es una pesadilla de color marrón. La calidad del agua de OSE vuelve a estar en el ojo de la tormenta tras una ola de denuncias que se extendió como reguero de pólvora desde Belvedere hasta la ciudad de La Paz. El panorama se repite: uruguayos que pagan sus facturas puntualmente pero que hoy se ven obligados a salir corriendo al supermercado para comprar agua embotellada porque lo que sale de sus cañerías parece cualquier cosa menos agua potable.

La indignación en los barrios es palpable y no es para menos, ya que el aspecto del suministro desde las primeras horas de la mañana fue, por decir lo menos, inusual. Vecinos relataron a diversos medios que el líquido presentaba una turbiedad extrema, acompañada de un olor y sabor que hacían imposible su consumo humano. Es una situación que golpea directamente el derecho básico al acceso al agua segura, reviviendo fantasmas de crisis pasadas que el ente parece no terminar de exorcizar.

Calidad del agua de OSE en el área metropolitana

Barrios de Montevideo afectados por la baja calidad del agua de OSE

El discurso oficial frente al vaso de agua oscura

Mientras los testimonios de los usuarios hablan de agua «horrible» y «marrón», desde el organismo el discurso es técnico y, para muchos, carente de empatía. En un comunicado oficial, el ente sostuvo que la calidad del agua de OSE se mantiene dentro de los parámetros legales vigentes. Según las autoridades, estas variaciones en el color son el resultado de un «evento climático excepcional» vinculado a la sequía persistente en la zona centro-sur del país, una explicación que ya suena a disco rayado para el ciudadano que ve sedimentos en su pileta.

Gabriel Apolo, gerente del área metropolitana, salió a poner paños fríos asegurando que el problema del sabor ya fue «controlado» mediante muestreos sucesivos. Sin embargo, admitió que todavía se detectan valores elevados en la cuenca que dificultan el tratamiento del color. La defensa de la empresa se apoya en un vacío reglamentario curioso: el «color aparente» no tiene un valor máximo especificado en la normativa uruguaya, lo que le permite al organismo afirmar que cumple con las reglas aunque el agua salga con tono chocolate.

La desconfianza vecinal y el costo de la ineficiencia

La brecha entre los análisis de laboratorio y la realidad del fregadero es enorme y genera una desconfianza lógica en la población afectada. En barrios como Reducto o Belvedere, la gente ya no cree en los comunicados que dicen que «no hay riesgo para la salud» cuando el aspecto visual es repulsivo. Esta crisis de credibilidad sobre la calidad del agua de OSE tiene un impacto económico real en las familias trabajadoras, que deben destinar parte de su presupuesto mensual a la compra de bidones, duplicando el gasto por un servicio que ya pagan en su tarifa mensual.

Es difícil pedirle a una madre que le dé de beber a sus hijos un líquido oscuro basándose únicamente en que «cumple con la normativa». El organismo continúa trabajando para reducir los indicadores de color, pero la respuesta parece ir varios pasos detrás de la urgencia de la gente. La falta de una solución definitiva a los problemas de la cuenca y los picos de turbiedad evidencian una fragilidad en el sistema de tratamiento que, ante cualquier vaivén climático, deja a miles de uruguayos rehenes de un suministro de dudosa procedencia estética y organoléptica.

Un problema estructural que desborda las cañerías

El inconveniente no es solo un caño roto o una maniobra de válvulas; es un síntoma de un sistema que trabaja al límite de sus posibilidades técnicas. Si bien OSE afirma que los parámetros de potabilidad están asegurados, la persistencia de estos episodios en el área metropolitana sugiere que la infraestructura no está preparada para los nuevos desafíos ambientales. La calidad del agua de OSE no debería ser un tema de debate diario en las redes sociales, sino una garantía silenciosa que el Estado uruguayo ofrece a sus ciudadanos sin excusas climáticas de por medio.

A medida que avanzan las horas, los vecinos esperan que el agua recupere su transparencia, pero el daño a la confianza ya está hecho. La gestión de este tipo de crisis requiere más que comunicados fríos y apelaciones a normativas flexibles; requiere inversión real y transparencia absoluta sobre lo que está llegando a las casas. Por ahora, el bidón de plástico sigue siendo el protagonista en las mesas de La Teja y La Paz, mientras el ente sigue analizando valores en una cuenca que parece no dar más de sí.

¿Hasta cuándo los uruguayos tendremos que conformarnos con una normativa que permite que el agua salga marrón de nuestras canillas?

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