Tabla de contenidos
Una filtración que desnuda el pánico en Miraflores
La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero no fue el único movimiento sísmico en la política venezolana; los días posteriores revelaron un escenario de capitulación absoluta bajo coacción. Según informaron fuentes diplomáticas de primera mano aportadas a Uruguay al Día, la estructura de mando remanente del chavismo colapsó ante la amenaza de Trump a Delcy Rodríguez. En un audio de casi dos horas filtrado recientemente, la exvicepresidenta confiesa ante influencers del régimen que la Casa Blanca le otorgó apenas 15 minutos para decidir entre la cooperación total o la «neutralización» física.
El registro sonoro, capturado apenas siete días después de la intervención estadounidense, muestra a una Rodríguez quebrada y obsesionada con la unidad de un movimiento que parece implosionar desde adentro. La narrativa de «resistencia heroica» que el chavismo intentó proyectar durante décadas se desvaneció en un cuarto de hora, tiempo suficiente para que la cúpula comprendiera que el despliegue militar de Washington no admitía matices ni negociaciones prolongadas.
El ultimátum que cambió el destino de Venezuela
Durante el encuentro filtrado, la funcionaria relató que los mensajes de las tropas estadounidenses fueron directos y letales. La amenaza de Trump a Delcy Rodríguez no solo la incluía a ella, sino también a su hermano Jorge Rodríguez y a Diosdado Cabello. De acuerdo con el audio, los efectivos norteamericanos les comunicaron inicialmente que Maduro había sido ejecutado, asegurándoles que los tres estaban «listos para correr la misma suerte» si no se sometían a las demandas de la administración Trump de manera inmediata.
«Las amenazas y el chantaje son constantes, y debemos proceder con paciencia y prudencia estratégica», se escucha decir a la excanciller en la grabación. Sin embargo, lo que ella define como «prudencia» es interpretado por analistas internacionales como una rendición incondicional. La cúpula, lejos de optar por el martirio revolucionario, eligió la supervivencia política y personal, aceptando un diálogo bajo tutela que esta misma semana la llevará a Washington para reunirse cara a cara con el mandatario republicano.
El chavismo residual bajo el ala de Washington
La efectividad de la amenaza de Trump a Delcy Rodríguez ha quedado demostrada en los giros diplomáticos de los últimos días. Lo que queda del gabinete chavista ha pasado de los discursos incendiarios contra el «imperio» a una retórica de conciliación y diplomacia forzada. Freddy Ñáñez, otrora ministro de comunicaciones, intentó blindar la figura de Rodríguez pidiendo terminar con las intrigas internas, presentándola como la «única garantía» para reconfigurar sus fuerzas y, eventualmente, negociar el retorno de Maduro y su esposa, Cilia Flores.
A pesar de estos esfuerzos por mantener las apariencias, la realidad indica que los sobrevivientes de la dictadura están operando bajo un control estrecho de los servicios de inteligencia estadounidenses. La visita de Rodríguez a la capital de Estados Unidos no es vista como un viaje diplomático tradicional, sino como la comparecencia de una figura política que ha entendido que su margen de maniobra se reduce a cumplir los dictados de la Casa Blanca. El objetivo declarado de «preservar el poder político» parece hoy una utopía frente a un proceso de transición que ya no controlan ellos.
Las metas de una cúpula en retirada
En su arenga al grupo de agitadores digitales, Delcy Rodríguez enumeró tres objetivos clave para la etapa actual: preservar la paz, rescatar a los «rehenes» (en referencia a Maduro) y mantener la relevancia política. No obstante, la crudeza de la amenaza de Trump a Delcy Rodríguez deja claro que estos puntos están sujetos a la voluntad de un Washington envalentonado. La fragilidad del movimiento es tal que la propia líder interina reconoció que las amenazas son diarias, lo que obliga al grupo a moverse con una cautela que raya en la parálisis administrativa.
El impacto de estas revelaciones en Uruguay y el resto del continente es profundo. El fin del régimen de Maduro, acelerado por un uso de la fuerza y la coacción que no registra antecedentes cercanos, plantea interrogantes sobre el futuro de las democracias y los autoritarismos en la región. Si la diplomacia de los «15 minutos» se convierte en el estándar, el equilibrio de poder en América Latina sufrirá una transformación radical.
¿Es posible reconstruir un movimiento político nacido de la soberanía cuando sus principales líderes admiten haberse rendido por temor a su propia integridad física?
