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La inmigración en Uruguay cambia con menos venezolanos y un récord de cubanos

El saldo migratorio de venezolanos fue negativo por primera vez en doce años. La inmigración en Uruguay crece ahora impulsada por ciudadanos de Cuba.

por Marília SoaresMarília Soares
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Inmigración en Uruguay venezolanos

El quiebre de una tendencia histórica

Por primera vez desde que se inició el éxodo masivo tras la crisis en el país caribeño, la inmigración en Uruguay registró un saldo negativo en lo que respecta a ciudadanos venezolanos. Según los últimos datos de la Dirección Nacional de Migración, durante el pasado 2025 fueron más los venezolanos que abandonaron el territorio nacional que aquellos que ingresaron. Este fenómeno marca el fin de un ciclo que comenzó en 2013, cuando las llegadas empezaron a crecer de forma exponencial, alcanzando su pico máximo de saldo positivo en 2022 con casi 10.000 personas de diferencia.

Para entender este giro, los analistas y operadores del sector apuntan a factores emocionales y económicos que hoy pesan más que la estabilidad uruguaya. Mariangeles González, coordinadora en una empresa especializada en rutas migratorias, sostiene que la «nostalgia» está jugando un papel determinante en el retorno o la reubicación de estas familias. Si bien la situación política bajo el régimen de Nicolás Maduro sigue siendo crítica, una leve mejora en el abastecimiento de alimentos y medicamentos en Venezuela ha incentivado a muchos a volver a su tierra natal pese a las incertidumbres.

El peso de la añoranza en la inmigración en Uruguay

La vida en el sur no siempre es sencilla, y el costo de vida en Montevideo suele ser un escollo difícil de superar para quienes llegan con lo puesto. Muchos inmigrantes venezolanos que llevan casi una década en el país reconocen que, aunque Uruguay les dio seguridad y trabajo, extrañan el acceso a la vivienda propia y el estilo de vida que tenían antes del colapso de su nación. «En Venezuela la mayoría no pagábamos alquiler y el acceso a vehículos era mucho más sencillo», relata una de las tantas voces que hoy integran las estadísticas de salida.

Esta sensación de impotencia y el deseo de ver a su país libre conviven con la gratitud hacia la sociedad uruguaya, que los recibió con los brazos abiertos durante los años más duros. Sin embargo, el fenómeno de la inmigración en Uruguay está lejos de detenerse, ya que mientras una puerta parece entornarse, otra se abre de par en par. La estructura demográfica del país sigue necesitando de este flujo de personas, pero el origen de quienes eligen el «paisito» para empezar de cero está rotando hacia otras latitudes del Caribe.

El ascenso imparable de la comunidad cubana

Mientras el flujo desde Caracas disminuye, la inmigración en Uruguay se afianza con la llegada récord de ciudadanos cubanos, quienes encuentran en nuestro país un refugio ante las políticas restrictivas de otras potencias. En 2025, el ingreso de personas provenientes de la isla alcanzó niveles históricos, consolidándose como el principal motor del saldo migratorio positivo del país. Este cambio se explica, en parte, por las duras políticas migratorias de Donald Trump en Estados Unidos, que han empujado a muchos cubanos a buscar alternativas más seguras en el cono sur.

Valeria España, jerarca del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), señala que la presencia de fuerzas militares en las fronteras del norte hace que muchos prefieran no arriesgar la vida y opten por la estabilidad legal que ofrece Uruguay. La posibilidad de obtener una residencia de forma relativamente ágil y la protección social existente son imanes potentes para quienes huyen de sistemas opresores. El tiempo de permanencia en el país termina siendo un factor clave, ya que a mayor arraigo, mejores son las posibilidades de inserción laboral y estabilidad económica para estos nuevos ciudadanos.

Desafíos para la protección social y el futuro

El panorama actual de la inmigración en Uruguay presenta retos inéditos para las autoridades locales, que deben adaptar sus servicios de acogida a una población con necesidades cambiantes. La oficina local de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) destaca que Uruguay siempre fue un caso atípico en la región, recibiendo migrantes que a menudo ya habían pasado por otros países sin éxito. Esta «segunda migración» requiere de políticas de protección más finas, especialmente cuando los procesos involucran a familias con niños que buscan integrarse al sistema educativo y sanitario nacional.

La sostenibilidad de este flujo migratorio dependerá de la capacidad de la economía uruguaya para absorber mano de obra calificada y de la voluntad política para mantener fronteras que, aunque controladas, sigan siendo humanas. La historia de nuestro país se sigue escribiendo con acentos caribeños, y aunque hoy la nostalgia devuelva a algunos a sus raíces, el suelo uruguayo sigue siendo tierra fértil para quienes buscan libertad. La transformación de las comunidades locales es un hecho, y el aporte cultural de estos nuevos habitantes ya es parte indisoluble de la identidad charrúa del siglo XXI.

¿Estamos los uruguayos preparados para gestionar una integración a largo plazo que vaya más allá de la asistencia inicial en los refugios?

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