Clientelismo en el campo: la embestida contra Alfredo Fratti y el MGAP por ceses masivos
El ambiente en el Palacio Legislativo se cortaba con un cuchillo este mediodía. La Comisión Permanente recibió al ministro de Ganadería con un clima de hostilidad pocas veces visto en los últimos meses. El eje del conflicto no es otro que la gestión de Alfredo Fratti y el MGAP, señalada por la oposición como una «fábrica de acomodos» tras la destitución de seis directores departamentales en el interior del país. Lo que para el oficialismo parece ser una «renovación necesaria», para figuras como Sebastián Da Silva y Pedro Bordaberry es un retroceso institucional galopante que liquida la meritocracia para favorecer a punteros políticos.
La acusación es pesada y directa: se está barriendo con técnicos que entraron por concurso de oposición y méritos para sentar en esos sillones a «amigotes» del Frente Amplio. Esta maniobra en la órbita de Fratti y el Ministerio de Ganadería genera un ruido bárbaro en el sector agropecuario, donde los directores territoriales son, literalmente, la primera línea de defensa ante catástrofes como incendios o sequías. Que se priorice la lealtad partidaria por sobre la capacidad técnica en un ministerio tan sensible es, para muchos, jugar con fuego en medio de una pradera seca.
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La denuncia de Da Silva contra Alfredo Fratti y el MGAP
El senador nacionalista Sebastián Da Silva no se guardó nada al momento de fundamentar la convocatoria. Según el legislador, la administración anterior había inaugurado una era de transparencia que hoy se ve amenazada por el «dedazo» discrecional. Mucho me temo que el ministro Alfredo Fratti frente al MGAP van a tratar de acomodar amigotes que tienen sin un cargo en el Estado», disparó Da Silva, subrayando que la información que le llega desde el territorio es alarmante. Para el senador blanco, el campo necesita profesionales que sepan de bichería y bretes, no delegados políticos que deban favores de campaña.
El rol de estos directores no es menor, ya que funcionan como los «ojos y oídos» de la cartera en el interior profundo. Estos técnicos ahora cesados por Fratti en la polémica con el MGAP fueron quienes le «conocieron la cara al diablo» durante la sequía histórica de 2022 y 2023. Sacarlos de un plumazo en pleno verano, cuando la falta de agua aprieta en departamentos como San José y Maldonado, es visto por la oposición como un acto de desorden administrativo y falta de sensibilidad hacia el productor que está pasando mal.
Bordaberry se suma a las críticas por la gestión en el MGAP
Por su parte, el senador colorado Pedro Bordaberry fue un paso más allá y vinculó estos movimientos con un manejo ineficiente del gasto público. Para el líder colorado, la gestión de Fratti y el ministerio del campo es el reflejo de un gobierno que «ratificó el gasto anterior y le sumó más», necesitando ahora financiar cargos para su estructura política. Bordaberry denunció con nombre y apellido situaciones que rozan lo escandaloso, como el reemplazo de ingenieros agrónomos por ex candidatos a alcaldes que no tienen las credenciales técnicas para el puesto.
Resulta que ahora van a poner al candidato a alcalde del Frente Amplio de San Carlos como director departamental», sentenció Bordaberry, dejando claro que el clientelismo parece ser la nueva moneda de cambio entre Alfredo Fratti y el MGAP. La preocupación radica en que se está desmantelando una estructura de respuesta rápida que fue vital ante brotes de gripe aviar o emergencias climáticas. La pregunta que queda flotando es qué pasará cuando llegue la próxima crisis y en lugar de un técnico haya un «compañero» que solo sabe de comités de base.
El impacto en el territorio y la incertidumbre técnica
La incertidumbre es total entre los funcionarios que aún permanecen en sus puestos. Según relataron los legisladores, hay técnicos jóvenes «hechos pedazos» psicológicamente tras haber dejado el alma en las crisis pasadas para ahora ser descartados por razones puramente ideológicas. Este manejo de Alfredo Fratti y el MGAP no solo afecta la operatividad, sino que envía un mensaje nefasto a los profesionales del agro: en este ministerio, el título pesa menos que la militancia.
La comparecencia de Fratti ante la Comisión Permanente busca arrojar luz sobre los criterios de estas destituciones, aunque la oposición espera poco más que excusas burocráticas. Si el ministerio entiende que debe renovar cargos, lo lógico sería llamar nuevamente a concurso y no recurrir a las designaciones directas que tanto se criticaron en el pasado. La politización de la «manguera y la garrapata» parece ser el nuevo sello de una gestión que, en lugar de dar soluciones, está generando problemas donde no los había.
¿Es posible mantener una política agropecuaria de Estado cuando los cargos técnicos se transforman en premios consuelo para candidatos derrotados?
