El despertar tardío de la política ante el polémico sistema de multas del Sucive
Parece que el ruido en las redes sociales finalmente perforó las paredes del Palacio Legislativo. Tras el éxito arrollador y la repercusión sin precedentes que tuvo la nota del periodista Gonzalo Sualina en plataformas como YouTube y Facebook, donde medio millón de uruguayos pusieron el grito en el cielo, el sistema de multas del Sucive vuelve a estar en el ojo de la tormenta. Es curioso, por no decir sospechoso, cómo ahora que el tema es tendencia absoluta y la indignación popular desborda los comentarios, tanto los políticos de turno como los grandes medios de comunicación del país deciden, de un momento para otro, «subirse al carro» de un reclamo que ignoraron durante años.
El diputado cabildante Álvaro Perrone es uno de los que ha levantado el perfil en las últimas horas para cuestionar el regreso al pago conjunto de la patente y las sanciones. Sin embargo, cabe preguntarse dónde estaban estas voces cuando el contribuyente promedio se encontraba solo frente a la voracidad recaudatoria. La realidad es que el Sistema de gestión de multas vehiculares ha funcionado como una trampa burocrática que hoy, gracias a la valentía de periodistas independientes que no le deben favores al poder, queda expuesta ante una ciudadanía que ya no se come el verso del ordenamiento vial.
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La reacción parlamentaria ante el sistema de multas del Sucive
Perrone recordó recientemente que en el pasado se había logrado una ley para separar los pagos, un respiro para el bolsillo que el Congreso de Intendentes decidió borrar de un plumazo. Según el legislador, el nuevo esquema que pretende imponer el gobierno a partir de marzo desvirtúa lo aprobado y requiere una discusión institucional urgente. No obstante, esta preocupación parece llegar a remolque de la presión social. El mecanismo de cobro de sanciones de tránsito hoy es visto por una parte inmensa de la población no como una herramienta de seguridad, sino como un peaje obligatorio para poder circular legalmente en un país cada vez más caro.
El legislador de Cabildo Abierto también puso el dedo en la llaga sobre los aforos. Existe una brecha insólita entre los valores que utiliza el sistema de multas del Sucive para tasar los vehículos y los precios reales de mercado, lo que genera una distorsión que perjudica directamente al propietario. Para Perrone, es conceptualmente injusto atar la deuda de una persona a la propiedad de un vehículo, especialmente cuando se intenta vender la unidad y la deuda acumulada hace que el negocio sea inviable. Pero nuevamente: esta injusticia no es nueva, lo que es nuevo es el medio millón de personas mirando con lupa cada movimiento de los gobernantes.
El éxito de Gonzalo Sualina y el silencio de los medios tradicionales
Resulta imperativo recalcar que el verdadero motor de este cambio de discurso no fue la iniciativa legislativa, sino el impacto mediático del periodismo digital. Mientras los informativos centrales se dedicaban a cubrir desfiles de carnaval, la nota de Gonzalo Sualina desnudaba las falencias del registro nacional de infracciones del Sucive con datos que los medios tradicionales prefirieron omitir. Ese «éxito total» en reproducciones fue el que obligó a los políticos a desempolvar sus agendas y salir a dar declaraciones para no quedar fuera de la conversación nacional.
¿Por qué no hablaron antes? Esa es la pregunta que resuena en cada esquina de Montevideo y el interior. La administración de multas de tránsito se ha beneficiado históricamente de un silencio cómplice, roto únicamente cuando la viralidad hace imposible sostener el relato oficial. Ahora, con el Sucive citado para dar explicaciones y los diputados evaluando cambios legislativos, queda claro que el poder solo reacciona cuando se siente observado por una masa crítica que ya no depende de la prensa oficialista para informarse.
En conclusión, el debate que hoy lidera Álvaro Perrone en el Parlamento es, en gran medida, un subproducto de la presión digital. La gente está cansada de ser el cajero automático de las intendencias y el sistema de multas del Sucive es la cara más visible de ese agotamiento. Mientras los políticos buscan rédito en una causa que otros empezaron, el uruguayo de a pie espera soluciones reales y no solo discursos para la tribuna. La transparencia que se exige no es solo sobre los números, sino sobre la voluntad real de cambiar un sistema que parece diseñado para asfixiar al que trabaja.
¿Es legítimo que la política solo reaccione cuando el reclamo popular alcanza cifras de audiencia que ya no pueden ignorar?
