Luces y sombras en el relato oficial de la Huella de Seregni
La gestión de Fernando Pereira al frente del Frente Amplio atraviesa un momento de definiciones que, lejos de despejar el panorama, parecen embarrar la cancha de cara al futuro. En una entrevista con Búsqueda el balance del primer año de gobierno, el ex dirigente sindical ensayó una defensa cerrada de las políticas de Yamandú Orsi, aunque sus palabras dejaron al descubierto las costuras de una coalición que todavía no encuentra su eje. Mientras Pereira intenta instalar la idea de que la izquierda debe «batallar» por nuevos impuestos, la realidad de las promesas electorales le golpea la puerta con insistencia.
Desde que asumió el cargo, la administración de Fernando Pereira ha intentado surfear la ola de un déficit fiscal mayor al esperado, justificando «adecuaciones tributarias» que, para el ciudadano de a pie, huelen sospechosamente a los ajustes que tanto criticaron en el pasado. El discurso de que «el que tiene más paga más» suena bien en el papel, pero en la práctica, la insistencia por gravar al sector productivo amenaza con frenar una reactivación que todavía se siente lejana en los barrios más postergados.
El presidente del Frente Amplio reniega de que la derecha haya impuesto el concepto de que hablar de impuestos es un «pecado capital», pero omite que fue su propio candidato quien juró en campaña no aumentar la presión fiscal. Esta disonancia cognitiva dentro de la conducción de Fernando Pereira genera un ruido innecesario que solo alimenta la desconfianza de los sectores medios, aquellos que terminan pagando los platos rotos de cada «redistribución» mal planificada.
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Tensiones con el PIT-CNT y la base militante
Uno de los puntos más flacos en la gestión de Fernando Pereira es el manejo de las expectativas del movimiento sindical. Aunque el presidente de la fuerza política dice ser «respetuoso» de la autonomía del PIT-CNT, es evidente que el cordón umbilical no se ha cortado. La propuesta de Marcelo Abdala de aplicar un impuesto adicional al 1% más rico ha puesto en una situación incómoda al gobierno, que por ahora mira para otro lado a través del ministro Gabriel Oddone.
La dirección de Fernando Pereira se ve forzada a hacer equilibrio entre el ala más radical que pide cambios de fondo inmediatos y el ala técnica que sabe que no hay margen para aventuras económicas. Esta parálisis por análisis se refleja en el surgimiento de movimientos como «Frenteamplistas Tenemos que Hablar», que cuestionan por fuera de la orgánica lo que consideran una falta de «nervio» izquierdista. Pereira minimiza estas críticas enviando a los compañeros a los comités de base, pero el descontento es un síntoma de una conducción que parece haber perdido el pulso de la calle.
La mirada internacional y el doble discurso
En el plano externo, el Liderazgo de Fernando Pereira ha mostrado una ambigüedad que roza el cinismo. Mientras el gobierno intenta mantener una posición «sobria» bajo la lógica de Naciones Unidas respecto a conflictos como el de Gaza, la fuerza política no ha dudado en usar términos incendiarios. Pero el verdadero talón de Aquiles sigue siendo Venezuela. Pereira defiende que «los venezolanos resuelvan sus problemas», una frase hecha que ignora las sistemáticas violaciones a los derechos humanos del régimen de Maduro.
La incapacidad de la gobernanza de Fernando Pereira para condenar sin peros la captura institucional en el país caribeño o el asedio a los opositores, demuestra que todavía existen deudas ideológicas que pesan más que la vara ética que dicen ostentar. Criticar el secuestro de un presidente mientras se hace la vista gorda con los presos políticos en Caracas es una gimnasia dialéctica que solo convence a los convencidos, dejando al Frente Amplio en un lugar incómodo ante la comunidad internacional.
¿Hacia una reelección de Fernando Pereira?
Pese a los guarismos de aprobación del gobierno, que rondan un magro 35%, Pereira parece estar más preocupado por su propio futuro político dentro de la estructura partidaria. El anuncio de que buscaría la reelección si existen «amplios consensos» suena a una estrategia de supervivencia para evitar el ascenso de figuras más renovadoras. La gestión de Fernando Pereira ha sido efectiva para mantener la unidad en la superficie, pero los problemas de fondo —como la renovación de la Fiscalía de Corte o la creación del Ministerio de Justicia— siguen durmiendo el sueño de los justos.
Resulta curioso que alguien que dice descartar la candidatura presidencial sea el blanco de tantas «obsesiones» por parte de la oposición, según sus propias palabras. Sin embargo, la política no se hace con terapias ni con victimizaciones, sino con resultados tangibles que hoy el uruguayo medio no percibe en su bolsillo. Si la gestión de Fernando Pereira sigue apostando a la «batalla de las ideas» en lugar de gestionar con eficiencia lo que ya tienen, el descontento natural de una izquierda que «siempre pide más» terminará por devorarse a sus propios líderes.
¿Es posible liderar una fuerza política de cambio cuando se está más preocupado por no contradecir el pasado que por construir un futuro creíble para los que no llegan a fin de mes?
