Trump y Machado: una alianza estratégica bajo las reglas de Washington
La política exterior de los Estados Unidos dio un giro de tuerca significativo este fin de semana con un encuentro que promete marcar el ritmo de la transición democrática de Venezuela. El presidente Donald Trump recibió en la intimidad de la Casa Blanca a María Corina Machado, la figura central de la oposición venezolana, en un almuerzo que sirvió para limar asperezas y alinear visiones sobre el futuro del país caribeño. A puertas cerradas, el mandatario republicano dejó en claro que, si bien Machado es una pieza fundamental, el control del cronograma político seguirá centralizado en el Salón Oval.
Este acercamiento se produce en un momento de extrema sensibilidad, donde la Negociación política consensual parece jugarse en una doble banda diplomática que incluye contactos directos con el actual régimen. Trump, que suele leer la historia con pragmatismo, le explicó a Machado su intención de evitar un vacío de poder que derive en un caos similar al de Irak o Afganistán. Por esta razón, el canal abierto por Marco Rubio con Delcy Rodríguez se mantiene activo, buscando que el traspaso de mando sea ordenado y no desemboque en un conflicto civil de escala incontrolable.
La líder opositora llegó a Washington con la necesidad de reafirmar su liderazgo tras los elogios de Trump a la administración interina en Miraflores. Durante el encuentro, Machado pudo exponer su propia hoja de ruta para la Presión internacional con salida pactada, enfatizando que el fraude cometido por la dictadura debe ser revertido con una agenda electoral transparente. La sintonía personal entre ambos parece haber mejorado considerablemente, aunque el pedido de Trump fue tajante: Machado no debe regresar a Caracas hasta que la Casa Blanca dé el visto bueno definitivo.
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La hoja de ruta de la administración republicana
El diseño de las Reformas institucionales graduales es hoy un secreto guardado bajo siete llaves por un grupo selecto de funcionarios leales a Trump. Marco Rubio, JD Vance y Susie Wiles son los únicos que conocen la secuencia completa de este plan que ya logró la captura de Nicolás Maduro y ahora busca institucionalizar el cambio. Para el presidente norteamericano, el diálogo con los sectores que aún sostienen el control operativo en Caracas es un mal necesario para garantizar que las instituciones no colapsen durante el proceso.
Machado escuchó con atención la lógica geopolítica de Trump, quien prefiere negociar con el régimen residual antes que ver el territorio transformado en una «ciénaga». Este enfoque pragmático sobre la Movilización social internaimplica que figuras como Edmundo González Urrutia —quien permaneció en Madrid durante la cita— tengan que esperar su turno bajo las nuevas reglas de juego. La líder opositora aceptó el convite de integrarse a esta estrategia, entendiendo que el respaldo total de los Estados Unidos es la única garantía real de éxito.
La inclusión formal de Machado en la estrategia de Trump le otorga a la dirigente una línea de información directa que antes le llegaba por intermediarios. Al compartir el almuerzo con los pesos pesados del gabinete, la líder opositora validó su rol como la interlocutora política necesaria para el día después. Sin embargo, la transición democrática de Venezuela sigue atada a la capacidad de Washington para domar las resistencias internas del chavismo sin Maduro, una tarea que Rubio coordina minuto a minuto desde el Departamento de Estado.
El factor Delcy Rodríguez y el equilibrio de poder
Inesperadamente, el nombre de Delcy Rodríguez se convirtió en un eje pivotante para el Cambio político en Venezuela diseñada por el equipo de Trump. La jefa del régimen en Miraflores parece haber aceptado las condiciones impuestas desde el norte, lo que generó un clima de «calma y prudencia» que Washington valora por encima de cualquier estallido social. Esta decisión de Trump de privilegiar el orden sobre la ruptura total fue lo que Machado cuestionó inicialmente, aunque terminó aceptando la conveniencia de un aterrizaje suave.
La apuesta por una transformación democrática venezolana que no destruya la estructura básica del Estado es la gran diferencia entre este mandato de Trump y los intentos anteriores. El presidente recordó amargamente las experiencias en Medio Oriente, donde el despido masivo de fuerzas de seguridad solo alimentó la insurgencia. En el caso venezolano, se busca una purga selectiva que permita que la policía y los cuadros técnicos sigan operativos mientras se redefine el mando político bajo la mirada de la Casa Blanca.
Machado ratificó su voluntad de presentarse como candidata presidencial una vez que se defina la agenda electoral, un punto que Trump no rechazó pero que dejó para una etapa posterior. Por ahora, la prioridad de la Apertura política venezolana es estabilizar el país y asegurar que el petróleo y la logística regional no sufran interrupciones mayores. La calidez del encuentro fue el sello que necesitaba Machado para seguir siendo la cara visible de la esperanza democrática, aunque ahora bajo la estricta tutela republicana.
Perspectivas para el regreso a Caracas
El compromiso de Machado de no regresar a territorio venezolano sin autorización es el dato político más relevante del almuerzo. Esta concesión le permite a Trump manejar los tiempos de la transición democrática de Venezuela sin la presión de un posible arresto de la líder o una movilización popular que fuerce una represión violenta. La seguridad de Machado es una prioridad para el Servicio Secreto, que la custodia en una residencia protegida mientras termina sus reuniones en el Distrito de Columbia.
El futuro de la transición democrática de Venezuela entra ahora en una fase de ejecución silenciosa, donde los resultados se verán más en las oficinas diplomáticas que en las calles. La medalla del Nobel de la Paz que Trump mostró con orgullo durante la charla es un recordatorio de la imagen que el presidente quiere proyectar: la de un pacificador global que soluciona crisis enquistadas con acuerdos de alto nivel. Si este plan llega a buen puerto, Venezuela podría recuperar su senda institucional antes de lo que muchos analistas preveían.
La pregunta que queda flotando en los pasillos de Washington es si el régimen residual cumplirá su parte del trato una vez que sientan que su supervivencia no está garantizada.