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Montevideo a oscuras: impuestos altos, parques abandonados y una gestión que mira para otro lado

La falta de iluminación en el Parque Rodó expone el deterioro del espacio público y reabre el debate sobre prioridades, impuestos y ausencia de gestión en Montevideo.

por Federica ContiFederica Conti
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Sin luz, sin control y sin respuestas: el Parque Rodó de noche.

Montevideo a oscuras: La imagen empezó a circular en redes sociales sin demasiadas explicaciones, pero diciendo mucho más que cualquier comunicado oficial. Una estatua perdida en la negrura del Parque Rodó, rodeada de árboles en penumbras, senderos invisibles y una oscuridad que no es poética ni casual: es abandono. No es una foto artística ni un experimento estético. Es una postal cotidiana de Montevideo en 2026. Y también es una pregunta incómoda: ¿a dónde van nuestros impuestos?

El Parque Rodó no es un rincón olvidado del mapa. Es uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad, transitado por familias, estudiantes, deportistas y turistas. Sin embargo, cuando cae la noche, el parque se transforma en tierra de nadie. Faroles apagados, zonas enteras sin iluminación, veredas rotas, basura acumulada y una sensación de inseguridad que no necesita estadísticas para sentirse en el cuerpo.

La oscuridad no es solo falta de luz. Es falta de gestión.

Mientras estas imágenes recorren WhatsApp, X y Facebook, la Intendencia de Montevideo parece mirar para otro lado. Y el intendente Mario Bergara, lejos de dar respuestas concretas sobre iluminación, limpieza o mantenimiento urbano, parece más concentrado en debates simbólicos y gestos políticos que poco tienen que ver con la vida diaria de los montevideanos.

Porque seamos claros: no se puede gobernar una ciudad desde la consigna permanente.

Resulta difícil de explicar —y más aún de justificar— que en una capital con problemas evidentes de basura, calles detonadas y espacios públicos degradados, la prioridad política pase por discusiones como quitarle o no la llave de la ciudad a Nicolás Maduro. El debate puede ser legítimo en términos ideológicos, pero suena directamente ofensivo cuando el vecino esquiva pozos de noche, camina a oscuras por parques inseguros y paga contribuciones cada vez más caras.

Montevideo no necesita más gestos para la tribuna. Necesita gestión.

La foto del Parque Rodó sin luz no es una excepción: es síntoma. Lo mismo pasa en el Prado, en el Buceo, en el Cerro y en barrios donde la iluminación pública es intermitente o directamente inexistente. Cuando la luz falta, la inseguridad avanza. Y cuando la Intendencia no está, el espacio público se pierde.

¿Quién se hace cargo si pasa algo?
¿Quién responde cuando un vecino se cae por no ver una baldosa rota?
¿Quién explica por qué hay presupuesto para discursos pero no para focos?

La respuesta suele ser el silencio o el manual de excusas: que UTE, que la herencia, que el clima, que la burocracia. Mientras tanto, la ciudad se apaga.

Y no es solo un problema de luces. Es basura que se acumula durante días, contenedores desbordados, veredas intransitables y plazas sin mantenimiento. Montevideo da la sensación de una ciudad cansada, sostenida más por la costumbre de sus vecinos que por la acción de quienes la gobiernan.

Lo más preocupante es la naturalización. Nos estamos acostumbrando a vivir peor. A caminar con el celular como linterna. A evitar parques de noche. A asumir que “Montevideo es así”. No, Montevideo no es así: la están dejando así.

El intendente Bergara llegó al cargo con un discurso técnico, serio, académico. Se esperaba una gestión ordenada, eficiente, menos relato y más ejecución. Hoy, la realidad muestra otra cosa: una Intendencia desconectada del día a día, más pendiente del posicionamiento político que de resolver problemas concretos.

Nadie pide milagros. Se pide lo básico: luz, limpieza, mantenimiento y presencia. Se pide que los impuestos vuelvan en servicios. Se pide que el espacio público sea un lugar de encuentro y no de riesgo.

La imagen del Parque Rodó a oscuras duele porque es real. Porque cualquiera que camine Montevideo de noche sabe que no es exageración. Y porque expone una verdad incómoda: cuando la ideología ocupa el centro, la ciudad queda en segundo plano.

Gobernar Montevideo no es dar señales a Caracas ni ganar aplausos en redes militantes. Gobernar Montevideo es prender las luces, arreglar las calles, levantar la basura y cuidar los parques. Todo lo demás es distracción.

Y mientras nadie haga nada, la ciudad seguirá a oscuras. No solo por falta de electricidad, sino por falta de rumbo.

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