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El robo a plena luz del día en la península
Los precios en Punta del Este ya no son una cuestión de exclusividad; son, lisa y llanamente, un asalto al bolsillo del trabajador. No hay otra forma de calificar lo que está ocurriendo en los comercios, paradores y restaurantes de la zona más codiciada del país. Parece que los comerciantes se pusieron de acuerdo para ver quién despluma más rápido al turista distraído o al uruguayo que intentó hacerse una escapada a la costa. La falta de ética comercial es tan grande que ya ni se calientan en disimular el abuso.
Te cobran un café como si estuvieras en el centro de Manhattan, pero con el servicio de un boliche de mala muerte. Es una vergüenza nacional que las tarifas en Punta del Este sigan subiendo sin ningún tipo de control ni criterio lógico por parte de las autoridades de defensa al consumidor. ¿Cómo se explica que una ensalada y un agua mineral cuesten lo mismo que un menú completo en cualquier capital europea? La respuesta es corta: es la cultura del «hacerse la América» en un mes, castigando al que viene a gastar.
Comercios que asaltan bajo el sol de Maldonado
La desconexión con la realidad productiva y salarial del país es absoluta cuando miramos los valores en Punta del Este. Según datos oficiales, el sobreprecio detectado en la península respecto a Montevideo supera el 6%, pero en la práctica gastronómica ese porcentaje se queda cortísimo. Salir a caminar por la Gorlero o sentarse a mirar el atardecer en un parador se convirtió en una actividad de riesgo para la economía familiar. No te están vendiendo una experiencia de lujo, te están cobrando el derecho a pisar la arena como si fueran dueños de la costa.
Un parador de renombre en la Playa Mansa se anima a cobrar 1.200 pesos por un chivito y 1.900 pesos por un bife ancho. Es un robo a mano armada que cuenta con la complicidad de un sistema que permite el libre albedrío en la remarcación. Lo peor es que estos costos en Punta del Este terminan matando a la gallina de los huevos de oro. El turista regional ya empezó a pasar la voz: en Uruguay te roban. Cuando una merienda para dos cuesta 1.040 pesos, el mensaje es claro: si no sos millonario, no sos bienvenido.
La estafa de la exclusividad y los precios en Punta del Este
El verso de la exclusividad ya no se lo fuma nadie, sobre todo cuando los números de Punta del Este no se reflejan en la calidad. Hay locales que tienen las mesas rotas y te atienden de mala gana, pero igual te clavan un ticket que te deja temblando. Es una estafa organizada donde el valor de productos básicos, como un kilo de lomo a 909 pesos en el súper, se multiplica exponencialmente en la carta de un restaurante. Cobrar 950 pesos por una porción de rabas es una falta de respeto a la inteligencia del consumidor.
Si comparamos los precios que se manejan allá con otros balnearios de la región, el papelón internacional es total. Estamos quedando como un destino carísimo y ordinario en su trato comercial. No se puede defender lo indefendible: cobrar 195 pesos por un espresso o 330 pesos por una simple copa de vino es ser un delincuente de guante blanco. Mientras los jerarcas del Ministerio de Turismo miran para otro lado, la península se va ganando una fama de estafadora que va a costar décadas limpiar.
El desierto que dejan los precios en Punta del Este
La consecuencia de esta avaricia es obvia: el que puede se va a Brasil y el que se queda se siente un gil. Los precios en Punta del Este están logrando que hasta los propios residentes de Maldonado miren con desconfianza cualquier lugar para sentarse. El balneario se está transformando en un parque de diversiones para multimillonarios, mientras el resto de los mortales tiene que andar comparando el precio de la yerba a 179 pesos para no quedar en rojo en una tarde de playa.
Esta política de precios abusivos es la crónica de un aislamiento anunciado para el turismo nacional. Si no hay un baño de realidad y los comerciantes no bajan a la tierra, los precios en Punta del Este van a terminar vaciando el este uruguayo. Ya no basta con decir que «son los costos», porque todos sabemos que la ganancia que están sacando es obscena. Es hora de que el consumidor castigue a los que roban, dejando de entrar a los boliches que se burlan de nuestro esfuerzo diario.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que cuatro vivos nos asalten con los precios en Punta del Este antes de que el balneario termine siendo un pueblo fantasma para el uruguayo de a pie?