La deuda de Venezuela con el sector lechero uruguayo ha pasado de ser un problema comercial a convertirse en un escándalo político que desnuda la falta de rumbo en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). En un giro que solo puede calificarse como un bochorno administrativo, el titular de la cartera, Alfredo Fratti, tuvo que convocar de urgencia a los productores para pedir disculpas por haber dado por «perdido» el dinero que el régimen de Nicolás Maduro le debe a los tamberos nacionales. La marcha atrás, tan necesaria como tardía, deja un gusto amargo en una cuenca lechera que se siente abandonada por su propio gobierno ante una estafa internacional de proporciones.
Lo dicho, dicho está. La ligereza con la que el jerarca se refirió a los más de 30 millones de dólares —que en realidad ascienden a 60 millones por daños y perjuicios— es una muestra de la desconexión total con la realidad productiva.
Es que el compromiso económico de Venezuela no es solo un número frío en una planilla oficial. Representa el sudor de miles de familias que confiaron en negocios avalados por la cercanía ideológica de los gobiernos de turno.
Hoy, esos mismos productores ven cómo el Estado les suelta la mano en el momento de cobrar. Tras el duro comunicado de las gremiales, al Ministerio no le quedó otra opción que admitir que lo expresado por los tamberos era lo correcto y retroceder en su postura derrotista.
El reconocimiento del error sobre la deuda de Venezuela
En la reunión celebrada en la sede ministerial, los representantes del sector, encabezados por figuras de la Agremiación de Tamberos de Canelones, dejaron en claro que las Las cuentas pendientes de Venezuela está judicializada y que no permitirán que el Gobierno la use como moneda de cambio o la archive por conveniencia política. El ministro aceptó finalmente que sus declaraciones fueron un error grave y que la demanda internacional de Conaprole contra el Palacio de Miraflores sigue su curso legítimo. Este reconocimiento de culpabilidad oficial llega luego de que los tamberos recordaran que el negocio original se hizo bajo el paraguas de acuerdos bilaterales que el oficialismo hoy parece querer olvidar convenientemente.
La instancia sirvió también para repasar los detalles de la demanda por 60 millones de dólares, una cifra que contempla el capital original y los perjuicios financieros que el impago sistemático causó en la estructura de costos de los productores uruguayos. Es inaudito que, mientras el sector pelea en tribunales internacionales por la deuda de Venezuela, el ministro encargado de defender sus intereses salga públicamente a bajar los brazos. Esta falta de «buenos oficios» diplomáticos es lo que más dolió en el campo: la sensación de que, para el Ministerio, el dinero de los tamberos es un tema cerrado mientras que para los productores es una cuestión de supervivencia.
Entre los pedidos de perdón y la mirada hacia China
Más allá de las disculpas por la gestión de lo que debe Venezuela, la reunión derivó en las expectativas que el sector tiene puestas en el gigante asiático. Con el viaje del presidente Yamandú Orsi a China en el horizonte cercano, los tamberos buscan que el Ejecutivo muestre la firmeza que le faltó con el régimen caribeño. El mercado chino es visto como la balsa de salvación tras el naufragio que significó el vínculo con Caracas, pero el escepticismo reina: si el Gobierno no es capaz de defender un cobro ya devengado por la plata que debe el país, poco se espera de su capacidad de negociación en nuevas fronteras.
La desprolijidad del MGAP en este asunto ha dejado una herida abierta en la relación con Conaprole. No se trata solo de un malentendido; es la confirmación de que existe una intención de proteger políticamente a ciertos socios regionales a costa del bolsillo del productor nacional. La deuda de Venezuela es el monumento al fracaso de una diplomacia comercial basada en afinidades de comité que terminan costándole caro al Uruguay productivo. La marcha atrás de Fratti es apenas un parche en una gestión que ha perdido la confianza de quienes trabajan la tierra todos los días.
¿Será que el pedido de disculpas por la deuda de Venezuela es una señal de cambio real en el Ministerio o simplemente una maniobra para calmar las aguas antes de que el descontento en el campo se vuelva incontenible?