El mundo del espectáculo internacional se ve sacudido por una investigación periodística que arroja luz sobre el comportamiento privado de una de las figuras más icónicas de la música en español. Las denuncias contra Julio Iglesias por presuntas agresiones sexuales han cobrado estado público a través de un informe detallado publicado por eldiario.es en colaboración con Univision Noticias. Según los testimonios, dos mujeres que se desempeñaron en el servicio interno de sus mansiones en el Caribe aseguran haber sido víctimas de un entorno marcado por el acoso, la humillación y el abuso de poder sistemático.

Quince extrabajadores respaldan el clima de abuso tras las denuncias contra Julio Iglesias.
Los relatos, que se sostienen tras tres años de seguimiento periodístico, ubican los hechos en las residencias del artista en República Dominicana y Bahamas durante el año 2021. En aquel entonces, el cantante tenía 77 años y, según las denunciantes, ejercía un control absoluto sobre la vida de quienes trabajaban para él. Estas nuevas denuncias contra Julio Iglesias describen comportamientos que van desde tocamientos no consentidos e insultos constantes hasta situaciones de violencia física y penetraciones forzadas en un contexto de encierro y vulnerabilidad laboral.
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Testimonios escalofriantes tras las denuncias contra Julio Iglesias
Una de las mujeres, identificada bajo el pseudónimo de Rebeca para preservar su seguridad, relató que era obligada a acudir a la habitación del cantante una vez finalizada su jornada de 16 horas. En su denuncia, describe un escenario de sometimiento donde el artista, presuntamente, la utilizaba «como un objeto». Rebeca afirma haber sufrido bofetadas y vejaciones verbales, además de encuentros sexuales no consentidos que, en ocasiones, contaban con la presencia de otra empleada de mayor jerarquía, lo que añade un componente de complicidad institucionalizada al caso de las acusaciones contra Julio Iglesias.
Por otro lado, una fisioterapeuta que trabajaba para el artista —identificada como Laura— denunció que el acoso no se limitaba al ámbito privado de los dormitorios. Según su testimonio, el cantante le propinaba besos forzados y tocamientos en el pecho en espacios comunes como la playa privada o la piscina de la villa en Punta Cana. Estas acciones, que eran presentadas por el entorno del cantante como «bromas» o comentarios médicos, forman parte central del expediente de las demandas contra el cante, configurando un patrón de conducta intimidatorio y degradante.
El régimen de control en las mansiones del artista
La investigación no solo se centra en las agresiones sexuales, sino que describe un régimen laboral casi feudal. Otros quince extrabajadores consultados coinciden en que la vida en las mansiones estaba regida por normas extremas impuestas por el propio cantante. Los procesos de denuncias exponen que el personal vivía en condiciones de aislamiento, con el uso del teléfono restringido y amenazas constantes de despido si no se cumplían reglas estrictas sobre la alimentación o las relaciones personales entre los empleados.
Muchos de los trabajadores desempeñaban sus tareas sin un contrato escrito, bajo jornadas interminables y con la prohibición de salir de la propiedad durante meses. Esta estructura jerárquica rígida facilitaba, según los testimonios, que el artista utilizara su posición de privilegio para imponer sus deseos. Las denuncias contra Julio Iglesias sugieren que el miedo era la herramienta principal para mantener el silencio, una barrera que finalmente se rompió tras años de investigación y entrevistas que han mantenido una coherencia absoluta a lo largo del tiempo.
El silencio del entorno ante las denuncias contra Julio Iglesias
Hasta el momento, ni el cantante ni su equipo legal han brindado una respuesta oficial a las graves acusaciones. Los intentos de los periodistas por obtener una versión del artista han sido infructuosos, mientras que algunas empleadas que aún forman parte de su círculo cercano han calificado los testimonios de «patrañas». Sin embargo, la acumulación de pruebas y la estabilidad de los relatos de las víctimas le otorgan a estas querellas contra Julio Iglesias una relevancia que trasciende lo mediático para entrar en el terreno de lo penal en jurisdicciones internacionales.
La repercusión en Uruguay y el resto de la región ha sido inmediata, dada la histórica conexión del cantante con el público rioplatense. El caso reabre el debate sobre las dinámicas de poder en el ámbito doméstico de las grandes celebridades y la desprotección de los trabajadores migrantes en paraísos fiscales. Las denuncias contra Julio Iglesias marcan un punto de inflexión en la imagen pública de un hombre que, durante décadas, fue el símbolo del galán romántico, pero que hoy enfrenta sombras que podrían empañar su legado de forma definitiva.
¿Podrá el sistema judicial de República Dominicana o Bahamas procesar estas graves denuncias contra Julio Iglesias a pesar del inmenso poder e influencia que el cantante ostenta en esas regiones?