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La Intendencia de Montevideo se encuentra nuevamente en el ojo de la tormenta tras el paso de un ciclón extratropical que dejó al descubierto las falencias en el mantenimiento del arbolado público. Durante la jornada de este sábado, las ráfagas de viento arrancaron ejemplares de raíz en puntos neurálgicos de la capital, provocando destrozos de magnitud. El episodio más dramático ocurrió en el barrio Prado, donde un árbol de gran porte se desplomó sobre dos vehículos estacionados, apenas segundos después de que una camioneta circulara por el lugar, salvándose de milagro.
Andrés Sosa, uno de los vecinos damnificados, relató con amargura cómo su herramienta de trabajo quedó reducida a chatarra bajo el peso del tronco. La caída, registrada por cámaras de seguridad, muestra la violencia del impacto y la fragilidad de las raíces del ejemplar. Según Sosa, la Intendencia de Montevideo ya tenía conocimiento del riesgo que representaba este árbol, ya que existían gestiones iniciadas por los vecinos hace más de diez años debido a la peligrosa inclinación que presentaba el forestal hacia la calzada.

rabajadores de la Intendencia de Montevideo retiran restos del temporal.
Tabla de contenidos
Diez años de espera por una poda que nunca llegó
La inacción de la Intendencia de Montevideo es el punto que más indignación genera entre los habitantes del Prado. «Por suerte no había nadie», repiten los vecinos como un mantra, conscientes de que la tragedia pudo haber sido humana y no solo material. Sin embargo, la pérdida económica para quienes dependen de sus vehículos es total. El reclamo de una solución rápida a la comuna capitalina se vuelve urgente, dado que no se trata de un accidente imprevisible, sino de un desenlace anunciado por advertencias vecinales sistemáticamente ignoradas por el Departamento de Desarrollo Ambiental.

Vecinos denuncian que la Intendencia de Montevideo no controla el estado de las raíces.
Este panorama de abandono se repitió en el barrio Carrasco, donde otro ejemplar de gran porte cayó junto a una parada de ómnibus sumamente transitada. En este caso, el azar quiso que no hubiera pasajeros esperando el transporte en ese preciso instante, lo que evitó heridos de gravedad. Los testigos aseguran que el desplome fue repentino y que el estado de otros ejemplares cercanos es igualmente preocupante, lo que exige una evaluación inmediata por parte de los técnicos de la Intendencia de Montevideo para evitar nuevos incidentes ante la persistencia de los vientos fuertes.
El ciclón extratropical y la falta de prevención
El fenómeno climático que atraviesa el país ha puesto a prueba la resiliencia de la infraestructura urbana de la capital. La Intendencia de Montevideo ha tenido que desplegar cuadrillas de emergencia para despejar las calles obstruidas, pero la sensación térmica entre la población es de falta de prevención. El monitoreo del arbolado urbano parece ser reactivo y no proactivo, actuando sobre las consecuencias de los temporales en lugar de mitigar los riesgos mediante podas correctivas o el retiro de ejemplares que ya han cumplido su ciclo de vida biológico.
La situación en Pocitos, donde otro árbol cayó sobre dos viviendas, termina de conformar un mapa de incidentes que desborda la capacidad de respuesta inmediata. Los vecinos piden que se realice una inspección técnica de las especies que presentan inclinaciones o signos de podredumbre en sus bases. Para muchos, la Intendencia de Montevideo prioriza otras áreas de gestión mientras descuida la seguridad básica de quienes transitan por veredas que se han vuelto trampas mortales ante la llegada de cualquier frente frío o temporal costero.
Una herramienta de trabajo bajo los escombros
Para Andrés Sosa y otros afectados, la respuesta administrativa de la Intendencia de Montevideo suele ser un laberinto de expedientes que pocas veces termina en una indemnización justa o rápida. La camioneta dañada no es un lujo, sino el sustento diario, y la burocracia comunal no parece contemplar la urgencia de quienes quedan a pie por negligencia estatal. El debate sobre la responsabilidad civil de la Intendencia vuelve a cobrar fuerza: si existían denuncias previas sobre el mal estado del árbol, el organismo debería hacerse cargo de los daños de manera inmediata.
La seguridad en los espacios públicos es una obligación primaria de cualquier administración municipal. Mientras los vientos continúan azotando la costa montevideana, la incertidumbre crece en cada cuadra donde un árbol añoso amaga con ceder. La Intendencia de Montevideo enfrenta ahora el desafío no solo de limpiar las ramas, sino de reconstruir la confianza de una ciudadanía que siente que camina bajo techos de madera podrida que pueden desplomarse en cualquier momento sin previo aviso.
¿Cuántas cámaras de seguridad más tendrán que registrar caídas milagrosas antes de que la Intendencia de Montevideo tome en serio las denuncias de riesgo que los vecinos radican año tras año?
