Policías de Paysandú: dos nombres que hoy resuenan con orgullo en el departamento y en todo el país tras protagonizar un rescate que rozó el milagro. El cabo Andrés Torres y el agente Christian Ávila, efectivos de la Jefatura local, se transformaron en el único escudo entre la vida y la muerte para Santiago Robaina, un pequeño de apenas cuatro años. Lo que comenzó como una tarde de calor y juegos en la piscina, terminó en una pesadilla cuando el niño, aún mojado, tomó un teléfono celular que estaba conectado a la red eléctrica, recibiendo una descarga fulminante que lo dejó sin signos vitales.
La intervención de estos policías de Paysandú se originó tras un llamado desesperado al servicio de emergencias 911 el pasado 27 de diciembre. Al llegar al domicilio, el panorama era desolador: el pequeño no respiraba y el tiempo corría en su contra. Según consignó el diario local El Telégrafo de Paysandú, la decisión de los efectivos fue inmediata; cargaron al menor en el patrullero y emprendieron una carrera frenética hacia el centro asistencial más cercano, mientras el mundo parecía detenerse para la familia del pequeño.
El trayecto vital a cargo de los policías de Paysandú
Durante los minutos que duró el traslado, el cabo Torres y el agente Ávila no se limitaron a conducir a alta velocidad. En el asiento trasero, se pusieron en marcha las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) que terminaron siendo el factor decisivo. Los funcionarios policiales de Paysandú aplicaron sus conocimientos técnicos bajo una presión extrema, logrando que el cuerpo de Santiago comenzara a reaccionar antes de cruzar la puerta de la emergencia hospitalaria. Esa perseverancia en el masaje cardíaco fue lo que permitió que el cerebro del niño no sufriera daños irreversibles por la falta de oxígeno.

«Tenerlo en brazos casi sin vida fue espantoso», confesó Andrés Torres en diálogo con la prensa sanducera. Para estos agentes de Paysandú, el uniforme quedó en segundo plano frente a la humanidad del momento. La formación profesional les dio la herramienta, pero la templanza fue la que permitió que las compresiones mantuvieran el flujo sanguíneo mientras el patrullero esquivaba el tránsito urbano. Una vez en manos de los médicos, el equipo de salud pudo estabilizarlo, confirmando horas más tarde que el niño se encontraba fuera de peligro de forma definitiva.
Un reencuentro cargado de emoción en el Día de Reyes
La historia no terminó con el alta médica en el hospital. La conexión emocional generada entre los efectivos de Paysandú y la familia Robaina derivó en un gesto que conmovió a la comunidad en este inicio de año. El pasado 6 de enero, coincidiendo con la festividad de los Reyes Magos, los efectivos Torres y Ávila decidieron visitar a Santiago en su hogar. No llegaron con las manos vacías; le llevaron un regalo simple, una pelotita, pero cargada de un simbolismo que trasciende lo material: era el festejo por una vida que ellos mismos ayudaron a preservar.
«Verlo con vida emociona mucho», relataron los policías de Paysandú al recordar aquel dramático diciembre. Para el agente Ávila, estas son «las cosas lindas que te da la profesión», un respiro de gratitud en medio de una labor que suele estar marcada por el conflicto y la inseguridad. La imagen de Santiago recuperado, jugando con el regalo de sus salvadores, se volvió viral en las redes sociales, refrescando el vínculo de confianza entre la sociedad civil y la fuerza pública en el interior del país.
El Telégrafo de Paysandú y la relevancia de la formación
La nota proporcionada por El Telégrafo de Paysandú destaca un punto fundamental: la importancia de que todos los efectivos cuenten con capacitación actualizada en primeros auxilios. Este caso demuestra que los policías de Paysandú son muchas veces los primeros respondedores ante accidentes domésticos, llegando incluso antes que las unidades de emergencia médica móvil. La pericia para identificar una parada cardiorrespiratoria producto de una electrocución fue clave para no perder segundos valiosos intentando otras maniobras ineficaces.
Santiago hoy corre y juega como cualquier niño de su edad, ajeno quizás a la magnitud del esfuerzo que realizaron esos dos hombres de azul para traerlo de vuelta. Sus padres, sin embargo, no olvidarán jamás los rostros de quienes no se rindieron cuando el pulso de su hijo parecía haberse apagado para siempre. Los policías de Paysandú involucrados han sido propuestos para un reconocimiento oficial por parte del Ministerio del Interior, aunque para ellos, la mayor recompensa fue esa sonrisa del pequeño Santiago al recibir su juguete de Reyes.
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