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Entrega pactada: cómo la traición de Delcy Rodríguez terminó con el dictador

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Delcy Rodríguez y la comparecencia de Maduro en Nueva York
Repercusiones en Caracas tras la comparecencia de Maduro en Nueva York.
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La caída de Nicolás Maduro no fue un accidente ni un capricho del destino. Fue una maniobra quirúrgica, fría y calculada, nacida en las entrañas mismas del poder central en Caracas. Hoy, con el exmandatario ya en suelo estadounidense, todo apunta a una hipótesis que cobra fuerza en los pasillos de la inteligencia regional: la traición de Delcy Rodríguez. No se trata de una simple sospecha basada en el odio político, sino de una lectura de datos, señales y silencios que hoy gritan mucho más fuerte que cualquier proclama oficialista desde Miraflores.

Maduro no sucumbió únicamente ante el poderío de la Fuerza Delta; cayó porque alguien, con acceso total, decidió abrir la puerta desde adentro. La precisión del ataque sugiere que el comando estadounidense sabía exactamente dónde, con quién y en qué momento se encontraba el líder chavista. Y ese «alguien» con la información privilegiada no fue un espía externo, sino su propia vicepresidenta. La traición de Delcy Rodríguez se perfila como el acto de ambición que logró quebrar la estructura del régimen, algo que ni las sanciones económicas ni las masivas protestas en las calles habían conseguido en años.

El papel de usurpadora tras la traición de Delcy Rodríguez

En la actualidad, Rodríguez intenta presentarse ante la comunidad internacional como la figura de la «transición» o incluso como una presidenta interina, pero el pueblo venezolano sabe que esa legitimidad es nula. La traición de Delcy Rodríguez no representa una ruptura con el modelo criminal, sino más bien una continuidad maquillada. Es el chavismo intentando sobrevivir sin el lastre de Maduro. Cambiar el rostro visible no desmantela la dictadura; simplemente la adapta para intentar perpetuarse en el poder hasta 2030, usurpando un mandato que no le pertenece.

La historia reciente es implacable: a Maduro se le ofrecieron rutas de salida elegantes, amnistías en Turquía y protecciones doradas. Sin embargo, su soberbia le impidió aceptar el retiro, y esa misma torpeza fue aprovechada por quienes ya se veían en la foto del poder sin él. La traición de Delcy Rodríguez es el resultado de una interna feroz donde los herederos se cansaron de esperar y decidieron negociar la cabeza de su jefe a cambio de una supervivencia política que hoy parece colgar de un hilo frente a la presión de Washington.

La estructura que sobrevive a la traición de Delcy Rodríguez

Es fundamental entender que Venezuela no es libre solo porque Maduro esté en Brooklyn. La dictadura es un sistema complejo que no termina con un arresto mediático. Mientras personajes como Diosdado Cabello y Padrino López sigan operando con total impunidad y manejo de las armas, el peligro de un retroceso es inminente. La traición de Delcy Rodríguez puede haber removido a la pieza principal, pero si se permite que ella se consolide en el mando, la entrega de Maduro pasará a ser simplemente una transición eterna que ignora la voluntad popular expresada en las urnas.

El dilema que enfrenta la región es moral y profundamente político. O se completa el camino hacia una democracia real, o se termina consagrando una nueva farsa liderada por quien fuera la mano derecha del dictador. No existen los términos medios en este escenario: las dictaduras no se derrocan a medias. Respetar el mandato de julio de 2024 implica reconocer a Edmundo González Urrutia y a María Corina Machado, quienes han puesto el cuerpo y la inteligencia para desarticular el fraude, a pesar de las amenazas constantes.

El camino hacia la libertad real en Venezuela

María Corina Machado no solo cuenta con el respaldo popular, sino con una legitimidad moral e histórica que la traición de Delcy Rodríguez no puede borrar con discursos de ocasión. El pueblo venezolano no sacrificó tanto para terminar bajo una regencia extranjera ni bajo una dictadura «light» con perfume de mujer. Venezuela debe ser gobernada por los venezolanos, y cualquier intento de Delcy por sostenerse en el cargo es una traición doble: a su antiguo jefe y, lo que es peor, al futuro de millones de ciudadanos que reclaman libertad.

La captura en Fuerte Tiuna abrió una puerta histórica, un portal hacia la reconstrucción de las instituciones que el chavismo destruyó sistemáticamente. Ahora, la pregunta es brutalmente simple pero cargada de urgencia: ¿Se va a cruzar definitivamente hacia la libertad o se va a permitir que la traición de Delcy Rodríguez cierre la puerta con otra farsa política? El país está a solo tres pasos de ser libre, y permitir que la usurpadora maneje los tiempos de la transición sería un error imperdonable que la historia no pasará por alto.

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