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El fútbol de nuestro país no conoce de términos medios, y mucho menos cuando un protagonista decide saltar el muro que divide a los dos grandes. Maximiliano Silvera, quien hasta hace apenas unos días era una de las cartas ofensivas principales de Peñarol, fue presentado oficialmente como nuevo refuerzo de Nacional. El traspaso no solo sacude el mercado de pases por la calidad del jugador de 28 años, sino por las formas y los tiempos en los que se terminó de gestar un movimiento que ya se siente como una traición en la interna carbonera.
La noticia cayó como un balde de agua fría en Los Aromos, especialmente porque el delantero venía de ser titular en la final que el Manya perdió, precisamente, contra el equipo que ahora defenderá. Tras finalizar su contrato y no llegar a un acuerdo para la renovación, el atacante surgido en Cerrito optó por quedarse con la ficha en su poder y negociar directamente con la directiva tricolor. «Maximiliano Silvera es un profesional y tiene derecho a jugar donde quiera, pero los tiempos hacen ruido», disparó Marcelo Rojas, dirigente de Peñarol, reflejando el malestar de la institución.

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La palabra de Maximiliano Silvera en su presentación
En su primera conferencia de prensa vestido de blanco, el jugador no esquivó los bultos y enfrentó los micrófonos con una calma que contrastaba con el incendio mediático. «Maximiliano Silvera siempre se brindó al máximo en los clubes que estuvo, por eso estoy tranquilo», afirmó el futbolista, intentando poner paños fríos a las acusaciones de falta de compromiso. El delantero reconoció que la decisión fue consultada con su familia y que, a pesar de la complejidad que implica pasar al rival de todas las horas, está convencido de que Nacional es el lugar donde quiere estar para potenciar su carrera.
La controversia se alimentó también de las declaraciones de sus ahora excompañeros. Emanuel Gularte Méndez utilizó sus redes sociales para lanzar un dardo cargado de significado: «Jugar en Peñarol no tiene precio: tiene valor». La decepción en el vestuario mirasol es palpable, ya que consideraban a Maximiliano Silvera como una pieza clave para la estructura del equipo en 2026. Sin embargo, el atacante prefirió mirar hacia adelante y enfocarse en lo deportivo, minimizando las críticas que llegan desde la vereda de enfrente.
El debut esperado de Maximiliano Silvera frente a su exequipo
El destino, siempre caprichoso en el deporte rey, quiso que el primer gran desafío de este nuevo ciclo sea contra su pasado inmediato. El próximo 1 de febrero, en el Estadio Centenario, Nacional y Peñarol se verán las caras para definir la Supercopa Uruguaya. Todas las miradas estarán puestas en Maximiliano Silvera, quien pasará de intentar romper el arco tricolor a ser la principal amenaza para la defensa de Diego Aguirre. La morbosidad del encuentro ya agotó las primeras tandas de entradas, con una hinchada carbonera que promete un recibimiento hostil para quien fuera su goleador.
Desde la cúpula de Nacional, el vicepresidente Flavio Perchman intentó normalizar la situación pidiendo que se terminen las «chicanas» y se ponga el foco en lo estrictamente futbolístico. Perchman desmintió que las negociaciones se hubieran iniciado antes de la finalización del campeonato, aunque las sospechas en Peñarol persisten. Para el Bolso, la llegada de Maximiliano Silvera representa un salto de calidad necesario para afrontar la doble competencia, sumándose a los fichajes del argentino Verón Luppi y de Baltasar Barcia en un mercado que viene siendo muy agresivo por parte de la directiva de La Blanqueada.

Los números de Maximiliano Silvera en el equipo aurinegro.
El pasado aurinegro y el futuro de Maximiliano Silvera
Los números de Silvera en el Manya son difíciles de ignorar: 96 partidos disputados, 30 goles y 13 asistencias que ayudaron a conseguir cinco títulos locales en dos años. Ese pasado reciente es el que más duele en el hincha de a pie, que siente que el jugador no tuvo el «periodo de duelo» necesario tras perder la final. Ante la pregunta sobre su simpatía por los colores, Maximiliano Silvera fue esquivo pero contundente: «Todo el mundo sabe del cuadro que soy hincha, no me gusta andarlo diciendo. Esa ambigüedad ha sido interpretada por muchos como una confirmación silenciosa de su sentimiento tricolor.
Ahora, el desafío para el cuerpo técnico de Nacional será insertar al delantero en un esquema que ya viene rodado tras la consagración. La presión será máxima desde el minuto uno, ya que un mal rendimiento inicial podría ser utilizado por los críticos para cuestionar su compromiso. No obstante, quienes conocen a Maximiliano Silvera destacan su capacidad de aislamiento y su enfoque profesional ante la adversidad. El fútbol uruguayo, fiel a su estilo volcánico, ha encontrado en este pase el combustible ideal para alimentar la previa de una temporada que promete ser electrizante.
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