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Una conversación que marcó un giro en la estrategia estadounidense
Trump habló con Maduro durante el último fin de semana, en una comunicación telefónica que, según confirmaron distintas fuentes en Washington, representó uno de los contactos más duros entre ambos. La llamada incluyó la participación del secretario de Estado, Marco Rubio, lo que evidenció que la administración republicana adoptó una posición totalmente alineada en su mirada sobre la crisis venezolana. El mensaje central fue claro: Estados Unidos intensificará sus acciones militares si el régimen no abandona Caracas en un plazo considerado corto y no negociable.
La conversación, según trascendió, dejó de lado cualquier vía diplomática tradicional. No hubo propuestas de mesas de diálogo ni rutas de transición que pudieran dilatar la confrontación. Por el contrario, la advertencia se centró en un endurecimiento inminente de las presiones políticas, financieras y militares que ya se despliegan sobre la estructura del régimen venezolano.
Un mensaje directo sobre la salida de la cúpula chavista
Trump habló con Maduro sin rodeos y dejó establecido que la salida del dirigente venezolano debe realizarse junto a las figuras más influyentes del régimen. Entre los nombres mencionados durante el intercambio se encuentran Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, todos considerados piezas fundamentales en la arquitectura del poder chavista y en las actividades ilícitas que Estados Unidos afirma haber documentado desde hace años.
La administración estadounidense sostiene que estos jerarcas llevan adelante operaciones vinculadas al narcotráfico, contrabando de armas y manejo irregular de recursos petroleros. Según fuentes oficiales, la permanencia de estas figuras en Venezuela representa un obstáculo para cualquier intento serio de transición democrática, motivo por el cual Trump condicionó cualquier movimiento posterior a la salida conjunta de todo el núcleo duro del régimen.
El trasfondo militar detrás de la advertencia
En paralelo a la conversación, la política exterior estadounidense avanzó en un movimiento que no pasó inadvertido: la designación del Cartel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera. Esta decisión permitió a los organismos federales acceder a herramientas jurídicas que habilitan acciones directas contra estructuras, cuentas, bienes y responsables asociados a ese circuito.
El Pentágono, además, consolidó un cerco militar frente a las costas venezolanas. La presencia naval se complementa con acciones coordinadas por el Departamento de Estado y el Tesoro, organismos que trabajan en la identificación de activos financieros y logísticos vinculados al régimen. En este escenario, altos mandos del gobierno estadounidense insistieron en que “nada está descartado”, frase que profundizó el clima de incertidumbre en Caracas.
Operativos previstos entre diciembre y enero
El núcleo de la administración republicana definió un calendario de acciones que se desarrollaría entre principios de diciembre y mediados de enero. Si bien los detalles precisos se mantienen en reserva, ya se sabe que los primeros objetivos están vinculados a la infraestructura financiera y operativa del Cartel de los Soles dentro del territorio venezolano.
Trump, durante una comunicación con militares por el Día de Acción de Gracias, adelantó que el control de rutas terrestres será una prioridad inmediata. El presidente señaló que el traslado de drogas hacia Estados Unidos por mar disminuyó de manera abrupta y advirtió que las operaciones por tierra serán interceptadas con mayor frecuencia y contundencia.
Negociaciones descartadas y mensajes cruzados
En medio de este escenario, surgieron versiones sobre un eventual encuentro entre Trump y Maduro para acordar una transición pactada. Sin embargo, la Casa Blanca descartó rotundamente esa posibilidad, calificando esos rumores como “un invento”. Voceros del gobierno estadounidense recalcaron que no existe margen para reuniones, dado que las decisiones adoptadas apuntan a un desenlace rápido y sin negociaciones dilatorias.
La postura confirmó que la línea interna de la administración republicana cerró definitivamente la puerta a cualquier intento de retomar caminos diplomáticos explorados en otros momentos. El mensaje hacia Caracas es firme y unívoco.
La mirada desde la oposición venezolana
Mientras tanto, figuras de la oposición, entre ellas Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, aguardan que la presión internacional produzca un giro definitivo. Para estos referentes, la combinación de presión militar, sanciones financieras y aislamiento político terminará forzando la salida del régimen, abriendo paso a un proceso que permita instalar un gobierno democrático.
Ambos dirigentes entienden que el llamado entre Trump y Maduro indica un punto de no retorno en la crisis venezolana. Según allegados, la oposición se mantiene en estado de coordinación, lista para ocupar espacios institucionales en caso de que la cúpula chavista abandone el poder de forma abrupta.
En un clima donde convergen presiones externas, fracturas internas y advertencias militares explícitas, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde podrá sostenerse un régimen que enfrenta un cerco internacional cada vez más asfixiante?