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Juan Pueblo paga la cuenta mientras arriba ignoran el aumento del FONASA

El gobierno defiende el cambio metodológico mientras el salario rinde menos. El aumento del FONASA golpea fuerte a los trabajadores y a los pasivos.

por Gonzalo Sualina
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En Uruguay nos gusta creer que somos distintos, que acá las cosas se hacen «a la uruguaya»: con moderación, con equilibrio y con justicia social. Pero cada tanto la realidad nos pega fuerte en la cara y nos recuerda algo muy viejo y conocido: cuando hay que pagar la cuenta, la pagan siempre los mismos. El aumento del FONASA no es un error técnico ni un simple ajuste matemático. Tampoco es una corrección inocente, como intenta instalar el relato oficialista; es, ante todo, una decisión política que busca recursos donde siempre es más fácil encontrarlos.

Como casi todas las decisiones de este tipo, el incremento del FONASA golpea de lleno al trabajador y al jubilado, mientras otros miran desde arriba, bien acomodados en sus estructuras de poder. Nos dijeron que no era un incremento, que se trataba de un «cambio metodológico» y que no debíamos dejarnos llevar por titulares alarmistas. Sin embargo, el bolsillo no entiende de metodologías ni el recibo de sueldo sabe leer decretos prolijos. El jubilado no paga el surtido del mes con tecnicismos: hoy paga más y recibe menos, así de corto y así de claro.

Gestión de mutualistas ante el aumento del FONASA

El aumento del FONASA no se traduce en menores costos para el usuario.

La desaparición del excedente y el derecho al ahorro

Durante años, el sistema funcionó bajo una premisa básica: si te descontaban más de lo que correspondía para cubrir la salud, el Estado te devolvía el excedente. No era un regalo de la administración de turno, era tu plata, fruto de tu esfuerzo mensual. Ahora, con una firma y un relato técnico, ese derecho se achicó o desapareció para miles de uruguayos. El resultado de la suba del FONASA es una retención mayor de dinero que se queda en el sistema, no porque la atención médica haya mejorado, sino porque el Estado necesita tapar agujeros fiscales.

Reclamo social por el aumento del FONASA

El problema de fondo no es solo la salud, sino la necesidad de mantener estructuras de poder que salen carísimas. Ministerios inflados, cargos de confianza que no paran de crecer, asesores y direcciones que se multiplican como conejos. Esos sueldos altos para los amigos del poder no se pagan solos; cuando la cuenta aprieta, no la pagan quienes deciden en los despachos de la Ciudad Vieja, la paga el tipo que labura ocho horas y ve cómo le muerden el salario antes de cobrarlo. El aumento es el combustible para esa maquinaria burocrática.

El caso de las mutualistas y el lucro con plata pública

Nos quieren hacer creer que el sistema está al borde del colapso y que sin el aumento del FONASA las mutualistas fundirían. Es cierto que hay instituciones mal gestionadas y endeudadas hasta el cuello por años de despilfarro, pero no todas están en esa situación. Algunas funcionan muy bien, crecen y se expanden, y aun así le cobran al usuario cada peso por fuera del sistema. Si una mutualista recibe millones de dólares del Estado por sus afiliados, pero el paciente igual debe pagar tickets, órdenes y estudios, el sentido de la «solidaridad» del sistema se pierde por completo.

Un ejemplo claro se ve en el interior del país. El Centro Médico de Salto, por citar un caso concreto, tiene más de 60.000 afiliados que generan una cápita mensual pagada por el Estado. Son decenas de millones de dólares por año de plata pública. Esta institución no está intervenida ni tiene emergencia financiera; de hecho, invierte en tecnología y expansión. Entonces, ante el incremento, cabe preguntarse: ¿para qué sirve el sistema si el usuario paga casi todo igual? Si el Estado recauda más, ¿por qué no bajan los costos de los medicamentos o se eliminan las cuotas mensuales?

Un sistema pensado para sostenerse a sí mismo

La respuesta es incómoda pero evidente: el sistema ya no está pensado para el usuario, sino para sostener su propia estructura y sus zonas intocables. La bronca que se siente en la calle no viene de los diarios, viene de la farmacia y de la ventanilla de la mutualista. El ajuste es visto como una mordida nueva, bien estructurada, que rinde menos devoluciones y exige más sacrificio al que ya está exprimido. El concepto original de solidaridad, donde los que más ganan sostienen la salud universal, parece haber mutado en una obligación solo para algunos.

Este escenario no pide milagros, pide honestidad. Si el Estado gasta de más, hay que explicarlo; si las mutualistas ganan millones y siguen cobrando al usuario, hay que controlarlas. Pero no se puede tratar a la gente de estúpida vendiendo un ajuste como una «corrección técnica. Uruguay no se rompe por discutir estas verdades, se rompe cuando la gente siente que siempre pierde y nadie se hace cargo de los desmanejos. El aumento del FONASA es una señal peligrosa de que el esfuerzo siempre va hacia abajo mientras el poder mira para otro lado.

¿Hasta cuándo podrá el trabajador uruguayo sostener con su salario una estructura de salud que le exige cada vez más y le devuelve cada vez menos?

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