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Asesinato de David Fremd: Antisemitismo y dolor en Paysandú

A diez años del crimen de odio que sacudió a Paysandú, el dolor de la familia y la indignación por un fallo judicial que dejó sabor a nada siguen intactos.

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Asesinato de David Fremd: Antisemitismo y dolor en Paysandú
David Fremd (z"l), el comerciante sanducero cuyo crimen hace una década marcó un antes y un después en la percepción del antisemitismo en Uruguay.
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A diez años de una herida abierta en la sociedad uruguaya

Hay fechas que marcan un antes y un después en la historia de un país. Este 8 de marzo de 2026 se cumple una década exacta del asesinato de David Fremd, un hecho de sangre que nos pegó una cachetada de realidad y nos demostró que el fanatismo también camina por nuestras calles.

Uruguay siempre se golpeó el pecho presumiendo de ser un faro de tolerancia y laicidad en la región. Sin embargo, aquel mediodía en pleno centro de Paysandú, ese mito charrúa se hizo añicos. La intolerancia extrema demostró que no reconoce fronteras.

David Fremd era un comerciante de 54 años, un laburante muy querido y un referente ineludible de la colectividad judía local. Su vida fue arrebatada de la forma más cobarde: por la espalda, a plena luz del día y motivada exclusivamente por una ideología cargada de odio irracional.

El horror en la Avenida España y el mito del «loco suelto»

El atacante, Carlos Omar Peralta, quien se hacía llamar Abdullah Omar tras haberse convertido al islam, no eligió a su víctima al azar. Lo atacó con saña, propinándole múltiples puñaladas y gritando «Allahu Akbar», dejando en claro que se trataba de un crimen de odio premeditado.

En ese momento de terror absoluto, uno de los hijos de la víctima, Gabriel Fremd, no dudó en intervenir para intentar salvar a su padre. Resultó herido en el forcejeo, convirtiéndose trágicamente en víctima, testigo y sobreviviente del peor día de su vida.

Desde el primer minuto, el Comité Central Israelita del Uruguay (CCIU) y diversas organizaciones de derechos humanos alzaron la voz. Calificaron el hecho con las palabras exactas que muchos querían evitar: fue un acto terrorista y una muestra brutal del antisemitismo en Uruguay.

Sin embargo, parte de la sociedad y del sistema prefirió mirar para el costado, intentando instalar la cómoda narrativa del «loco suelto». Reducir este atentado a un simple brote psiquiátrico fue el primer paso hacia una revictimización dolorosa para la comunidad judía en Paysandú.

La indignación por la inimputabilidad en el asesinato de David Fremd

Si el crimen generó estupor, lo que vino después en los tribunales provocó una bronca generalizada. En 2017, la Justicia uruguaya decidió declarar al homicida como inimputable por razones psiquiátricas, ordenando su internación en un centro de salud mental.

Para la familia y para gran parte de la ciudadanía, el fallo tuvo sabor a impunidad judicial. El mensaje que dio el Estado fue peligroso: un individuo puede radicalizarse, planificar un asesinato basado en el odio religioso, ejecutarlo a sangre fría y, al final del día, eludir la cárcel.

El golpe de gracia llegó tiempo después, cuando se conoció que el atacante había sido liberado. Saber que el asesino de tu padre camina libre por la calle es una tortura psicológica que ninguna familia debería soportar en un Estado de Derecho.

Memoria activa frente a la ceguera social

A diez años de aquel fatídico 8 de marzo, los hijos de David, Gabriel y Guillermo, continúan cargando con el dolor de la ausencia. Pero también han transformado ese dolor en un motor incansable para mantener viva la memoria de su padre y advertir sobre los peligros del fanatismo.

El odio no nace de un repollo. Se alimenta de discursos extremistas, de teorías conspirativas que circulan libremente por internet y de la pasividad de una sociedad que cree que «estas cosas acá no pasan».

Hoy, organizaciones de todo el país realizan actos de homenaje. No se trata solo de recordar a un buen hombre al que le robaron la vida, sino de entender que el antisemitismo es una amenaza latente para la democracia y la convivencia pacífica.

  • Educar a las nuevas generaciones en la tolerancia real.

  • Condenar sin medias tintas los discursos de odio en redes sociales.

  • Exigir un sistema judicial que no disfrace el terrorismo de locura.

El compromiso de no olvidar

Uruguay tiene una deuda pendiente con la familia afectada. La convivencia que tanto nos enorgullece como uruguayos requiere de una vigilancia activa. No podemos permitirnos el lujo de ser tibios cuando se trata de defender la vida y la libertad de culto.

Recordar este trágico aniversario es un acto de resistencia contra la amnesia colectiva. Es plantar bandera frente a la intolerancia y abrazar a una comunidad que aportó muchísimo al desarrollo social y cultural de nuestra patria.

Ojalá esta década sirva para reflexionar en serio. Que el dolor se transforme en aprendizaje y que las futuras generaciones estudien el asesinato de David Fremd como el límite que nuestro país cruzó una vez y que juró no volver a cruzar jamás.

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