Montevideo ha dejado de ser la capital uruguaya para convertirse, por obra de la magia cinematográfica, en el epicentro de un colapso social sudamericano. El rodaje de Netflix en Montevideo ha captado la atención de miles de ciudadanos tras la viralización de imágenes que muestran la calle Piedras transformada en un escenario de guerra. Trincheras improvisadas con palés, escombros y una multitud enardecida forman parte de la ambientación de “El futuro es nuestro”, la nueva superproducción que la plataforma de streaming estrenará en 2027.
La serie, basada en la novela The World Jones Made (1956) del célebre autor de ciencia ficción Philip K. Dick, representa un hito para la industria local: es la primera vez que una obra del escritor estadounidense se adapta oficialmente al español. Bajo la dirección de un equipo creativo internacional, la capital uruguaya sirve como lienzo para retratar la coalición “FedSur”, un régimen extremista que gobierna una Sudamérica devastada por el cambio climático y la escasez de alimentos en el año 2047.
El impacto visual de la distopía en Ciudad Vieja
Las redes sociales se encendieron este fin de semana con registros que mostraban una camioneta de alta gama huyendo de una turba violenta en pleno centro histórico. Sin embargo, lo que muchos interpretaron inicialmente como disturbios reales, era en realidad una secuencia de acción coreografiada. Una cámara de cine de gran porte, suspendida sobre el vehículo, confirmó que la calle Piedras se ha convertido en uno de los sets más ambiciosos vistos en el país.
A diferencia del texto original de Dick, esta versión liderada por el showrunner Mateo Gil prescinde de elementos fantásticos como alienígenas para enfocarse en un realismo crudo. La trama sigue a Hugo Crussí, un policía que intenta detener a Jonás Flores, un joven predicador capaz de anticipar el futuro, quien termina convirtiéndose en el líder espiritual de las masas desesperadas.
Un reparto estelar para una historia regional
El rodaje de Netflix en Montevideo cuenta con una presencia de talentos que refuerza la escala del proyecto. El elenco está encabezado por el uruguayo Enzo Vogrincic, quien tras su éxito internacional se pone al frente de esta miniserie de ocho episodios. Lo acompañan figuras de la región como Emiliano Zurita (México), Delfina Chaves (Argentina), Marleyda Soto (Colombia) y Alfredo Castro (Chile), conformando un bloque actoral que busca representar la identidad de la coalición FedSur descrita en el guion.
La producción no se limitará al casco antiguo. El cronograma de filmación, que se extenderá por al menos 27 jornadas, incluye locaciones variadas como el barrio Peñarol, Melilla y el Parque Lecocq. Uno de los puntos neurálgicos será la Plaza Independencia, donde la producción intervendrá el mobiliario permanente con telones de croma verde y escenografía futurista para recrear el centro del poder político de la distopía.
Uruguay como polo audiovisual de exportación
Esta colaboración entre K&S Films y Electric Shepherd Productions —la productora que gestiona el legado de Philip K. Dick— posiciona a Uruguay nuevamente como un destino de primer nivel para grandes plataformas. La producción ejecutiva cuenta con la participación de Isa Dick Hackett, hija del autor, garantizando la fidelidad al espíritu crítico de la obra original, aunque adaptada a las problemáticas actuales de la región.
El despliegue logístico es masivo: cambios en vidrieras, instalación de cartelería de propaganda gubernamental ficticia y un equipo técnico de cientos de personas operando en simultáneo. Para Montevideo, este rodaje no es solo una curiosidad visual, sino una inyección económica y profesional para el sector audiovisual uruguayo, que demuestra estar a la altura de las exigencias técnicas de una multinacional como Netflix. Mientras la calle Piedras vuelve lentamente a la normalidad tras cada jornada, la ciudad guarda en sus rincones la imagen de un futuro que, aunque oscuro en la ficción, brilla para la industria del cine local.