En la Casa Rosada miraron el dato varias veces antes de salir a celebrarlo. El 2,6% de inflación de abril llevó algo de alivio al Gobierno de Javier Milei, aunque puertas adentro nadie se anima todavía a hablar de una victoria definitiva. El objetivo sigue siendo el mismo desde el primer día: bajar los precios de manera sostenida y evitar otro salto que vuelva a golpear el bolsillo.
El Presidente volvió a repetirlo esta semana. “El único dato que trae alivio es cero”, insistió durante una entrevista donde defendió el rumbo económico y apuntó otra vez contra sectores políticos y financieros que, según él, buscan desestabilizar su gestión.
En Balcarce 50 saben que el número de abril sirve para mostrar una desaceleración después de meses muy duros, pero también entienden que la sensación social todavía está lejos de acompañar los indicadores. La inflación bajó, sí, aunque en supermercados, almacenes y ferias muchos productos siguen sintiéndose caros para buena parte de la población.
La pelea política detrás de la inflación
El Gobierno interpreta que parte de la tensión económica también se juega en el terreno político. Milei habló de “ataques especulativos” y vinculó los movimientos recientes del dólar y los mercados a sectores opositores que, según denunció, intentan debilitar el programa económico.
En el oficialismo creen que la discusión ya dejó de ser solamente técnica. Por eso cada dato de inflación, cada movimiento del dólar o cada votación en el Congreso se vive como una batalla política que impacta directamente en el humor social.
Mientras tanto, los despachos del equipo económico mantienen un ritmo frenético. Las reuniones se multiplican y las proyecciones cambian semana a semana. Cerca del Ministerio de Economía reconocen que el desafío ahora no pasa únicamente por bajar la inflación, sino por lograr que la desaceleración empiece a sentirse en la vida cotidiana.
Ahí aparece el problema más incómodo para el Gobierno.
Porque aunque el índice general perdió velocidad, muchas familias todavía sienten que el sueldo corre detrás de los precios. En algunos comercios de barrio ya se nota un cambio de hábito: clientes que comparan más, compran menos cantidad o directamente dejan productos para otra semana.
El impacto en la calle todavía pesa
En una feria de Caballito, un vendedor acomoda frutas mientras mira de reojo a quienes preguntan precios antes de seguir caminando. “La gente viene con la cuenta hecha”, comenta. “Antes se llevaban varias cosas. Ahora compran lo justo”.
La escena se repite en distintos puntos del país. El freno inflacionario genera expectativa, pero todavía no alcanza para cambiar la sensación de incertidumbre que dejó el ajuste de los últimos meses.
El transporte, los servicios y los alimentos continúan ocupando gran parte del ingreso familiar. En los grupos de WhatsApp de vecinos o en las charlas de oficina, la conversación suele girar alrededor de lo mismo: cuánto aumentó algo esta semana y hasta dónde alcanza el dinero.
El Gobierno apuesta a que la estabilidad cambiaria ayude a consolidar la desaceleración. También confía en que la baja de tasas y cierta calma financiera permitan recuperar consumo de forma gradual durante los próximos meses.
Por ahora, sin embargo, el alivio parece más visible en las planillas oficiales que en la rutina diaria de mucha gente.
El desafío de sostener la baja
En el equipo económico repiten que el proceso recién empieza y que todavía quedan meses complejos por delante. La preocupación principal pasa por evitar nuevos shocks externos o movimientos bruscos que vuelvan a presionar sobre los precios.
La suba internacional del petróleo, el comportamiento del dólar y las tensiones políticas internas son factores que el mercado sigue de cerca.
Milei, mientras tanto, intenta mantener el foco en el equilibrio fiscal y en el mensaje de disciplina económica que repite desde la campaña. Cerca del Presidente creen que la desaceleración inflacionaria puede convertirse en el principal activo político del Gobierno si logra sostenerse en el tiempo.
Pero también saben que hay poco margen para errores.
En la Argentina, la relación entre inflación y humor social cambia rápido. Un mes positivo puede traer alivio momentáneo, aunque no garantiza tranquilidad duradera. Mucho menos en un contexto donde los salarios todavía buscan recuperar terreno perdido.
La expectativa ahora está puesta en mayo
El Gobierno espera que mayo vuelva a mostrar una inflación en baja. Algunas consultoras privadas incluso proyectan números cercanos al 2%.
Sin embargo, en la calle predomina la cautela.
En supermercados y comercios, muchos consumidores siguen revisando precios con desconfianza. Otros postergan gastos o ajustan salidas para llegar a fin de mes. La sensación de estabilidad todavía aparece lejana para una parte importante de la población.
Por eso, aunque el 2,6% le dio algo de aire político al Gobierno, el verdadero examen seguirá estando fuera de los despachos oficiales.
En las góndolas. En el transporte. En la billetera diaria de millones de argentinos.