Las autoridades judiciales de Irán informaron este sábado sobre la ejecución de un manifestante que había sido detenido durante las protestas a principios de este año. El hombre, identificado como Erfan Kiani, fue condenado por terrorismo y por supuesta colaboración con el servicio de inteligencia exterior de Israel, conocido como Mossad.
Kiani fue acusado de incitar disturbios en la ciudad de Isfahán, donde, según los cargos presentados, «destruyó e incendió propiedades públicas y privadas, sembró el terror en la ciudad y cometió asesinatos». Esta información fue difundida por la radiotelevisión estatal iraní, IRIB, y la agencia Mizan, que está relacionada con el sistema judicial del país.
El gobierno iraní, que al principio había tolerado las marchas iniciales, consideró que las quejas de la población eran legítimas. Sin embargo, rápidamente cambió su postura y comenzó a reprimir las manifestaciones, las cuales describió como una movilización artificial fomentada por Estados Unidos e Israel en contra de la autoridad de los ayatolás.
Este giro en la respuesta del gobierno resultó en un gran derramamiento de sangre. Fuentes oficiales iraníes han confirmado más de 3.000 muertes en el contexto de las protestas, aunque Estados Unidos sostiene que el número real de víctimas podría ser mucho mayor, llegando a decenas de miles.
En un contexto relacionado, a principios de este mes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió haber enviado armas a los manifestantes iraníes a través de la oposición kurdo-iraní en el oeste de Irán. Sin embargo, el mandatario lamentó que las armas nunca llegaron a su destino, acusando a los opositores de haberse quedado con los cargamentos.
En el oeste de Irán, la Guardia Revolucionaria llevó a cabo una amplia operación en las provincias de Kurdistán y Kermanshah, que resultó en la detención de aproximadamente 200 personas. Según el comunicado de la Guardia, se incautaron varios equipos relacionados con grupos contrarrevolucionarios que, según afirmaron, estaban apoyados por Estados Unidos y el régimen sionista y buscaban preparar un ataque militar desde esa región.
En Kurdistán, más de 80 personas fueron detenidas. Además, se reportó la captura de otros 115 individuos en Kermanshah, donde también se arrestaron a «cuatro espías vinculados al Mossad». Esta información fue nuevamente proporcionada por la Guardia Revolucionaria y recogida por la agencia IRIB.
La situación en Irán continúa siendo tensa, y la represión de las protestas sugiere que el gobierno de los ayatolás responde con firmeza a cualquier desafío a su autoridad. La ejecución de Kiani es un claro mensaje sobre las severas consecuencias que enfrentan aquellos que son percibidos como amenazas al régimen.
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