La dirigencia frenteamplista parece haber encontrado en el suelo europeo el escenario ideal para confesar sus pecados políticos. En un ejercicio de introspección que llega con varios años de retraso, el actual presidente de la coalición de izquierda uruguaya realizó un balance descarnado sobre el accionar de su fuerza política durante la última etapa de sus quince años de administración. Durante su intervención en la Movilización Progresista Global celebrada en Barcelona, el titular de la fuerza de oposición no escatimó en calificativos para describir la soberbia que, según su visión, terminó por dinamitar el vínculo entre el partido y sus bases sociales tradicionales.
El reconocimiento del elitismo según Fernando Pereira
El análisis del dirigente fue tajante: la izquierda uruguaya sufrió una metamorfosis que la alejó de sus raíces. Fernando Pereira sostuvo que los cuadros directivos cayeron en la tentación de hablarle a la ciudadanía desde una supuesta superioridad intelectual, utilizando un lenguaje inaccesible para el trabajador común. Esta «izquierda elitista», como él mismo la definió, priorizó la búsqueda del brillo individual de sus figuras por encima de la tarea fundamental del militante social. Esta desconexión no solo afectó el discurso, sino que alteró la percepción de éxito de las políticas públicas que, al no ser construidas junto a la comunidad, terminaron siendo percibidas como ajenas o impuestas.
El presidente del FA subrayó que cuando una organización política se convence de tener todas las respuestas de antemano, el riesgo no es solo electoral. Según Pereira, en ese proceso se «pierde el alma». El reconocimiento de esta falta de humildad surge como una respuesta a los reclamos recogidos en el territorio, donde la población parece haber castigado esa actitud de autosuficiencia que caracterizó el tramo final del gobierno anterior. El costo de este desvío fue la pérdida de la presidencia en 2019, una derrota que dejó un sentimiento de amargura pero que, paradójicamente, forzó el inicio de un proceso de reconstrucción.
La estrategia del retorno al territorio
Para intentar revertir este escenario de aislamiento, la fuerza política ha puesto todas sus fichas en la iniciativa «FA te escucha. Este programa, que busca restablecer los puentes rotos con la sociedad civil, ha sido presentado por Pereira como la herramienta clave para recuperar la representatividad perdida. Los datos aportados por el dirigente indican que este giro estratégico ha tenido un impacto directo en las encuestas, asegurando que la intención de voto ha experimentado un crecimiento significativo, pasando de un 25% a un 42%. Este repunte es interpretado como una señal de que la ciudadanía está dispuesta a dar una nueva oportunidad si percibe un cambio genuino en la actitud de sus líderes.
Una gira nacional de dos años
El plan de acción no se detiene en las declaraciones realizadas en el exterior. El cronograma anunciado por el dirigente contempla una agenda exhaustiva para los próximos dos años, que incluye el desembarco en más de 300 localidades del interior del país y el contacto directo con unas 2.200 organizaciones sociales. La meta es clara: demostrar que la lección fue aprendida y que la izquierda puede volver a sus orígenes sin las ínfulas de superioridad que la condenaron al llano.
El riesgo de la construcción sin alma
Pereira advirtió que de una caída en las urnas se puede regresar, pero es mucho más difícil recomponer una identidad política si se abandonan las ideas y las «construcciones amorosas» con el pueblo. El desafío para la coalición será traducir estas palabras en acciones concretas que trasciendan la retórica de un foro internacional. La verdadera prueba de este nuevo enfoque de humildad se dará en el barro de la política cotidiana, donde el Frente Amplio deberá demostrar que su interés por escuchar a la gente es estructural y no meramente una táctica para recuperar el poder perdido.
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