La industria del arándano en Argentina atraviesa una crisis profunda que la ha dejado rezagada en el mercado internacional, mientras competidores como Perú avanzan a pasos agigantados. En los últimos quince años, la exportación argentina de este fruto azul ha caído un asombroso 80%, según las cifras reveladas por Alejandro Pannunzio, presidente de la Asociación de Productores de Arándanos (APAMA).
Un declive abrumador
En su pico más alto, Argentina exportaba alrededor de 20 millones de kilos de arándanos frescos. En contraste, 2025 cerró con apenas cuatro millones de kilos vendidos al exterior, una cifra insignificante comparada con los 400 millones que Perú colocó en los mercados internacionales en el mismo período.
Este retroceso no es atribuible únicamente a la competencia externa. Pannunzio señala que los cambios en la legislación laboral desde 2010, junto con problemas en el comercio exterior y la falta de competitividad en las economías regionales, han contribuido a esta debacle en el sector frutícola argentino.
Falta de modernización genética
Otro factor crítico es la obsolescencia genética de las variedades argentinas. Según Pannunzio, la ausencia de una nueva ley de semillas impide el acceso a las variedades más modernas, que son más grandes y resistentes, alineándose mejor con las demandas del mercado global.
Mientras el consumo interno de arándanos sigue siendo bajo, el potencial de crecimiento existe, pero está ligado a la modernización del sector y a la adopción de políticas que mejoren la competitividad y liquidez de los productores.
La carga tributaria ahoga al sector
Para agravar la situación, los productores enfrentan una carga tributaria que asfixia sus márgenes. Una alícuota del 30% en el IVA de la energía eléctrica es un obstáculo que, según algunas propuestas gubernamentales, podría reducirse al 10,5%. Esta medida sería crucial para aliviar las dificultades de liquidez que afectan a los exportadores, quienes generan créditos fiscales que no pueden utilizar ni recuperar fácilmente, poniendo en riesgo su funcionamiento.
Perspectivas y oportunidades
A pesar de los desafíos, Pannunzio mantiene una visión optimista sobre el futuro del arándano argentino. Argumenta que, con mejoras en la competitividad, acceso a nuevas tecnologías y políticas de fomento, el país podría recuperar su posición en el mercado internacional.
En resumen, la industria argentina del arándano enfrenta un momento decisivo. El camino hacia la recuperación implica una serie de reformas estructurales que podrían devolverle su antigua gloria en el competitivo mundo del comercio de frutos del bosque.
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