Javier Ambrossi y Javier Calvo han logrado en pocos años pasar de crear su musical de bajo presupuesto en el vestíbulo de un teatro a tener muchas posibilidades de estar nominados en los próximos premios Óscar. Un fenómeno de esta magnitud solo podía surgir desde dentro.
De teatro alternativo a la escena internacional
Ni en sus mejores sueños, cuando comenzaron con La Llamada como una obra musical alternativa en el Teatro Lara, Javier Calvo y Javier Ambrossi imaginaron alcanzar la posición en la que se encuentran hoy. Sin embargo, solo han necesitado tres series y dos películas para llegar hasta los Óscar, dominar la conversación cinematográfica mundial y demostrar con La bola negra que son más que los herederos de Pedro Almodóvar. Pero el camino no siempre fue sencillo.
Recuerdos de una infancia complicada
Como Ambrossi recordó en el programa El Faro de la Cadena SER, junto a Mara Torres, su vida no siempre estuvo llena de glamour y éxito. De hecho, explica que no recibió bolas blancas desde el inicio, sino todo lo contrario: «Yo siento que me la estamparon [la bola negra] en toda la cara. Siento que sí». Este sentimiento está ligado a su infancia y años escolares.
Los desafíos en su educación
Ambrossi relata: «Siento que yo no nací con ella, y creo que nadie nace con la letra escarlata ni con una bola negra que te den, pero siento que al ir a un colegio del Opus Dei y de solo chicos… pues como niño gay te la dan, y si no la quieres, te la comes con patatas igualmente». Afortunadamente, Ambrossi logró abandonar ese ambiente y se matriculó en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y en Dramaturgia en la RESAD. Allí fue donde las bolas comenzaron a salir blancas.
El Deseo
Descubriendo su verdadera vocación
Escribir le permitió a Ambrossi escapar de sus demonios internos: «Encuentro algo que siento que se me da bien, que es algo que siempre he echado de menos porque siempre era el que no jugaba al fútbol, el maricón que no hacía bien el deporte… siempre he tenido complejos. Esto es un lugar en el que cuando escribo digo: ‘Ostras, sé lo que hago'». A juzgar por los resultados, claramente sabe lo que hace.






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