El monumento a la ineficiencia: 10 años de contaminación del Arroyo Carrasco
Lo que sucede en los límites entre Montevideo y Canelones ya no es solo un problema ambiental; es una falta de respeto al ciudadano que paga sus impuestos y recibe a cambio aire irrespirable. La contaminación del Arroyo Carrasco ha dejado de ser una preocupación técnica para convertirse en un drama cotidiano para miles de vecinos que, desde hace una década, ven cómo los expedientes duermen en los despachos oficiales mientras el arroyo se transforma en una zanja de aguas servidas. El «fuerte olor a podrido» que denuncian los habitantes de la Barra no es una sensación térmica: es el resultado de verter efluentes, agrotóxicos y basura en un curso de agua que, para colmo de males, hoy está prácticamente estancado.
La situación ha llegado a un punto crítico este verano de 2026. Con las altas temperaturas, el desvío de la desembocadura —que ahora corre en paralelo a la costa por más de dos kilómetros— ha generado un tapón natural que impide que el agua fluya hacia el Río de la Plata. Mariela Carulla, de la Asociación de Vecinos de Barra de Carrasco, es tajante: el arroyo es un curso largo y casi todo urbano que recibe de todo. La polución del Arroyo se alimenta de vertidos clandestinos y de un sistema de saneamiento de OSE que, según el propio ente, está trabajando «al límite de su capacidad» debido al explosivo crecimiento edilicio de la zona.
Es indignante que, mientras el mercado inmobiliario vende «calidad de vida» en Parque Miramar y Barra de Carrasco, la realidad sea una desembocadura que se mueve hacia el este, llevándose consigo humedales, playas y la salud de la cuenca. La degradación ambiental ha provocado incluso que varias playas de Montevideo superen los niveles de enterococos permitidos en este inicio de año, demostrando que el problema no se queda en el barro del arroyo, sino que se expande por toda la costa metropolitana.

Vista aérea del lodo y las aguas oscuras producto de la contaminación del Arroyo Carrasco
La coherencia diplomática frente a la contaminación del Arroyo Carrasco
El desfile de autoridades por la zona ha sido constante, pero las soluciones de fondo parecen estar siempre «en etapa de estudio». Se habla de un proyecto técnico avalado por la universidad que corregiría el curso final del arroyo, pero el expediente está dando vueltas desde 2016 en el Ministerio de Ambiente. Leonardo Herou, ahora en la Intendencia de Montevideo tras su paso por Canelones, ha intentado liderar una mesa interinstitucional, pero la realidad es que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Hidrografía y Ambiente siguen sin poner la firma definitiva para que las máquinas empiecen a trabajar.
Por el lado de la Intendencia de Canelones, el discurso oficial apela a la «eutrofización histórica» y a factores meteorológicos. Rodrigo González, director de Gestión Ambiental, admitió que el problema de los olores es recurrente y que se evalúa el vertido de microorganismos o limpieza de vegetación. Sin embargo, para los vecinos, estas son apenas aspirinas para un paciente con gangrena. El deterioro ambiental requiere una obra de ingeniería civil en la desembocadura, no simplemente retirar basurales o entregar contenedores domiciliarios, medidas que, si bien ayudan, no atacan el núcleo de la putrefacción que viene de aguas arriba.
OSE y los «olores residuales» en la cuenca del Carrasco
El papel de OSE en este escenario es, por lo menos, cuestionable. El ente reconoció en comunicados recientes que se percibe olor de agua residual y que sus pozos de bombeo en la zona de Paso Carrasco y Parque Miramar están desbordados. La contaminación del Arroyo Carrasco se ve potenciada por la acumulación de grasas y basura en los colectores, lo que genera vapores nauseabundos que el viento se encarga de repartir por los barrios privados y los asentamientos por igual. Es un sistema que colapsó ante el «boom» de la construcción sin que se previeran las obras de infraestructura necesarias para absorber el caudal de efluentes.

Personal de OSE inspeccionando la contaminación del Arroyo Carrasco.
En agosto de 2025, los vecinos llevaron sus reclamos al Senado. Allí expusieron cómo el arroyo se ha desplazado, devorando dunas y contaminando áreas que antes eran aptas para el baño. La respuesta de los legisladores fue la de siempre: «solicitar el expediente». Mientras tanto, en la Barra de Carrasco, el que llega con su inversión bajo el brazo se encuentra con una realidad que huele mal en todos los sentidos. La contaminación del Arroyo Carrasco es el ejemplo perfecto de cómo el Estado uruguayo puede pasar diez años mirando hacia otro lado mientras un recurso natural se pudre frente a sus narices.
La desidia ha llegado a tal nivel que el proyecto ejecutivo parece un mito urbano. Los vecinos siguen con «expectativa y ansiedad», palabras que esconden un hartazgo que ya no admite más diagnósticos. ¿Cuánto tiempo más piensan las autoridades que la gente puede vivir respirando este desastre ambiental antes de que la indignación pase de las redes sociales a las calles?
