El 3 de enero de 2026, una operación liderada por fuerzas estadounidenses sacudió los cimientos de Venezuela al expulsar a Nicolás Maduro de Caracas. Este acontecimiento, que marcó un antes y un después en la política del país, ha dado lugar a una serie de cambios significativos en solo cuatro meses. Hoy, 3 de mayo, se puede observar un panorama distinto, donde la liberación de prisioneros políticos y una reestructuración del gabinete son solo el inicio de una nueva era.
Un cambio radical en el liderazgo venezolano
Desde la partida de Maduro, Delcy Rodríguez ha asumido un rol protagónico purgando a casi la mitad del gabinete original. Este movimiento interno ha dado paso a la organización de los partidarios de María Corina Machado, quienes, por primera vez en años, se están movilizando públicamente. Este cambio en la dinámica política ha sido recibido con esperanza por muchos, aunque no sin cierto escepticismo debido al pasado de Rodríguez.
El manejo del petróleo bajo custodia estadounidense
Uno de los aspectos más destacados de este nuevo capítulo en Venezuela es la administración de los ingresos petroleros. A diferencia de lo que podría suponerse, Estados Unidos no está apoderándose del petróleo venezolano. En su lugar, el Tesoro estadounidense gestiona las ganancias para asegurar que un país plagado por la corrupción y el colapso del estado de derecho no vuelva a caer en viejas prácticas. Este enfoque de ‘custodia’ ha permitido que el petróleo venezolano vuelva a fluir, aunque bajo estricta supervisión.
Las exenciones otorgadas a cinco grandes petroleras les permiten vender el crudo y quedarse con una parte de las ganancias, mientras que el resto se remite al Tesoro de Estados Unidos. Este proceso, aunque lento y burocrático, ha sido diseñado para evitar que los ingresos petroleros financien actividades ilícitas o represivas, como ocurrió en las últimas dos décadas.
Las implicaciones regionales y el futuro de Venezuela
Para América Latina, el desmoronamiento del chavismo representa el fin de una era de alianzas políticas y flujos de dinero que conectaron a Caracas, La Habana y Buenos Aires. Cuba, en colapso económico, y Nicaragua, estancada en un autoritarismo sin ideología, son testigos del cambio de rumbo en la región. Con Bolivia alejándose del MAS y Venezuela en una transición supervisada, el paisaje político del Cono Sur se está redefiniendo.
Sin embargo, el futuro de Venezuela no está exento de riesgos. Delcy Rodríguez, pese a su reciente rol negociador, tiene un pasado ligado a la represión y al aparato de inteligencia del SEBIN. Su papel en la transición genera dudas sobre las verdaderas intenciones detrás de sus acciones. Aun así, la liberación de cientos de prisioneros políticos y la apertura al diálogo con Washington son señales alentadoras de un posible nuevo comienzo.
La política exterior de Trump en su segundo mandato
El enfoque de Donald Trump hacia Venezuela en su segundo mandato revela una estrategia de política exterior distinta. Lejos de las intervenciones militares o la reconstrucción nacional al estilo wilsoniano, Trump ha optado por una política de custodia. Este enfoque ha sido criticado por su lentitud y burocracia, pero responde a la necesidad de evitar que los ingresos petroleros vuelvan a alimentar la corrupción y el autoritarismo.
La izquierda internacional, que abogaba por permitir que Maduro continuara al frente para evitar el alza de los precios de la gasolina en California, enfrenta ahora la realidad de un cambio estructural en Venezuela. Aunque el futuro es incierto, la esperanza de un país más justo y democrático está presente en el horizonte.
El camino por delante es complejo y está lleno de desafíos, pero el desmantelamiento del último bastión del proyecto bolivariano en Caracas podría ser el primer paso hacia un futuro más prometedor para Venezuela y la región.