La caída del imperio criminal del uruguayo Sebastián Marset ha dejado un vacío de poder que se está llenando con sangre en las calles de Santa Cruz. A pocas semanas de la captura de Marset, ocurrida el pasado 13 de marzo, la Policía de Bolivia ha confirmado que la organización se encuentra en un proceso de fragmentación violenta. La detención del líder no significó el fin de las operaciones, sino el inicio de una «pugna de poder» entre facciones que intentan heredar el control del tráfico de estupefacientes en la región.
El epicentro de esta crisis de seguridad es la ciudad de Santa Cruz, donde recientemente se han registrado ejecuciones con sello de sicariato. David Gómez, comandante departamental de la Policía, ha sido enfático al señalar que los últimos homicidios no son hechos aislados, sino ajustes de cuentas directos derivados del quiebre de la estructura jerárquica del narco uruguayo.
La fragmentación tras la captura de Marset
La hipótesis oficial sostiene que, al desaparecer la figura unificadora de Marset, los grupos operativos —integrados por diversas nacionalidades— han comenzado a eliminarse entre sí para tomar el mando. Este fin de semana, un ciudadano colombiano fue acribillado por dos sujetos en motocicleta al salir de un centro nocturno. Este ataque se suma a la detención de aproximadamente 30 personas vinculadas a la organización en los últimos días, entre los que se cuentan ciudadanos bolivianos, brasileños, colombianos y venezolanos.
La violencia no ha discriminado perfiles. Uno de los casos más impactantes ha sido el asesinato de un piloto de rally de 29 años. El deportista fue interceptado mientras se dirigía a una competencia; un sicario descargó 19 disparos contra su vehículo, impactando seis veces en su cuerpo. Según las investigaciones lideradas por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, el piloto tenía vínculos estrechos con la logística de la organización y se sospecha que cumplía funciones de transporte aéreo para el propio Marset.
Consecuencias de la purga interna en Santa Cruz
La desarticulación parcial de la banda tras la captura de Marset ha generado un efecto dominó de inestabilidad. La Policía boliviana advierte que la purga interna podría intensificarse en las próximas semanas conforme las autoridades logren más detenciones que delaten las rutas y activos de la organización. La presencia de diversas nacionalidades en la estructura criminal sugiere que el conflicto tiene ramificaciones que superan las fronteras bolivianas, involucrando intereses de carteles regionales.
La inseguridad en Santa Cruz ha escalado a niveles críticos, obligando a las fuerzas del orden a redoblar los patrullajes y las tareas de inteligencia. El desafío para el gobierno de Bolivia no solo radica en mantener detenido al narcotraficante uruguayo, sino en contener la ola de violencia que sus antiguos subordinados han desatado en un intento por no perder sus privilegios en el mercado ilícito sudamericano. El escenario actual refleja que, a pesar del éxito que significó la detención del líder, la estructura remanente sigue siendo capaz de sembrar el terror mediante ejecuciones quirúrgicas.