El Servicio de UTE atraviesa un período de contrastes en la percepción de sus clientes más críticos. Según los datos desagregados de la última evaluación realizada por la consultora brasileña Innovare Pesquisa, la satisfacción general entre los grandes consumidores alcanzó el 84,6% en 2026. Este guarismo representa un repunte frente al 81,8% del año anterior, aunque todavía se mantiene por debajo de los picos históricos registrados en el bienio 2022-2023, cuando la aprobación rozó el 89%.
A pesar de esta recuperación en la imagen global, el informe —contratado por la Comisión de Integración Energética Regional (CIER)— enciende alertas en indicadores operativos clave. La satisfacción con la calidad técnica del suministro, que incluye la estabilidad y la información al usuario, se situó en un 80,1%, lo que supone una caída de 1,3 puntos porcentuales. Esta dicotomía sugiere que, si bien la estatal mantiene una buena reputación institucional, el servicio diario enfrenta desafíos técnicos crecientes.
Luces y sombras en la estabilidad eléctrica
Uno de los puntos que genera mayor preocupación en el sector industrial y corporativo es la estabilidad del voltaje, cuya valoración descendió a un 82,3%. Es la primera vez en cinco años que se registra una baja en la agilidad para reanudar el servicio tras un corte, situándose en un 87,1%. Para las empresas que dependen de procesos automatizados, estas micro-variaciones o demoras en la respuesta pueden traducirse en pérdidas económicas significativas.
En la misma línea, la percepción sobre las interrupciones menores a tres minutos sufrió un deterioro considerable, cayendo al 77%. Sin embargo, el Servicio de UTE mostró su mejor cara en la gestión de cortes prolongados, alcanzando una aprobación récord del 89,5%. Esto indica que la estatal es sumamente eficiente ante grandes emergencias, pero muestra fisuras en el mantenimiento de la continuidad absoluta del suministro «minuto a minuto».
El bache en la atención al cliente y la comunicación
El área de atención al cliente es, quizás, donde se observa el retroceso más notorio. El índice global de este sector cayó a 81,2%, afectado principalmente por la falta de cumplimiento en los plazos de resolución de problemas. Los grandes consumidores demandan una facilidad de acceso y una rapidez que la estructura actual de la empresa parece estar procesando con dificultad.
Incluso la comunicación sobre cortes programados, un aspecto vital para la planificación industrial, registró una pérdida de cinco puntos en satisfacción en comparación con 2024. Aunque la precisión sobre cuándo volverá la luz ha mejorado, la notificación previa parece estar fallando, dejando a las empresas con menos margen de maniobra operativa.
Solidez financiera frente a exigencias de calidad
Este escenario se da en un contexto de bonanza financiera para la estatal. UTE y sus subsidiarias reportaron ganancias que superan los 340 millones de dólares, un músculo económico que, a juicio de los analistas, debería volcarse con mayor agresividad a la renovación de infraestructura y tecnología de red. El éxito en la inclusión social, con casi 100.000 viviendas regularizadas y un alto índice de pago, demuestra una capacidad de gestión social envidiable, pero la exigencia de los grandes clientes se mueve en el carril de la competitividad internacional.
De cara al futuro, el Servicio de UTE deberá equilibrar su rol social con las demandas de un mercado energético que tiende a la descarbonización y la digitalización. Los estándares internacionales exigen una comunicación en tiempo real y una estabilidad de red que no deje margen a errores, factores que serán determinantes para mantener la confianza del sector productivo nacional en los años venideros.