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Por qué el aumento del petróleo no golpeará fuerte a Argentina en mayo

El Brent superó los USD 107 y reavivó la tensión en el mercado energético, aunque analistas descartan por ahora un efecto fuerte sobre la inflación local.

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El aumento internacional del crudo volvió a generar tensión sobre los combustibles.
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La nueva escalada internacional del petróleo encendió alertas en los mercados y reabrió la discusión sobre posibles aumentos en combustibles. Sin embargo, economistas consideran que el avance del Brent no pondría en riesgo el proceso de desaceleración inflacionaria que comenzó en abril en la Argentina.

El barril de Brent, referencia clave para el mercado local, volvió a ubicarse por encima de los USD 107 tras varios días de fuerte volatilidad vinculada al conflicto en Medio Oriente. La incertidumbre geopolítica volvió a presionar sobre la energía y elevó las dudas sobre el impacto que podría tener en los precios internos.

La tensión internacional empieza a sentirse otra vez en los mercados energéticos.

El petróleo volvió a subir y el mercado sigue de cerca a YPF

La cotización del crudo retomó la tendencia alcista luego de que se enfriaran las expectativas de un entendimiento entre Estados Unidos e Irán. A eso se sumaron nuevos problemas logísticos en la región del estrecho de Ormuz y mayores restricciones operativas sobre puertos iraníes.

El resultado fue inmediato: el Brent trepó más de 3% en una sola jornada y se consolidó nuevamente por encima de los USD 100, un nivel que genera presión sobre países importadores y sobre los costos globales de energía.

En la Argentina, la atención se concentra ahora en la reacción de las petroleras y especialmente en YPF, luego del congelamiento parcial aplicado semanas atrás sobre los combustibles.

Aunque el esquema de precios ya no está completamente contenido, en el mercado descartan por ahora una corrección brusca en surtidores. La expectativa dominante es que cualquier actualización llegue de forma gradual.

Esa moderación es clave para sostener el proceso de desaceleración inflacionaria.

El impacto sobre la inflación sería limitado

Los aumentos en combustibles tuvieron un fuerte peso durante marzo, cuando la inflación mostró un rebote importante impulsado por tarifas y energía. Sin embargo, abril habría marcado un punto de inflexión.

Las estimaciones privadas indican que el índice nacional habría desacelerado de forma significativa, en línea con el dato registrado en la Ciudad de Buenos Aires, donde la inflación se ubicó cerca del 2,5%.

Ahora, la gran incógnita pasa por mayo.

Distintos economistas sostienen que, incluso con una suba parcial de la nafta, el impacto sobre el IPC sería acotado. La explicación principal es que el atraso relativo en combustibles todavía no sería lo suficientemente elevado como para justificar un ajuste agresivo.

Además, el Gobierno apuesta a que otros factores ayuden a contener la dinámica inflacionaria.

Los alimentos y el dólar, dos variables bajo control

Uno de los puntos que siguen de cerca las consultoras privadas es la evolución de los alimentos durante las primeras semanas de mayo. Hasta ahora, los relevamientos reflejan cierta estabilidad en productos básicos, algo que podría ayudar a sostener la desaceleración del índice general.

A eso se suma un tipo de cambio relativamente estable y una menor presión estacional respecto de meses anteriores.

En el mercado consideran que esas variables pesan más hoy sobre la inflación que un eventual ajuste moderado en combustibles.

La preocupación, de todos modos, no desaparece.

Porque si el petróleo internacional continúa escalando durante varias semanas, las petroleras podrían reclamar mayores actualizaciones para compensar costos y evitar un nuevo atraso.

El Gobierno apuesta a consolidar la desinflación

La baja de la inflación se transformó en uno de los principales objetivos económicos de la administración nacional. Después de varios meses de tensión sobre precios y salarios, el oficialismo busca consolidar una tendencia descendente que permita recuperar poder adquisitivo antes de la segunda mitad del año.

Las proyecciones privadas muestran cierta mejora, aunque todavía con cautela.

El último relevamiento de expectativas de mercado difundido por el Banco Central proyectó una inflación superior al 2% para mayo y estimó que el índice recién perforaría ese piso hacia agosto.

Aun así, el consenso de los analistas es que el proceso de desaceleración sigue vigente.

La tensión económica, sin embargo, continúa presente en distintos sectores.

Consumo débil y caída del salario real

Mientras la inflación comienza a desacelerarse, el consumo todavía muestra señales de debilidad. Las ventas en supermercados y comercios masivos continúan afectadas por la pérdida de ingresos reales acumulada en los últimos meses.

El deterioro se siente especialmente en trabajadores estatales, aunque también aparecen señales de agotamiento en parte del sector privado.

En paralelo, crece la preocupación por despidos en industrias y comercios vinculados al mercado interno.

Ese escenario explica por qué el Gobierno considera clave evitar un nuevo shock inflacionario ligado a combustibles o energía.

Por ahora, el salto del petróleo genera preocupación, pero no alcanza para alterar las proyecciones centrales del mercado. La expectativa dominante sigue siendo una inflación en descenso gradual durante los próximos meses, aun en medio de un escenario internacional más inestable.

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