PIT-CNT: el arte de arruinar una causa justa con ideología barata
La reciente jugada de la central sindical para este 8 de marzo es, sencillamente, un insulto a la inteligencia de las uruguayas. Bajo el lema de un «8M antiimperialista», la organización que agrupa a los gremios decidió que el Día de la Mujer no es para hablar de igualdad, sino para pasar el aviso de su agenda política internacional. Con una soberbia que asusta, la cúpula de la calle Jackson le cerró la puerta en la cara a miles de ciudadanas que no quieren saber nada con consignas setentistas ni con el catecismo militante del Frente Amplio.
Este intento de copamiento por parte de la organización obrera no es casualidad; es el manual de siempre: adueñarse de la masividad para validar discursos que no representan a nadie más que a ellos mismos. Al imponer que el feminismo debe ser «anticapitalista», los dirigentes están expulsando del movimiento a cualquier mujer emprendedora o independiente que no comulgue con su visión del mundo. Es el colmo de la contradicción: un grupo dirigido mayoritariamente por varones dándole clases de moral y política a las mujeres de todo el país.
El delirio de los dirigentes: ¿Qué tiene que ver el imperio con el 8M?
La proclama ideologizada que lanzaron es un mamarracho que mezcla peras con olmos. ¿A quién se le ocurre que para defender a una víctima de violencia doméstica en un barrio carenciado hay que hablar de «bloqueos económicos» o de «soberanía de los pueblos»? Para el aparato sindical, todo sirve si permite pegarle al gobierno o alinearse con regímenes autoritarios que ellos llaman «hermanos. Es una falta de respeto total hacia quienes sufren problemas reales y urgentes que nada tienen que ver con la geopolítica de manual.
[Image Alt: Gráfico que muestra la desconexión entre las necesidades reales de las mujeres y la proclama ideologizada de la central sindical.]
Mientras las cifras de femicidios nos rompen el alma, los muchachos de la central única se dedican a redactar manifiestos soviéticos. Como bien denunció Valeria Ripoll, el objetivo es claro: marcar territorio y transformar una marcha ciudadana en un comité de base gigante. Están usando el dolor y la movilización como un botín de guerra partidario, dejando los verdaderos reclamos de género en un segundo plano absoluto.
Valeria Ripoll y las voces que no se dejan arrear por la militancia partidaria
Por suerte, el feminismo de clase que quieren imponer no pasó desapercibido y la resistencia fue inmediata. Referentes políticas de todos los colores se plantaron contra este atropello. No se puede permitir que un evento que debería ser unitario termine siendo un acto de nicho para las que repiten el discurso oficialista del sindicato. La bronca es generalizada porque se siente el olor a naftalina de una dirigencia que se quedó anclada en la Guerra Fría mientras el mundo y las mujeres avanzaron hacia otro lado.
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Exclusión descarada: Si no sos «anti», para la central sindical no sos mujer ni sos trabajadora.
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Oportunismo político: Usan el 8 de marzo para inflar el pecho frente a sus patrones electorales.
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División social: Lograron que el único día de unión sea ahora un campo de batalla ideológico.
Esta insistencia en «ideologizar» hasta el aire que respiramos es lo que está destruyendo la credibilidad de la organización gremial. Ya no convencen a nadie fuera de su círculo íntimo. La realidad de las uruguayas —la inseguridad, la falta de empleo y la desigualdad real— pesa mucho más que cualquier eslogan cocinado en una oficina sindical entre cuatro paredes y mucho humo.
Conclusión: El portazo que el PIT-CNT se merece por su soberbia
Para cerrar, hay que ser tajantes: la libertad de las mujeres empieza por no dejarse tutelar por comisarios políticos disfrazados de defensores del pueblo. El PIT-CNT demostró una vez más que su prioridad no es la trabajadora, sino su propia cuota de poder y su alineación partidaria. Es hora de que el ajuste de cuentas con la realidad lo haga la dirigencia, dejando de usar las causas sociales como un escudo para su ineficiencia.
El 8 de marzo le pertenece a la gente, no a una central sindical que perdió el rumbo y la vergüenza. Si quieren hacer actos antiimperialistas, que los hagan en su sede, pero que dejen de ensuciar una lucha que es de todas. Al final del día, la prepotencia de la cúpula gremial es el mejor recordatorio de por qué cada vez más uruguayos les dan la espalda.