Hay edificios que pesan más que sus piedras, y el Palacio Legislativo es, sin duda, el alma de mármol de nuestra democracia. A las puertas de su centenario, la estructura vuelve a ser el epicentro de un temblor, pero esta vez no es sísmico, sino político. El presidente Yamandú Orsi, con una franqueza que descolocó a más de uno, admitió su asombro ante la virulencia de los cuestionamientos que despertó la iniciativa de reforma impulsada por la vicepresidenta Carolina Cosse. Para Orsi, que no oculta su nostalgia por la gestión urbana, la idea de «humanizar» el acceso a la casa de las leyes no debería ser motivo de trinchera.
La apuesta de Orsi por la reforma del Palacio Legislativo
El proyecto no es menor. Se trata de un edificio anexo de 2.600 metros cuadrados que pretende sacar de las naves históricas las oficinas, bibliotecas y archivos para darles un espacio funcional. Pero el punto que realmente «sedujo» al mandatario —y que levanta ampollas en la oposición— es el carácter social de la obra: un hogar estudiantil, un centro CAIF y hasta un vacunatorio conviviendo con la burocracia parlamentaria. Orsi, hablando desde ese «plan de exintendente» que parece llevar tatuado, pidió más material a Cosse para analizar la viabilidad de cambiar una realidad física que hoy siente árida y distante.
La crítica de la oposición, sin embargo, no apunta solo a los ladrillos, sino al momento y al gasto. El jueves 14 de mayo, la Comisión Administrativa del Parlamento será el escenario donde la estética se cruzará con la fiscalidad. Allí se verá si el «vínculo más humano» que busca el presidente es capaz de sobrevivir al filtro de un Legislativo que hoy luce dividido por la sombra de una nueva construcción en sus jardines.
San Pablo y el rumbo de la billetera regional
Mientras en Montevideo se discute por el metro cuadrado de oficina, el presidente tiene la mirada puesta en el GPS comercial. Su reciente viaje a San Pablo no fue un protocolo más; fue una misión de desembarco en la ciudad que, como él mismo recordó citando a Mujica, «marca el rumbo». Invitado por el grupo JHSF, Orsi regresó con promesas de inversiones que podrían cambiar la temperatura económica de varios departamentos del interior.
El mandatario detalló que el interés brasileño no es una fantasía de futuro, sino una realidad palpable. Desde la compra y ampliación del hotel Enjoy en Punta del Este —con una inyección prevista de US$ 400 millones— hasta el avance del grupo MBRF en el frigorífico de Tacuarembó, los capitales norteños están tomando posiciones estratégicas. Orsi destacó incluso la minería y la logística en altamar, señalando que la costa uruguaya debe estar a la altura para recibir esas cargas en «mejores condiciones».
Crítica a la diplomacia del gesto
La visita al portaaviones de Estados Unidos y este viaje privado a Brasil han generado un ruido de fondo que el presidente intenta apagar con pragmatismo. Orsi sostiene que a Uruguay le «convenía aceptar» estas invitaciones, entendiendo que la soberanía también se defiende asegurando que el país sea un destino atractivo para el PBI más grande de América del Sur. En su visión, San Pablo está «bastante más cerca» de lo que las fronteras geográficas sugieren, y la «nueva fase» comercial con Brasil es, para el gobierno, una necesidad de supervivencia económica que trasciende cualquier color partidario.