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“No puede tener más dilaciones”: Familiares convocó a la Marcha del Silencio con un reclamo al presidente

La Marcha del Silencio en Montevideo vuelve a exigir respuestas sobre desaparecidos de la dictadura; familias claman por acceso a los archivos militares.

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La organización social reclama voluntad política para exigir datos precisos a las dependencias militares.
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En Montevideo, el aire se cargará de un silencio ensordecedor este 20 de mayo.

Desde 1996, esta fecha marca un ritual de memoria y reclamo en el corazón de Uruguay: la Marcha del Silencio.

Este año, la tensión política sube un escalón mientras los familiares de desaparecidos exigen al presidente Yamandú Orsi una respuesta contundente.

Familiares claman por justicia

En una conferencia de prensa cargada de emociones, Alba González, madre de Rafael Lezama, desaparecido durante la dictadura, alzó la voz con determinación.

“La orden a las Fuerzas Armadas no puede tener más dilaciones”, declaró con firmeza frente a un auditorio expectante.

La frustración es palpable. Los archivos que podrían arrojar luz sobre el destino de sus seres queridos permanecen dispersos, ocultos.

El eco de sus palabras resuena en una sala colmada de rostros que llevan décadas buscando respuestas.

Entre ellos, se encuentra Ignacio Errandonea, hijo de otro desaparecido, quien recuerda cómo hace años, siendo apenas un niño, escuchaba a su madre llorar en silencio.

Con cada archivo no encontrado, se siente como si estuvieran más lejos de encontrar la paz.

Un reclamo sin respuestas

“Los archivos siguen dispersos y muchos de ellos ocultos”, leyó González, recordando la necesidad de una política integral de búsqueda.

Cada año, la esperanza renace y se apaga con la misma rapidez, dejando a las familias en un limbo constante.

Han pasado décadas, gobiernos, comisiones y promesas, pero la verdad sigue siendo esquiva.

Las calles de Montevideo serán testigo, una vez más, de esta búsqueda incansable.

María, otra madre de un desaparecido, comenta que colocó una foto de su hijo en el balcón de su casa, como un recordatorio constante de su ausencia.

El peso de los años sin respuestas se refleja en cada arruga de su rostro, pero su determinación no ha disminuido.

Impacto social y memoria colectiva

El 20 de mayo no es solo una fecha en el calendario uruguayo.

Es un día para recordar a Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, asesinados en 1976.

La marcha no es solo un acto de memoria; es un grito de justicia que resuena en cada rincón del país.

Las esquinas de Rivera y Jackson serán el punto de partida de esta conmovedora manifestación.

En los barrios de Montevideo, los vecinos discuten el significado de esta marcha en las plazas y mercados, compartiendo historias de aquellos días oscuros.

En cada esquina, las conversaciones giran en torno a un mismo deseo: que las nuevas generaciones nunca olviden.

El papel de las Fuerzas Armadas

Los familiares no solo buscan recordar, sino también exigir responsabilidades.

“El compromiso debe ser total e inequívoco”, insistió González, subrayando la necesidad de involucrar a todo el Estado en la búsqueda de la verdad.

En los almacenes, en las ferias y hasta en los grupos de WhatsApp, la conversación gira en torno a la misma pregunta: ¿dónde están?

La presión sobre las Fuerzas Armadas aumenta, y la mirada está puesta en el presidente Orsi para que tome una acción decisiva.

En medio de este clima de espera y desesperación, la Marcha del Silencio se perfila no solo como un recordatorio del pasado, sino como un llamado urgente a la acción.

Las familias han perdido más que a sus seres queridos; han perdido años de tranquilidad, y cada aniversario de la marcha reabre heridas que nunca sanaron por completo.

El recuerdo de los desaparecidos no solo vive en sus familias, sino también en las generaciones más jóvenes que crecen con la historia de sus abuelos y padres.

Esperanza y futuro

Sin embargo, en medio de la tristeza, surge una chispa de esperanza.

Los jóvenes, quienes no vivieron la dictadura, se suman a la marcha, demostrando que la memoria sigue viva y que las nuevas generaciones están dispuestas a continuar la lucha por la verdad.

Camila, una estudiante de historia, comenta que para ella participar en la marcha es una forma de honrar la memoria de aquellos que nunca conoció, pero cuya ausencia siente en cada relato de su abuela.

La Marcha del Silencio se convierte así en un puente entre el pasado y el presente, uniendo a diferentes generaciones en la búsqueda de justicia.

En la noche del 20 de mayo, las calles de Montevideo no estarán solo llenas de silencio, sino de un clamor por la justicia que se niega a morir.

Este año, además de las antorchas y pancartas, la tecnología juega un papel crucial.

Las redes sociales amplifican el mensaje, permitiendo que el reclamo traspase fronteras y se escuche en cada rincón del mundo.

Los videos de la marcha, compartidos por miles, muestran no solo la magnitud del evento, sino también la unidad de un pueblo que se niega a olvidar.

En cada imagen, en cada rostro, se refleja la fuerza de una comunidad que, a pesar de las adversidades, sigue adelante.

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