La brújula del MEF: eficiencia, realismo fiscal y el foco en lo urgente
La gestión económica en Uruguay ha entrado en una fase de definiciones pragmáticas donde el margen de error es mínimo. Las recientes declaraciones del ministro Gabriel Oddone han servido para trazar una línea divisoria entre el deseo político y la viabilidad financiera. En un encuentro con la prensa este sábado, el jerarca fue contundente al establecer las prioridades de Gabriel Oddone para el resto del período: cada peso invertido debe tener como destino la infancia, la adolescencia y la seguridad ciudadana.
El descarte de la remodelación parlamentaria en tiempos de austeridad
La propuesta de Carolina Cosse para intervenir el entorno del Palacio Legislativo con motivo de su centenario —que incluye edificios polifuncionales y áreas verdes— parece no haber encontrado eco en la cartera de Economía. Oddone fue explícito al señalar que, si bien el Parlamento es autónomo en su presupuesto, desde una mirada de planificación estatal benevolente, él no ejecutaría dicha obra en este momento debido a la restricción fiscal imperante.
El ministro subrayó que el gasto público debe entenderse como un equilibrio político delicado. Para la conducción actual del MEF, destinar recursos a infraestructura edilicia institucional cuando existen necesidades insatisfechas en la primera infancia sería un error estratégico. Esta postura marca una dirección clara hacia una economía con rostro social, donde se busca corregir la desigualdad desde sus etapas más tempranas.
Proyecciones económicas y el desafío del crecimiento
El panorama macroeconómico también fue objeto de análisis. El gobierno ha ajustado sus expectativas de crecimiento para el año 2026, situándolas en un 1,6%, una cifra más conservadora que el 2,2% proyectado anteriormente. Este ajuste responde a una actitud de «precaución» que el equipo económico mantiene de cara a la próxima Rendición de Cuentas y a la planificación de los años 2027 y 2028.
Ante las críticas de consultoras privadas y entidades financieras internacionales sobre el rumbo de la economía, Oddone mantuvo una postura firme: «Una cosa es opinar, otra cosa es gobernar. Aseguró que el gobierno permanece vigilante y que, pese a la incertidumbre internacional, los mercados mantienen la tranquilidad respecto a la solvencia uruguaya. El ministro también reconoció que las expectativas de negocios han mostrado un deterioro, lo cual atribuyó a factores externos y al debate local sobre la estructura tributaria.
Inversiones y política impositiva: sin cambios en el horizonte
En materia de incentivos para el desarrollo, Oddone se refirió a proyectos de gran escala, como el de HIF Global, señalando que el Estado está dispuesto a ceder lo necesario para atraer inversiones, siempre que esto no genere un descalabro fiscal ni desigualdades con otros sectores. No obstante, fue tajante al descartar nuevas modificaciones en la carga impositiva para lo que resta de la administración, dejando la discusión del IVA personalizado para el futuro.
En definitiva, las prioridades de Gabriel Oddone consolidan un modelo de gestión que prioriza el capital humano y la contención social sobre la inversión en ladrillos. En un Uruguay que, según sus palabras, está «lleno de gente pidiendo ayuda que no la necesita», el MEF ha decidido cerrar el puño del gasto no esencial para abrirlo allí donde la vulnerabilidad es real y urgente.