En una travesía cargada de dolor y determinación, doña Vilma Espinoza y su hija Mariuris Merlo han cruzado la frontera hacia Costa Rica.
Su misión es clara: exigir justicia por el femicidio de Junieysis Adely Merlo y recuperar la custodia de las gemelas de dos años.
El viaje de la esperanza y el dolor
Desde su hogar en San Juan de Río Coco, Nicaragua, doña Vilma emprendió un viaje de más de 650 kilómetros.
Guiada por una promesa hecha a su hija fallecida, busca que el crimen no quede impune.
El cuerpo de Junieysis, una joven tiktoker, fue hallado en Santa Ana, Costa Rica, el 9 de abril, enterrado clandestinamente.
Su expareja, el principal sospechoso, está bajo prisión preventiva, pero la familia siente que la justicia aún no ha llegado.
El camino de Nicaragua a Costa Rica no fue fácil. Doña Vilma relata cómo la incertidumbre se mezcla con el cansancio físico.
“Cada kilómetro recorrido era una mezcla de tristeza y esperanza. Imaginaba el rostro de mis nietas a cada paso”, confesó.
El desgaste físico es secundario ante la carga emocional que llevan consigo, una mochila invisible pero pesada.
La lucha por la custodia de las gemelas
En Costa Rica, las gemelas están bajo el cuidado del Patronato Nacional de la Infancia (PANI).
Doña Vilma, que solo ha visto a sus nietas por videollamadas, ahora enfrenta la burocracia para traerlas a Nicaragua.
En cada declaración, la madre de Junieysis expresa la urgencia de tener a las niñas en un ambiente familiar seguro.
“No es justo que crezcan lejos de su familia, necesitan el amor y cuidado que solo nosotros podemos darles”, afirmó con voz quebrada.
El proceso legal es complejo, y las noches en San José se llenan de papeles y reuniones con abogados.
El desgaste emocional es evidente, pero la esperanza de ver a las gemelas correr por su casa en Nicaragua les da fuerzas.
Las palabras de doña Vilma resuenan en cada rincón de la pequeña habitación que ahora llaman hogar.
El miedo y la incertidumbre en tierras extranjeras
La situación de la familia Merlo en Costa Rica no está exenta de temor.
El entorno de violencia machista que rodea el caso genera un estado de alerta constante.
Han solicitado protección a las autoridades locales, temiendo por su seguridad personal.
“Cada vez que salimos a la calle, miramos a nuestro alrededor, siempre hay un temor latente”, explicó Mariuris.
La incertidumbre se extiende también a la duración de su estancia en Costa Rica.
Los trámites pueden alargarse, y el costo emocional y económico se hace pesado.
En el pequeño apartamento que han alquilado, los días pasan lentamente.
Las paredes blancas, desprovistas de decoración, reflejan la austeridad de su situación actual.
Sin embargo, es aquí donde planean su estrategia legal y emocional para recuperar a las gemelas.
Un llamado a la sensibilidad de género
La familia ha hecho un llamado público a las autoridades costarricenses, buscando que el dolor maternal sea comprendido.
Esperan que las figuras del gobierno agilicen los trámites necesarios para la custodia de las niñas.
Doña Vilma, en su dolor, apela a la comprensión y acción de quienes tienen el poder de decisión.
“No buscamos favores, sino justicia y el derecho de mis nietas a crecer con su familia”, expresó.
La historia de Junieysis y su familia resuena en los corazones de quienes conocen su tragedia.
En cada rincón de San José, la noticia ha generado empatía y solidaridad.
Vecinos del barrio donde se alojan temporalmente les han ofrecido apoyo y compañía.
“No estamos solos, y eso nos da fuerzas para seguir adelante”, dijo Mariuris con gratitud.
Las noches en San José son largas y frías, pero la calidez de quienes se han acercado a ofrecer ayuda es un bálsamo inesperado.
El eco de las risas de las niñas es casi audible para doña Vilma en sus sueños, un recordatorio constante de por qué están luchando.
En las tiendas de la zona, los comerciantes ya reconocen a las dos mujeres nicaragüenses que buscan justicia.
“Es admirable lo que están haciendo, no cualquiera tendría ese valor”, comentó un vecino mientras hacía fila en la panadería local.
La historia de Junieysis se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la violencia de género, trascendiendo fronteras.
“Cada día es un paso más hacia nuestro objetivo. No vamos a parar hasta lograrlo”, concluyó Mariuris, con la determinación brillando en sus ojos.