El clima en el acto central por el Día del Ejército Nacional no fue uno más de protocolo y desfile. En los corrillos políticos y entre las filas de uniformados que se desplegaron para la ceremonia, las palabras del comandante en jefe, Mario Stevenazzi, resonaron con el peso de un posicionamiento firme e institucional. En su discurso, el jerarca militar lanzó una fuerte réplica hacia aquellos sectores que, según sus palabras, mantienen un relato crítico y destructivo sobre el rol de las Fuerzas Armadas en el Uruguay actual.
Stevenazzi no utilizó eufemismos para describir lo que considera una campaña de desprestigio sostenida en el tiempo. Frente a autoridades de gobierno, legisladores y delegaciones diplomáticas, el general de ejército cuestionó con dureza la «mirada sesgada» de quienes intentan «estigmatizar al soldado» o «desmerecer» de forma constante las tareas que desempeña la fuerza en todo el territorio nacional.
Un reclamo por el reconocimiento del personal subalterno
El eje de la argumentación del comandante se centró en la brecha que, a su entender, existe entre la percepción de ciertos ámbitos de discusión pública y la realidad diaria que viven los efectivos en los cuarteles y en las misiones operativas. La vida del soldado uruguayo, marcada históricamente por salarios sumergidos y una fuerte carga horaria, fue puesta sobre la mesa como un argumento de peso contra las críticas abstractas.
En las misiones de paz en el extranjero, en el patrullaje de la frontera seca y fluvial bajo la Ley de Fronteras, o en el apoyo logístico ante emergencias climáticas e inundaciones que golpean cíclicamente al país, el personal militar suele ser el primer recurso disponible del Estado. Para Stevenazzi, ignorar este despliegue o reducir la función del soldado a debates ideológicos del pasado reciente constituye una injusticia histórica y operativa que afecta la moral de los efectivos más jóvenes.
La crítica del comandante apunta de forma directa a los discursos que reflotan lógicas de confrontación y que, desde su punto de vista, no logran aggiornarse a las demandas de una fuerza de defensa moderna e integrada a la sociedad civil.
El rol fronterizo y el desgaste de la fuerza
Otro de los puntos álgidos de la alocución tuvo que ver con las exigencias operativas actuales. Desde la implementación de los controles fronterizos obligatorios, el Ejército Nacional ha tenido que multiplicar sus esfuerzos logísticos y de personal sin un incremento proporcional de sus recursos estructurales. Los puestos de control en rutas nacionales y los patrullajes nocturnos en el norte del país representan hoy una de las principales tareas de la fuerza terrestre.
Stevenazzi enfatizó que estas misiones, lejos de ser accesorias, resultan vitales para la soberanía y la seguridad interna del Uruguay, combatiendo el contrabando, el narcotráfico y el ingreso ilegal de mercaderías o personas. Desmerecer este esfuerzo, argumentó el jerarca, es dar la espalda a una realidad que las poblaciones del interior profundo —donde el cuartel suele ser además un motor económico y social clave— entienden y valoran de primera mano.
El discurso de este aniversario deja en claro que la comandancia del Ejército no está dispuesta a mantener un perfil bajo frente a los cuestionamientos políticos y busca reposicionar la figura del soldado como un servidor público esencial, intentando blindar a la fuerza de los vaivenes del debate electoral y las disputas partidarias.