En un movimiento que marca un hito en su industria de defensa, Brasil entregó esta semana su primer lote de misiles antitanque fabricados localmente. Este avance se enmarca en un contexto de creciente tensión militar en la frontera con Venezuela, según explicó el analista internacional Andrei Serbin Pont. En su columna para el equipo de Infobae al Mediodía, Serbin Pont, junto a Maru Duffard, Jimena Grandinetti, Fede Mayol y Facundo Kablan, detalló las décadas de desafíos industriales, crisis económicas y escándalos políticos que Brasil ha enfrentado para lograr este objetivo.
Una inversión estratégica en defensa
La decisión de Brasil de potenciar sus capacidades de defensa se vio impulsada por el temor a una posible incursión venezolana a través del territorio guyanés. “El ejército estaba convencido de que había chances de que Venezuela decidiera anexar ese territorio guyanés y lo hiciera a través de territorio brasileño”, explicó Serbin Pont. Ante esta amenaza, se evidenció la necesidad de contar con armamento avanzado para contrarrestar el poderío militar venezolano, rico en tanques y artillería.
Este contexto llevó a las fuerzas armadas a evaluar diversas opciones tecnológicas, incluyendo alternativas internacionales como los misiles Spike. Sin embargo, Brasil había estado trabajando en el desarrollo propio de misiles antitanque durante treinta años, lo que finalmente ha dado sus frutos.
Un recorrido lleno de obstáculos
El camino hacia la producción nacional de misiles no estuvo exento de dificultades. La industria local tuvo que enfrentar la quiebra de Engesa, un fabricante de vehículos blindados, y el escándalo Odebrecht, que ralentizó el avance del proyecto, ya que Mectron, la empresa detrás del desarrollo del misil, estaba controlada por Odebrecht.
La llegada de capitales de Emiratos Árabes Unidos fue crucial para reactivar la producción, permitiendo la entrega de 120 misiles antitanque al ejército brasileño este mes. Esta inyección de recursos resultó ser el empujón necesario para superar los obstáculos financieros y logísticos que habían paralizado el proyecto durante años.
El largo camino desde OTO Melara a SIATT
Serbin Pont reconstruyó la historia del proyecto, que se remonta a los años noventa con un intento fallido de la italiana OTO Melara. En su búsqueda de socios internacionales, Engesa se unió al esfuerzo, intentando desarrollar el misil antitanque. Sin embargo, el progreso fue lento: no fue hasta 1996 que se firmó un contrato por cuarenta prototipos, y el primer prototipo fue probado en 2004.
La crisis económica y la corrupción entorpecieron el avance, llevando a la transferencia del proyecto a SIATT en 2017. Aunque la situación seguía siendo complicada, el aporte de capital extranjero permitió que años después se iniciara la producción.
La geopolítica impulsa el desarrollo tecnológico
Las tensiones geopolíticas en la región obligaron a Brasil a tomar medidas para proteger su frontera norte, consolidando así un esfuerzo de treinta años para desarrollar esta tecnología. Este desarrollo contrasta con el estancamiento de la industria de defensa argentina, como señaló Serbin Pont. “Estos son los desafíos que enfrentamos cuando hablamos de la industria nacional. A veces, los proyectos caen y los ingenieros migran, perdiendo no solo empresas, sino valiosos recursos humanos capacitados”, afirmó.
Hace cincuenta años, Brasil miraba con envidia la industria de defensa argentina. Hoy, sin embargo, es Brasil el que se posiciona como un referente en la región, gracias a su perseverancia y a la inversión en tecnologías de defensa propias.