En un contexto de creciente preocupación internacional, Argentina se encuentra en una encrucijada crítica para asegurar la continuidad de sus exportaciones de soja hacia Europa, luego de que se detectaran cargamentos con presencia de material genéticamente modificado no aprobado. Este hallazgo podría desencadenar rechazos generalizados de uno de los productos de exportación más valiosos del país.
El presidente de la cámara de la industria aceitera y exportadora de Argentina, Ciara-Cec, Gustavo Idigoras, reveló en una entrevista que tanto los agricultores como las plantas procesadoras están tomando medidas adicionales para aislar la variedad de soja resistente a la sequía conocida como HB4 del resto de la cosecha. Aunque esta variedad, desarrollada por Bioceres Crop Solutions, cuenta con aprobación en Argentina y China, carece de autorización en la Unión Europea, lo que genera tensiones en el mercado.
Rechazos en Europa y la respuesta argentina
El problema salió a la luz cuando Países Bajos rechazó recientemente cargamentos de harina de soja argentina tras detectar la presencia de la variedad HB4 en los análisis. A pesar de que hasta ahora es el único país de la UE en tomar tal medida, Países Bajos es considerado una puerta de entrada clave al bloque europeo.
Idigoras indicó que muchos importadores europeos están actualmente en un estado de alarma. Ciara-Cec, que representa a gigantes del comercio agrícola mundial en Argentina como Cargill, Bunge Global y Cofco International, está trabajando arduamente para revertir la situación.
La importancia económica de las exportaciones de soja para Argentina es inmensa. En 2025, se estimó que generaron más de USD 18.000 millones. El presidente argentino, Javier Milei, enfrenta la presión de obtener ingresos similares este año para reconstruir las reservas del banco central y demostrar a los acreedores internacionales que el país puede cumplir con sus obligaciones de deuda.
Medidas de contención y el futuro de HB4
El episodio de la HB4 coincide con la implementación provisional de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, un tratado que tomó 25 años en concretarse y que aún está bajo revisión por el máximo tribunal europeo. Este contexto añade una capa adicional de complejidad a la situación comercial de la soja argentina.
Para evitar mayores complicaciones, la industria argentina ha decidido colocar la cosecha de HB4 bajo una especie de cuarentena. Estamos trabajando con nuestra autoridad de seguridad alimentaria para garantizar que haya un traslado directo desde todos los campos, todos los camiones, hacia un solo puerto sin instalaciones de molienda para evitar cualquier problema de contaminación», explicó Idigoras.
Además, se han geolocalizado todas las áreas sembradas con soja HB4. «Tenemos que convencer a los importadores y a la Comisión Europea de que estamos haciendo un muy buen trabajo para lograr cero HB4», agregó Idigoras, subrayando que el desafío es significativo.
En Argentina, solo unas pocas miles de hectáreas están sembradas con HB4, ya que la variedad aún está en fase de desarrollo y no en plena comercialización. Sin embargo, la amenaza de contaminación podría afectar la totalidad de los 17 millones de hectáreas de soja del país, especialmente dado que la UE compra cerca de una cuarta parte de su harina.
Plan de contingencia y búsqueda de mercados alternativos
El plan actual es enviar la cosecha aislada de HB4 sin procesar a China, donde la variedad está aprobada. Paralelamente, el gobierno argentino y los exportadores de soja están presionando a la UE para que permita cierto nivel de tolerancia en los controles, incluso si la solicitud de presencia de bajo nivel de Bioceres aún no ha sido aprobada por Bruselas.
Idigoras concluyó que, si Argentina no logra convencer a la UE de que sus cargamentos cumplen con las normas, buscaría redirigirlos a otros destinos, posiblemente en Asia, «pero a un buen precio.