Reforma laboral en Diputados: el oficialismo resiste los embates y busca la sanción
La jornada en el Congreso argentino arrancó con los tapones de punta. La reforma laboral en Diputados se convirtió en el escenario de una batalla política donde cada voto vale oro. El oficialismo, junto a sus aliados, logró desactivar una bomba que intentó plantar el kirchnerismo: un movimiento de pinzas para hacer caer la sesión por falta de cuórum que, finalmente, no prosperó.
En un clima de tensión constante, la discusión sobre la modernización laboral avanza entre chicanas y discursos encendidos. Mientras afuera el ruido político crece, adentro las calculadoras no paran de sumar voluntades para blindar un proyecto que ya viene con el empujón del Senado.
El fracaso del quórum y la contraofensiva oficialista
El momento de mayor dramatismo se vivió cuando la oposición intentó aprovechar los asientos vacíos para mandar el proyecto de vuelta a comisión. Sin embargo, el oficialismo reaccionó rápido, recuperó el número y metió una moción de orden para acelerar la votación.
La reforma laboral en Diputados no es solo un trámite; es la segunda gran prueba de fuego para el Gobierno en lo que va del año. La presencia de Karina Milei y Manuel Adorni en los palcos dejó claro que para la Casa Rosada no hay margen de error. Vinieron a «marcar la cancha» y a asegurarse de que nadie se de vuelta a último momento.
Discursos cruzados y el fantasma del retroceso
Desde la vereda de enfrente, las críticas no tardaron en llover. Figuras como Nicolás Massot y Hugo Yasky pegaron duro, asegurando que la ley busca una «flexibilización» que atrasa décadas. Por su parte, la diputada Kelly Olmos apeló a la mística peronista cantando en pleno recinto, vinculando la ley con una pérdida de derechos de los trabajadores.
El oficialismo argumenta: Que es necesario bajar la litigiosidad y las cargas patronales para que las Pymes vuelvan a contratar.
La oposición sostiene: Que se están destruyendo conquistas históricas en nombre de una libertad que solo beneficia a los «tiburones» del mercado.
Dato clave: La iniciativa ya cuenta con 42 votos a favor cosechados en la Cámara Alta, lo que pone a la reforma laboral en Diputados en una posición de ventaja relativa para su aprobación final.
Lo que falta para la votación final
Con la lista de oradores todavía caliente, se espera que la votación sea entrada la madrugada. Los puntos más picantes, como el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y la eliminación de ciertos regímenes de licencias, siguen siendo el hueso duro de roer en el debate de la modernización laboral.
Si el proyecto obtiene la media sanción con los cambios introducidos, deberá volver al Senado. La moneda está en el aire, pero el oficialismo confía en que tiene los números para sacarlo adelante, pese a la resistencia de un bloque de Unión por la Patria que no da el brazo a torcer.
El nudo de la cuestión: las Pymes y el empleo formal
Uno de los argumentos que más resuena en los pasillos del Congreso es la situación asfixiante de las pequeñas y medianas empresas. Quienes defienden que la reforma laboral en Diputados es urgente, sostienen que el sistema actual es una «fábrica de fundir negocios». La industria del juicio es el gran fantasma que recorre el recinto: el oficialismo busca limitar las multas por falta de registro, alegando que esto, lejos de fomentar la informalidad, permitirá que muchos empleadores se animen a blanquear a su personal sin miedo a que un error administrativo los deje en la calle.
Sin embargo, para los sectores más duros de la oposición, este planteo es un espejismo. Argumentan que reducir las sanciones a los empresarios que no registran debidamente a sus trabajadores es, en la práctica, una invitación a la precarización. «Están premiando al que no cumple», se escuchó gritar desde las bancas de Unión por la Patria en medio de un clima que por momentos rozó el descontrol.
El impacto en el bolsillo y la seguridad jurídica
La modernización laboral que se discute no solo toca el tema de las contrataciones, sino también la estabilidad del sistema. El Fondo de Asistencia Laboral (FAL), inspirado en el modelo de la construcción (UOCRA), es quizás el punto más revolucionario y polémico. La idea es que el trabajador vaya armando su propio «seguro» de desempleo, lo que en teoría eliminaría las indemnizaciones millonarias que hoy terminan en litigios eternos.
Este cambio de paradigma genera dudas incluso en los bloques dialoguistas. Algunos diputados se preguntan si este fondo será suficiente para cubrir al trabajador en un contexto de inflación persistente o si, por el contrario, terminará licuando el poder adquisitivo de quienes pierden su puesto. La reforma laboral en Diputados se juega en estos detalles técnicos que, aunque parezcan aburridos, son los que le van a cambiar el día a día a millones de argentinos.
La pulseada por los derechos adquiridos
Mientras la sesión en vivo sigue su curso, el concepto de «justicia social» está bajo la lupa. El oficialismo insiste en que no hay mayor injusticia que el 50% de la fuerza laboral esté en negro, sin aportes ni cobertura médica. Para el Gobierno, la reforma laboral en Diputados es la única llave para abrir un mercado que está cerrado hace más de una década.
Del otro lado, el bloque sindical presiona desde las gradas y las redes. No solo está en juego la caja de los sindicatos con la cuota solidaria, sino la estructura misma del poder gremial en Argentina. La tensión es total porque se sabe que, si esta ley pasa el filtro de la Cámara Baja, el escenario para los conflictos colectivos de trabajo va a cambiar sus reglas de juego para siempre.
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