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Lacalle Herrera y una autocrítica con nombre propio
El análisis de los resultados electorales sigue generando movimientos de tierra en el Directorio del Partido Nacional. En una reciente entrevista concedida a VTV, el expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera se alejó de los eufemismos para desgranar lo que, a su juicio, fueron los errores tácticos que condujeron a la derrota del Partido Nacional frente al Frente Amplio. Con la autoridad que le confiere su trayectoria, el líder herrerista señaló que, si bien la autocrítica es necesaria, el proceso se ha dilatado más de lo conveniente para la salud de la colectividad.
Uno de los puntos más álgidos de sus declaraciones fue el cuestionamiento directo a la conformación de la fórmula presidencial encabezada por Álvaro Delgado. Según Lacalle Herrera, el traspié de los blancos en las elecciones encuentra una explicación parcial en lo que calificó como una «equivocada elección» de la compañera de fórmula, en clara alusión a Valeria Ripoll. Esta mención no es menor, ya que desde la misma noche de las internas blancas, la figura de la exdirigente sindical generó resistencias en los sectores más tradicionales del partido de Oribe.
La falta de distinción frente al Frente Amplio
Para el expresidente, el problema no fue exclusivamente de nombres, sino de identidad política y estrategia de comunicación. En su visión, el golpe electoral al Partido Nacional se vio favorecida por una campaña en la cual no hubo una «distinción» clara respecto a la propuesta de la coalición de izquierda. Lacalle Herrera enfatizó la necesidad de que los blancos se presenten ante la ciudadanía como «lo otro», rescatando las banderas históricas de un Estado dimensionado, amigo de la inversión y una política internacional con marcado acento nacionalista.
Este reclamo por la falta de diferenciación ideológica caló hondo en la interna herrerista, donde se siente que el partido se «licuó» en un discurso centrista que no logró entusiasmar a la base electoral más firme. El fracaso político de los nacionalistas es vista, bajo este prisma, como una oportunidad para redefinir el perfil de la Coalición Republicana y evitar que los límites entre los bloques se vuelvan difusos para el votante promedio que busca un cambio real o una defensa sólida del modelo vigente.
Reformas pendientes y el futuro de la coalición
Más allá de los nombres y la campaña, Lacalle Herrera puso sobre la mesa temas de fondo que, según su entender, influyeron en el clima social previo a el batacazo contra el Partido Nacional. Mencionó la imperiosa necesidad de modificar el Código del Proceso Penal, señalando que la normativa actual representa «un ataque a las libertades». Este punto es central en su análisis, sugiriendo que el descontento con ciertos aspectos del sistema de justicia y la seguridad también jugaron su papel en el desenlace de los comicios nacionales.
Hacia adelante, el expresidente vislumbra que «el gran tema» para evitar que se repita la derrota del Partido Nacional es la consolidación de la Coalición Republicana como un partido político de hecho. Esta idea, que viene ganando adeptos en diversos sectores de los partidos tradicionales, busca unificar esfuerzos y presentar una estructura sólida frente al bloque del Frente Amplio. Para Lacalle Herrera, el camino de la unión es el único posible para recuperar el gobierno, pero siempre manteniendo la esencia que diferencia a los blancos de sus adversarios históricos.
Un proceso de autocrítica que debe cerrarse
El cierre de su intervención dejó una sensación de urgencia. Si bien reconoció que el análisis post-electoral se hizo, también advirtió que extenderlo demasiado puede ser contraproducente para la moral partidaria. El revés electoral del Partido Nacional debe servir como un aprendizaje rápido para rearmar las filas de cara a los desafíos departamentales y al próximo ciclo electoral. Las palabras del expresidente funcionan como un llamado al orden y a la reflexión sobre qué tipo de partido quieren ser los blancos en el siglo veintiuno.
La figura de Valeria Ripoll seguirá siendo, seguramente, el epicentro de muchos debates internos en los meses venideros. Mientras algunos defienden la apertura del partido hacia nuevos sectores sociales, voces como la de Lacalle Herrera advierten sobre el costo político de estas apuestas cuando no están respaldadas por una coherencia doctrinaria clara. La derrota del Partido Nacional ha dejado heridas abiertas que solo el tiempo, y quizás un cambio de estrategia, podrán empezar a sanar en una colectividad que ya piensa en su regreso al poder.
¿Podrá el Partido Nacional recuperar su identidad histórica sin fracturar la unidad necesaria que exige la actual Coalición Republicana?