Cártel de los Soles: este nombre ya no representa solo una sospecha periodística, sino que se ha consolidado como el eje central de una investigación quirúrgica llevada adelante por la justicia de los Estados Unidos. El reciente expediente judicial, un documento que supera las mil fojas de evidencia, no deja margen para interpretaciones livianas ni defensas ideológicas. Lo que la fiscalía neoyorquina describe no es un simple caso de corrupción administrativa, sino la captura absoluta de un Estado por parte de una organización criminal de alcance transnacional.
La investigación detalla cómo la cúpula del régimen venezolano transformó las instituciones, las Fuerzas Armadas y hasta la propia diplomacia en engranajes operativos del Cártel de los Soles. No fue un proceso fortuito ni una degradación accidental de las funciones públicas; fue un plan estratégico diseñado para poner el territorio venezolano al servicio del narcotráfico a gran escala. Desde Uruguay, donde la expansión de grupos como el Tren de Aragua ya genera una preocupación latente en el Ministerio del Interior, este proceso judicial se sigue con atención especial debido a las ramificaciones que estas redes proyectan sobre todo el Cono Sur.
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La logística militar al servicio del Cártel de los Soles
Uno de los puntos más escabrosos que revela el expediente es la utilización de la infraestructura de defensa nacional para fines ilícitos. La organización de los Soles operaba con una impunidad garantizada por los más altos mandos militares. Hangares oficiales convertidos en zonas liberadas, vuelos de aeronaves del Estado que despegaban sin ningún tipo de control de radar y camiones militares cargados con pasta base atravesando las rutas venezolanas son solo algunas de las escenas descritas con precisión por testigos protegidos y agentes de inteligencia.

El Cártel de los Soles utilizaba el territorio venezolano como plataforma de salida hacia el norte
El uso de los recursos públicos no se limitó al territorio terrestre. La diplomacia venezolana, bajo la batuta de figuras que hoy ocupan la primera línea del poder, habría sido degradada a una oficina de trámites para el crimen. El expediente señala que la red de los Soles gestionó la venta de pasaportes diplomáticos a narcotraficantes de diversas nacionalidades, permitiéndoles cruzar fronteras con inmunidad y lavar dinero bajo el amparo de valijas diplomáticas que nunca eran revisadas. Esta degradación institucional transformó las embajadas en nodos de una red de contrabando global.
Alianzas estratégicas del Cártel de los Soles con guerrillas
La causa judicial que se ventilará en Nueva York a partir de marzo expone una sociedad de conveniencia con los grupos armados más violentos de la región. El grupo de los Soles no trabajaba de forma aislada; estableció vínculos operativos con las FARC, el ELN y carteles mexicanos como Sinaloa y Los Zetas. Estas organizaciones encontraban en Venezuela no solo un refugio seguro frente a la presión internacional, sino también una plataforma logística que incluía protección militar y financiamiento directo desde las arcas públicas.

Mil fojas de investigación exponen la operatoria sistemática del Cártel de los Soles.
Lo que resulta verdaderamente inquietante es la proyección de estas actividades hacia el futuro inmediato. El documento judicial detalla reuniones de coordinación criminal que tenían como horizonte el año 2026, lo que demuestra que la estructura de los Soles funcionaba con la mentalidad de una corporación moderna, planificando rutas de salida y garantías de protección a largo plazo. La familia presidencial tampoco queda fuera del radar: Cilia Flores y Nicolás Maduro Guerra aparecen mencionados como piezas clave en la logística del narcotráfico desde puntos estratégicos como la isla de Margarita.
El juicio en Nueva York y el impacto en la región
El inicio del juicio marcará un punto de inflexión para la política latinoamericana. Ya no se trata de retórica política en foros internacionales, sino de pruebas judiciales que vinculan a la llamada red de los Soles con toneladas de cocaína enviadas a Estados Unidos y Europa. Para las democracias regionales, el caso venezolano sirve como una advertencia brutal sobre los riesgos de la permeabilidad de las instituciones ante el dinero sucio del tráfico de drogas. En Uruguay, la presencia de células del Tren de Aragua —grupo que el expediente vincula con la logística del cartel— obliga a las autoridades a mirar con lupa estas conexiones transnacionales.

Agencias internacionales siguen el rastro del dinero lavado por el Cártel de los Soles.
La esperanza de los sectores democráticos reside en que el peso de la ley sea capaz de romper los pactos de silencio que han sostenido esta estructura durante décadas. El cartel de los Soles representa el nivel más alto de degradación al que puede llegar un gobierno: cuando el administrador se convierte en el gerente de un cartel. El proceso judicial que se avecina promete revelar todavía más nombres y conexiones que podrían comprometer a otros actores políticos de la región que, por acción u omisión, permitieron que esta estructura criminal creciera sin control.
¿Será capaz la justicia internacional de desmantelar finalmente la red del Cártel de los Soles, o estamos ante una hidra de mil cabezas cuya influencia ha penetrado ya de forma irreversible en las instituciones de todo el continente?