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Chubut enfrenta la peor tragedia ambiental por los feroces incendios en la Patagonia

El fuego avanza sin control en Chubut y ya hay más de 3.000 evacuados. Los incendios en la Patagonia fueron calificados como intencionales hoy.

por Helen CartwrightHelen Cartwright
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Incendios en la Patagonia: el término se queda corto para describir el dantesco escenario que atraviesa la provincia de Chubut en este arranque de 2026. Lo que comenzó como un foco ígneo el pasado 5 de enero se ha transformado, en palabras de las autoridades locales, en la peor tragedia ambiental de los últimos veinte años. La combinación letal de una sequía histórica, temperaturas que rozan los 30 grados y ráfagas de viento incontrolables ha generado un frente de fuego que avanza sin tregua hacia las zonas pobladas, dejando a su paso un rastro de cenizas y desesperación.

La magnitud de estos incendios en la Patagonia obligó a las autoridades a ordenar la evacuación total de la localidad de Epuyén y a declarar el alerta máxima en El Maitén. Con más de 3.000 personas desplazadas de sus hogares en pocos días, la infraestructura regional está al límite de sus capacidades. El secretario de Bosques de Chubut, Abel Nievas, fue tajante al señalar que la voracidad de las llamas ha superado cualquier previsión, mientras los brigadistas de todo el país se suman a una lucha que, por momentos, parece desigual ante la fuerza de la naturaleza.

La intencionalidad detrás de los incendios en la Patagonia

A medida que el humo se disipa, surge la cara más oscura de esta catástrofe: la sospecha firme de que el fuego no fue un accidente. La fiscal general Débora Barrionuevo confirmó que los peritajes iniciales detectaron la presencia de acelerantes en el foco original, ubicado a unos 300 metros de un camino vecinal en Puerto Patriada. Esta evidencia de combustible apunta a que los incendios en la Patagonia fueron iniciados de forma premeditada, en un sector alejado de viviendas y rutas transitadas, buscando maximizar el daño estructural y ambiental.

El Gobierno nacional no ha dudado en vincular este desastre con grupos radicalizados que operan en la zona. Mientras la justicia intenta determinar si se utilizó nafta, gasoil o aceite para encender la mecha, la tensión social crece en una región que ya ha sufrido embates similares en el pasado. La intencionalidad en los incendios en la Patagonia añade una capa de indignación a la tragedia, transformando un desastre natural en un caso criminal de dimensiones federales que pone en jaque la seguridad de las comunidades cordilleranas.

Desafíos operativos ante los incendios en la Patagonia

El combate contra las llamas se ha visto entorpecido por fenómenos climáticos adversos, como la inversión térmica que mantuvo una densa columna de humo sobre el incendio, impidiendo la operación de los medios aéreos. El Boeing 737 Fireliner, capaz de descargar 15.000 litros de agua, apenas pudo realizar un lanzamiento antes de que la visibilidad fuera nula. Estos contratiempos son moneda corriente en los incendios en la Patagonia, donde la geografía accidentada y los vientos cambiantes juegan siempre a favor del fuego y en contra de los exhaustos brigadistas.

En paralelo, el Parque Nacional Los Alerces enfrenta su propio calvario. Un siniestro que se creía contenido en diciembre se reactivó con una furia renovada, obligando a Parques Nacionales a cambiar la estrategia: ya no se busca detener el avance del fuego en las zonas de reserva, sino proteger a toda costa la vida de los pobladores y la infraestructura turística. Los incendios en la Patagonia están redefiniendo las prioridades de emergencia, enfocando todos los recursos disponibles en evitar que las llamas devoren los complejos de cabañas y las viviendas de Buenos Aires Chico y El Coihue.

El futuro de los bosques tras los incendios en la Patagonia

La recuperación de estos ecosistemas será una tarea de generaciones. La pérdida de vegetación autóctona y bosques implantados es total en las zonas más calientes del conflicto. Aunque se esperan precipitaciones para mediados de la semana próxima, los expertos advierten que el daño ya es irreversible para la biodiversidad local. Los incendios en la Patagonia no solo destruyen árboles; liquidan el hábitat de especies protegidas y alteran el ciclo hídrico de una región que ya sufre por la falta de agua, creando un círculo vicioso de desertificación y vulnerabilidad.

La solidaridad nacional se ha hecho sentir con el envío de combatientes desde los parques Nahuel Huapi y Lanín, pero la solución de fondo parece esquiva. Mientras el cerro El Huemul en El Chaltén también arde, queda claro que la protección de nuestros recursos naturales requiere de algo más que aviones hidrantes; se necesita una política de prevención y vigilancia criminal que impida que unos pocos quemen el futuro de todos. Los incendios en la Patagonia son una herida abierta en el corazón de la zona sur, una que sangrará por mucho tiempo después de que la última llama se apague.

¿Cuánto más estamos dispuestos a tolerar que la impunidad de unos pocos y la falta de presupuesto en prevención conviertan a nuestros bosques nativos en un combustible recurrente cada verano?

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