La pólvora todavía se siente en el aire de Caracas tras un operativo que cambió la historia política del continente. En medio del caos generado por la captura de Nicolás Maduro, el testimonio de los militares venezolanos que estuvieron en el frente de batalla empieza a armar el rompecabezas de lo que fue una madrugada de fuego y metralla. Desde las inmediaciones de la base aérea de La Carlota y la UNEFA, los uniformados relataron cómo se vivió el asedio de las fuerzas especiales estadounidenses y los motivos que los llevaron a resistir hasta las últimas consecuencias.
Para muchos de estos militares venezolanos, la prioridad absoluta fue evitar que las unidades de élite norteamericanas lograran hacer pie en las instalaciones estratégicas. «Ellos atacaron y, en el momento en que querían estacionarse en nuestra unidad, no lo íbamos a permitir», relató uno de los efectivos, todavía convaleciente por las heridas recibidas durante la incursión. Según su versión, la orden fue clara: abrir fuego para impedir que los helicópteros completaran el desembarco, una acción que forzó a las aeronaves a retomar altura y retirarse momentáneamente del lugar.

El asalto a la UNEFA y la resistencia de los militares venezolanos
El relato de los sobrevivientes es estremecedor y refleja la magnitud de la potencia de fuego utilizada. Los militares venezolanos apostados cerca de La Carlota describieron una atmósfera dominada por explosiones y un silbido constante de proyectiles que les impedía incluso escuchar el motor de las aeronaves. Cuando salí corriendo, saqué mis dos mecanismos de lanzamiento y, cuando me los monté en el hombro, cayó una cosa al lado; ahí salí volando con el soldado», narró un uniformado que resultó herido de gravedad por la onda expansiva.
A pesar de las bajas y de la superioridad tecnológica de los atacantes, el sentimiento que prima entre los militares venezolanos es de un orgullo férreo, casi místico. «Aquí estamos, con un brazo menos, pero no importa: rodilla en tierra para defender la patria», afirmó uno de los combatientes, utilizando la icónica frase del chavismo para simbolizar la resistencia. Esta postura refleja una doctrina militar que, lejos de desmoronarse tras la captura de su comandante en jefe, parece haberse abroquelado en un nacionalismo defensivo frente a lo que consideran una ocupación extranjera.

La respuesta de los militares venezolanos ante las advertencias de Trump
La retórica de Washington, encabezada por Donald Trump, sobre una administración provisional en Venezuela no ha caído nada bien en los cuarteles. Los militares venezolanos entrevistados fueron tajantes al rechazar cualquier intento de gobierno foráneo, apelando a la herencia histórica de Simón Bolívar. «Gobernar no, ¿para qué? Nosotros somos libres», sentenció uno de los oficiales, dejando claro que el ejército —o al menos las facciones que permanecen leales— no aceptará órdenes de un interventor externo sin dar pelea.
En el Río de la Plata, el análisis de estos testimonios genera una mezcla de asombro y preocupación por la posible radicalización de los remanentes del ejército. Los militares venezolanos se identifican a sí mismos como «hijos de Bolívar y Chávez», una amalgama ideológica que los mantiene firmes en sus posiciones a pesar de las esquirlas y la destrucción de sus unidades. La determinación de quedarse en sus puestos de combate, incluso estando heridos, muestra una resiliencia que podría complicar cualquier plan de transición pacífica que intente imponer la Casa Blanca.

Secuelas y heridas de guerra en los militares venezolanos
El panorama sanitario para los combatientes es complejo, con heridas que van desde amputaciones traumáticas hasta esquirlas incrustadas en las extremidades. Muchos de estos militares venezolanos fueron trasladados a centros asistenciales bajo estricta vigilancia, pero su discurso no ha cambiado: «Estoy firme, firme más que nunca», repiten ante las cámaras. La destrucción de la infraestructura militar, como la caja y las instalaciones de la UNEFA, es vista por ellos no como una derrota, sino como el costo necesario de una defensa que consideran heroica.

Mientras el mundo observa las imágenes de Maduro en una cárcel de Brooklyn, el foco en Caracas se desplaza hacia estos focos de resistencia que todavía quedan en las unidades militares distribuidas por todo el país. Los militares venezolanos insisten en que están distribuidos estratégicamente y que cualquier intento de «estacionarse» en sus bases será respondido con fuego. El conflicto, por lo tanto, parece lejos de una resolución administrativa sencilla, ya que el factor humano y la formación ideológica de los uniformados presentan un obstáculo que las bombas no pudieron borrar.
¿Podrá la nueva administración provisional de Venezuela desactivar esta lealtad de los militares venezolanos mediante la negociación, o la doctrina de «rodilla en tierra» llevará al país a una guerra de guerrillas urbana?
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