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Daniel Monzón dirige 'Ruega por nosotras', película sobre el Patronato de Protección a la Mujer, destacando la opresión femenina durante el franquismo.

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Daniel Monzón presenta 'Ruega por nosotras', explorando la opresión de mujeres en el franquismo, con estreno previsto para el 6 de noviembre.

El descubrimiento del pasado y la motivación personal de Daniel Monzón

La historia de Ruega por nosotras llegó a manos de Daniel Monzón (1968, Palma) de manera casual, cuando hace varios años leyó un artículo sobre el Patronato de Protección a la Mujer. «Me sorprende que una realidad como aquella haya podido permanecer oculta durante tanto tiempo y de forma tan interesada», afirmó en una entrevista para SensaCine durante el Festival de Cine de San Sebastián.

La incredulidad que le provocó el artículo despertó su curiosidad y le llevó a investigar más. Junto a su coguionista Jorge Guerricaechevarría, encontró documentales y tesis sobre el tema, pero lo que realmente le marcó fue el trabajo de la escritora, investigadora y activista Consuelo García del Cid. En su libro Ruega por nosotras, García del Cid relata su propia experiencia como una de las niñas que sufrió en carne propia los horrores del Patronato, una institución que fue utilizada durante la dictadura franquista para encerrar y adoctrinar a mujeres que no se ajustaban a los estándares morales del régimen, hasta alcanzar su mayoría de edad. Estas instalaciones, en su mayoría gestionadas por órdenes religiosas, ocultaban una realidad terrible.

Una historia que debía salir a la luz

«Era algo que había que sacar a la luz», asegura Monzón. «Como cineasta, mi mejor manera de contribuir era a través de una película». Durante años, el director ponderó diferentes enfoques y tonos para contar esta historia. También estuvo motivado por su propia familia: su hija, que pronto cumplirá 20 años, le inspiraba a evitar que algo así pudiera volver a suceder. «Siento que esta película se la debo a mi hija», confiesa. «Todo eso proviene de un sustrato que todavía subsiste en nuestro país y que, si se dan las circunstancias, puede volver a emerger».

Obstáculos y resiliencia en la realización de la película

Desde que empezó a trabajar en Ruega por nosotras en 2020, Monzón enfrentó múltiples dificultades, incluyendo problemas financieros y la resistencia de algunas agencias y productores que no querían apoyar la historia. Sin embargo, su compromiso persistió. «He seguido luchando por hacerla», afirma. «Su estreno, previsto para el 6 de noviembre, llega en un momento en el que considero especialmente importante recordarnos hechos que ocurrieron no hace tanto tiempo».

El director explica que, aunque la película aborda épocas como el franquismo, la Transición y los primeros años de la democracia, su foco principal está en mostrar cómo un sistema pretendía someter y deshumanizar a las mujeres, considerando su despertar sexual, su rebeldía y su condición femenina como motivos de pecado y castigo. La historia se desarrolla principalmente entre 1974 y 1979, en el contexto de la Transición Española, reflejando la persistencia de estos centros en esa etapa postdictatorial.

Contar el horror sin caer en el morbo: un enfoque delicado

Uno de los aspectos más complejos en la realización de la película fue evitar convertirla en una sucesión de escenas de horror gratuitas. Monzón optó por centrarse en la tortura psicológica y en las estrategias de manipulación, más que en los abusos físicos explícitos. «De cómo conseguían que aquellas chicas se sintieran una mierda, que pensaran que no valían para nada, que eran pecadoras y culpables. La culpa cristiana, el ‘por mi culpa, por mi culpa’, jugaban con ellas hasta extremos dramáticos», explica.

En su enfoque, la historia intenta transmitir la dignidad de las víctimas, destacando la amistad y la sororidad que las unía como un elemento de esperanza en medio de la opresión. «¿Qué conservan aquellas mujeres de toda esa etapa, además del dolor y la angustia? La amistad, la sororidad. Solo se tenían las unas a las otras», comenta Monzón.

Las protagonistas, Zoe Bonafonte y Manuela Calle, no conocían previamente la historia ni la realidad del Patronato, por lo que investigaron para construir sus personajes con el mayor rigor posible. La actriz Zoe Bonafonte, que interpreta a Ana, una joven de familia adinerada vinculada al régimen, relata que el proceso de preparación incluyó experimentar en primera persona las condiciones de los centros, como aprender cómo las monjas obligaban a las internas a fregar el suelo en posturas dolorosas o cómo debían comportarse y rezar constantemente.

El impacto emocional y el compromiso de las actrices

Para las actrices, la experiencia fue emocionalmente intensa. Bonafonte recuerda que incluso tuvo que grabar en ocasiones sin voz, ya que le detectaron nódulos que le impedían hablar. «Tuve que comunicame escribiendo en una pizarra, porque no podía hablar casi en todo el rodaje». La actriz también decidió no hablar con víctimas reales del Patronato antes de interpretar su papel, para no cargar sus emociones con la historia real y mantener la frescura del compromiso actoral.

Por su parte, Calle, que encarna a Sole, una joven sin familia que vive en la calle, señala que el proceso fue muy envolvente; tenían que recrear esa realidad repetitiva y dolorosa, lo que a veces las llevó a sentirse muy próximas a sus personajes, incluso llevándolas a la fatiga física y emocional.

Ambas actrices consideran que el proyecto no solo es un relato, sino también un documento histórico con la responsabilidad de reflejar con fidelidad esa parte de la historia reciente de España. Bonafonte, de hecho, lleva tatuado en el pie un «por nosotras», símbolo de su compromiso y empatía con las víctimas.

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