El fútbol mexicano está de luto tras la muerte de Carlos Albert Llorente, exjugador y excomentarista deportivo, quien falleció ayer a la edad de 83 años. La partida de Llorente ha conmovido a la comunidad deportiva nacional, que recuerda su trayectoria y su lucha incansable por los derechos de los jugadores.
Una carrera marcada por la defensa de los derechos del jugador
Carlos Albert fue un destacado exseleccionado nacional que dividía opiniones por su estilo franco y directo, considerado por algunos como visceral, dogmático y cercano al exabrupto. Sin embargo, quienes le apoyaban valoraban en él una voz necesaria dentro del fútbol mexicano, por su valentía para abordar temas difíciles y por su actitud de confrontación frente a las injusticias que afectaban al deporte.
Entre los temas que propició debatir se encontraban la corrupción en el fútbol mexicano, los pactos de caballeros, la pobreza futbolística y el comportamiento de los directivos. Sus cuestionamientos no solo alcanzaron a los propietarios de los clubes y a los entrenadores de la selección nacional, sino que además incidieron en aspectos estructurales del deporte en México.
Impulsor de una reforma laboral en el fútbol mexicano
En 1971, en un contexto en el que la Ley Federal del Trabajo fue reformada para incluir reglas específicas para los deportistas profesionales, Carlos Albert, en ese entonces defensor del Necaxa, alzó la voz en contra de contratos que colocaban a los jugadores en desventaja frente a los clubes. Uno de los principales conflictos era el llamado “pacto de caballeros”, una práctica que permitía a los dueños de los equipos mantener control sobre el futuro laboral de un futbolista incluso después de que finalizaba su contrato.
Motivado por esta situación, Albert promovió la creación de un sindicato independiente de jugadores. El proyecto logró reunir a más de 300 futbolistas de distintas categorías y obtuvo un reconocimiento inicial, con la intención de que los jugadores pudieran negociar colectivamente sus condiciones laborales, defender su derecho a cambiar de club y poner límites a las decisiones unilaterales de los dirigentes.
El intento de organización y su rechazo por parte de los dirigentes
Según testimonios de Albert y de otros participantes de aquella época, los dirigentes del fútbol mexicano parecieron aceptar la propuesta en un principio. Tras una reunión, incluso, se realizó un brindis con champaña que parecía ratificar el acuerdo. Sin embargo, esta aparente aceptación fue solo una maniobra: al salir, algunos de los directivos habrían advertido a los futbolistas que no confiaran en lo pactado.
El movimiento por la organización de los jugadores enfrentó fuertes presiones, amenazas y divisiones internas entre los propios futbolistas. Carlos Albert dejó el Necaxa y, según se reporta, habría sido objeto de un veto que limitó su continuidad en el fútbol profesional. Además, varios de sus aliados tuvieron que buscar oportunidades en ligas menores o sufrieron pérdidas económicas significativas. Este episodio evidencia la resistencia de los dueños del fútbol mexicano a permitir una verdadera organización laboral de los jugadores, una lucha que Albert no solo llevó adelante en su etapa como deportista sino también en su trabajo como comentarista deportivo, convirtiéndose en una voz crítica contra el sistema.
La muerte de Carlos Albert Llorente representa la pérdida de un pionero en la lucha por los derechos de los futbolistas en México y una figura que dejó una huella imborrable en la historia del deporte nacional.





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